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Por esto cree Putin que tiene derecho a invadir Ucrania
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Ramón González Férriz

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Por esto cree Putin que tiene derecho a invadir Ucrania

Los acontecimientos actuales se entienden mejor si se lee un largo artículo del presidente de Rusia sobre la relación entre los dos países vecinos, que él considera "un solo pueblo"

Foto: Vladimir Putin en una comparecencia reciente. (Reuters/Metzel)
Vladimir Putin en una comparecencia reciente. (Reuters/Metzel)

En los últimos días, la cuenta oficial de Ucrania en Twitter puso en circulación un meme que parecía referirse a la sintomatología del dolor de cabeza, pero que era en realidad un amargo chiste geopolítico. En él, se mostraba con dibujos que, cuando tienes un episodio de migraña, te duelen los ojos y la frente. Cuando es hipertensión, te duelen la nuca y la coronilla. Cuando se trata de estrés, notas presión en las sienes. Cuando eres vecino de Rusia, sin embargo, te duele, siempre, toda la cabeza.

La broma aludía al hecho de que, según fuentes de inteligencia, Rusia ha desplegado decenas de miles de soldados y equipamiento cerca de su frontera con Ucrania para llevar a cabo una inminente invasión. Además, ha lanzado una campaña de desinformación en los medios estatales para explicar preventivamente que esa ocupación es, en realidad, una respuesta a las provocaciones de Estados Unidos, la OTAN y Occidente en general. Hay precedentes que hacen que la amenaza sea creíble: en 2014, soldados rusos sin identificar ayudaron a las regiones de Donetsk y Lushansk, en el este de Ucrania, a independizarse parcialmente del país y el Ejército ruso ocupó las instituciones de la península de Crimea y luego se la anexionó.

Foto: Un vendedor de camisetas con la cara de Putin en San Petersburgo el 31 de agosto de 2014, después de que estallara la guerra en el este de Ucrania. (Reuters)

Es dudoso que Putin se plantee invadir todo el país. Es probable que solo quiera llamar la atención de Estados Unidos y Europa. Si pretendía lo segundo, sin duda lo ha conseguido.

Se retoman las negociaciones

El pasado martes, Joe Biden y Vladimir Putin mantuvieron una reunión por videoconferencia. El presidente ruso no solo sostiene que Estados Unidos está armando fuertemente a Ucrania (lo cual es cierto), sino que la OTAN pretende que sea uno de sus países miembros (no lo es) para desplegar armamento que amenace a Rusia, y que eso justifica sus acciones preventivas. Biden le transmitió que, si ordenaba la invasión de Ucrania, Occidente, liderado por Estados Unidos, respondería con sanciones que estrangularían la economía rusa. El Gobierno estadounidense confirmó que su primera medida sería presionar a Alemania para que cancele el uso de Nord Stream 2, un gasoducto aún por estrenar que permitirá a Rusia hacer llegar gas a Europa sin pagar derechos de paso a Ucrania. Se ha especulado también con que Estados Unidos podría poner trabas a la conversión de rublos en dólares e, incluso, con la “opción nuclear”, que consistiría en expulsar al país del sistema de pagos SWIFT, lo que aislaría internacionalmente a sus bancos.

El largo artículo de Putin

Bien sea un farol para obtener concesiones o una amenaza real, lo cierto es que Putin está obsesionado con Ucrania. Antes del verano, escribió y publicó un largo artículo de 5.000 palabras en el que explicaba, aludiendo a razones históricas, geográficas y culturales, por qué Ucrania no tenía derecho a ser un país plenamente independiente, ni por supuesto a incorporarse definitivamente a Occidente, sino que debía asumir su ineludible cooperación con Rusia, o más bien su sumisión a esta.

Foto: Vladímir Putin, en una teleconferencia con su equipo de seguridad. (Reuters) Opinión

El ensayo está publicado en inglés en la página web de la presidencia de Rusia, y lleva por título “Sobre la unidad histórica de rusos y ucranianos”. Putin se remontaba nada menos que al siglo IX, cuando Kiev, la capital de la Ucrania actual, tenía una “posición dominante” en la antigua Rus, una unión de Estados de la que descenderían ucranianos, bielorrusos y rusos, que compartían la fe ortodoxa, la lengua (el ruso antiguo) y fuertes vínculos económicos. Putin hace un largo recorrido histórico desde tiempos medievales hasta la revolución bolchevique; de hecho, culpa a esta de separar a Ucrania de Rusia: “Los bolcheviques trataron al pueblo ruso como material inagotable para sus experimentos sociales. Soñaban con una revolución mundial que acabara con los Estados nacionales. Por eso, fueron tan generosos al trazar las fronteras y conceder regalos territoriales”. La consecuencia: “Se robó a Rusia” lo que era suyo.

Lo natural es que Ucrania le hubiera sido devuelta a Rusia tras la caída del Imperio soviético, dice Putin, pero esta se resignó a respetar la independencia ucraniana y, de hecho, “hemos dado un considerable apoyo a Ucrania”. Putin hace números y considera que, en la década de los 90 y los primeros 2000, Ucrania se ahorró más de 82.000 millones de dólares gracias a su cooperación con Rusia. Pero, en 2014, cuando el país intentó volverse hacia la Unión Europea, según Putin, inició su decadencia y, a pesar de los denodados esfuerzos rusos por mantener la cooperación, las nuevas autoridades de Kiev los rechazaron e iniciaron un proceso para “negar el pasado”. “Empezaron a mitificar y reescribir la historia, eliminaron todo lo que nos unía, y se refirieron al periodo en que Ucrania formaba parte del Imperio ruso y la Unión Soviética como una ocupación. La tragedia común de la colectivización y la hambruna de principios de la década de 1930 se retrataba como el genocidio del pueblo ucraniano”.

Foto: El alto representante junto al ministro ruso de Asuntos Exteriores, Sergei Lavrov. (EFE)

Tras este giro ideológico, sigue Putin, la UE y Estados Unidos han hecho todo lo posible para obligar a Ucrania a seguir rompiendo lazos con Rusia. Interfirieron en sus asuntos internos, alentaron la rusofobia y atacaron “todo aquello que nos unía”, empezando por la práctica eliminación del idioma ruso en la educación. Se trata de un “cambio de identidad impuesto” y eso es “comparable en sus consecuencias al uso contra nosotros de armas de destrucción masiva”, porque implica la desaparición de “cientos de miles o hasta millones” de miembros del pueblo ruso. Pero, más allá de lo económico y lo demográfico, “nuestra unidad espiritual también ha sido atacada”.

Putin acaba con un tono que mezcla conciliación y amenaza: “Estoy convencido de que la verdadera soberanía de Ucrania solo es posible en cooperación con Rusia. Nuestros vínculos espirituales, humanos y civilizatorios se formaron durante siglos y tienen las mismas fuentes… Somos un único pueblo. Hoy, puede que haya gente que perciba hostilidad en estas palabras. Se pueden interpretar de muchas maneras. Pero muchos me escucharán. Y diré una cosa: Rusia nunca ha sido ni será antiucraniana. Y que lo que Ucrania sea deben decidirlo sus ciudadanos”.

Foto: El Teniente General retirado Ben Hodges. (Reuters)

Sin embargo, unos cuantos miles de soldados rusos apostados en su frontera y la amenaza de una invasión, tal vez, espera Putin, les sugieran cuál es la decisión adecuada. O quizá solo sea el farol de un país que desde hace siglos, por seguir con los argumentos históricos de Putin, ha hecho del rencor hacia Occidente —y de provocar dolores de cabeza a sus vecinos— una de las líneas principales de su cultura y su política.

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