¿Con qué objetivo inviertes?

Muchos inversores no saben que hacer. En este artículo voy a tratar de explicar en qué momento se debe comprar y vender cuando se utiliza un análisis fundamental

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¿Ha invertido usted alguna vez en una empresa pensando permanecer años en el accionariado y al final ha vendido al poco tiempo por otros motivos? Revisando a posteriori las decisiones tomadas, ¿se arrepiente de la compra o de la venta?

Algo que admiro de quienes invierten siguiendo el análisis técnico, aunque no comparta sus tesis de inversión, es que normalmente cumplen con su estrategia inicial. Tienen predefinidos unos precios de entrada, de salida y de cierre de pérdidas (stop loss) que suelen respetar durante su inversión. Es decir, siguen un método más ordenado, más científico, a la hora de comprar y vender.

Sin embargo, entre inversores que se califican como fundamentales, es habitual encontrar a muchos perdidos sin saber qué hacer. No tienen claro cuándo comprar, cuándo vender, ni cuánto tiempo permanecer invertidos. En este artículo voy a tratar de explicar en qué momento se debe comprar y vender cuando se utiliza un análisis fundamental para seleccionar las inversiones.

Todo depende del objetivo con el que se invierta. No vale la respuesta simple de “ganar dinero”, seamos serios. Tiene que haber un motivo por el cual esperemos un resultado positivo, y es la naturaleza de ese motivo el que determinará hasta cuándo deberemos permanecer invertidos.

En función del método de estudio de las compañías existen varios tipos de análisis fundamental. Cada uno de ellos persigue un objetivo diferente y de ellos dependen los momentos de entrada, salida y permanencia en las compañías. Veamos ejemplos:

Si se realiza un análisis enfocado a predecir los resultados del trimestre o del ejercicio en curso o siguiente, se deberá vender tras la publicación de dichos resultados, bien sea con beneficios o pérdidas.

Si se invierte por el mal momento de ciclo de un sector, se debe vender cuando mejore el ciclo de dicho sector.

Si se realiza un análisis con la vista puesta en un evento corporativo (fusión, reestructuración, etc), se deberá vender cuando este hecho se materialice.

Si se realiza un análisis de la valoración y se invierte en una compañía porque está “barata”, se deberá vender cuando la cotización alcance un precio que deje de ser barato.

Si se invierte porque consideramos que un modelo de negocio es bueno, se deberá vender cuando deje de serlo. Es decir, cuando comience a perder sus ventajas competitivas por la aparición de competidores con mejores modelos de negocio o por cambios en los comportamientos de los clientes.

Si se invierte porque confiamos en la dirección de una compañía, deberemos desinvertir cuando dejemos de confiar en ellos, por cambios de personas o en la alineación de intereses de entre directivos y accionistas.

En conclusión, cada objetivo de inversión debe tener su momento de venta bien definido, aunque desconozcamos cuándo se va a producir en el tiempo. Con esto claro parece sencillo seguir el plan marcado. No obstante, mientras estemos invertidos seguramente aparecerán distracciones (crisis, períodos de expansión, cambios de gobierno, tensiones geopolíticas, cambios en la política monetaria, etc) que nos influirán. Debemos ser sensibles a ellas solamente en la medida que afecten a nuestra estrategia. Si tras dichos cambios externos seguimos esperando lo mismo (buenos resultados, una mejora del ciclo, una apreciación tras la acción corporativa, que la empresa se revalorice porque sigue barata, que las ventajas competitivas se mantengan o seguimos confiando en la dirección) deberemos mantener las inversiones.

Rumbo Inversor
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