Cómo ganar prestigio en la academia odiándote a ti mismo
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Juan Soto Ivars

España is not Spain

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Cómo ganar prestigio en la academia odiándote a ti mismo

Se da por hecho que los estudiantes de otras razas viven angustiados en la maravilla de la cultura occidental y también que hay un racismo​ implícito en la selección de obras del canon y que es hora de cambiar

placeholder Foto: Instalación artística sobre Beethoven. (EFE)
Instalación artística sobre Beethoven. (EFE)

Leo en 'Nius Diario' que en Oxford se plantean cambiar los contenidos de los estudios de música clásica para atenuar el tufo blanco y colonial que, según ciertos académicos 'despertaos' (en inglés: 'woke'), contendrían las partituras de genios como Mozart, Beethoven o Schubert. La información viene del diario 'The Telegraph', que habría obtenido una documentación en la que distintos profesores afirman que el plan de estudios presenta un exceso de “música blanca europea de la época de la esclavitud”. Falta “jazz” y “hip-hop” porque tanta “blanquitud” provoca “gran angustia a los estudiantes de raza negra” (sic).

La cosa podrá cumplirse o no, pero la noticia no es rara en absoluto. Forma parte de la misma ola de revisionismo y ultracorrección que azota el mundo cultural estadounidense y europeo, en particular desde Black Lives Matter. Bebe por tanto de la misma fuente de la que las noticias surrealistas sobre la cancelación de traducciones de Amanda Gorman al holandés y al catalán debido a la raza (blanca) de los traductores, la del cambio de nombre de la Torre David Hume de la Universidad de Edimburgo por ciertas reflexiones racistas que el pensador habría dejado escritas en el siglo XVIII, o las de los cambios en planes de estudio en toda clase de facultades también por exceso de eurocentrismo y blanquitud.

Foto: Interior del Museo del Prado, en Madrid. (EFE) Opinión

Habrá quien diga que no está mal abrir los planes de estudio cultural, por ejemplo, a otras músicas del mundo, pero esta no es la actitud de los revisionistas. No es amplitud lo que venden, sino redención. En las propuestas de este corte siempre hay denuncia y dosis ineludibles de autoodio. La retórica de los promotores siempre me recuerda a la de aquellos blancos bien vestidos que besaban las botas de fornidos hombres negros en la calle durante las protestas de Black Lives Matter en 2020.

Se da por hecho (como si fuera cierto) que los estudiantes de otras razas viven angustiados en la maravilla de la cultura occidental (lean a Ayaan Hirsi Ali para saber qué siente realmente una somalí cuando estudia a Voltaire), y también que hay un racismo implícito en la selección de obras del canon y que es hora de cambiar. Siempre dan la hora los que tienen el reloj en la muñeca, claro, y jamás se anuncia el cambio como novedad, ni se ensalza lo que se pretende importar, sino que se echa mierda sobre lo que hay.

Foto: Escena de 'Lo que el viento se llevó' Opinión

El caso es que, leyendo estas noticias, estaba estaba yo pensando: ¡qué gran oportunidad representa esta óptica miope para los académicos mediocres! Nos encontramos ante la primera moda de las humanidades que ha conseguido acaparar titulares de prensa sin parar desde los tiempos en que Simone de Beauvoir, Michel Foucault y demás Ferraris del pensamiento posmoderno reinaban en Francia. Esta vez, el truco no consiste solamente en denunciar estructuras de poder invisibles e inapreciables con textos que nadie puede comprender si no ha ingresado en la secta, sino que es preciso difamar con palabras claras y contundentes, en todo momento y cualquier artículo, al enemigo público número uno de las humanidades progresistas: el hombre blanco heterosexual (HBH).

Ganar prestigio con este truco no exime de utilizar una retórica hermética, imprecisa y pedante, pero facilita las cosas. Podrás escribir textos sin el más mínimo sentido lógico siempre que no te alejes de los parámetros básicos de la actitud autoflagelatoria, a saber: si el autor no hizo profesión de fe o forma parte de cualquiera de los cánones establecidos hasta el momento, entonces su obra y su mirada son sospechosas. Tras una lectura diagonal podrás encontrar trazas de racismo, machismo, homofobia y transfobia en cualquier texto. No importará que estén presentes en cantidades homeopáticas o incluso inventadas, puesto que cuanto más inaudita sea tu denuncia más prestigio te proporcionará.

Esto te permitirá escalar a posiciones blindadas en muchas facultades de Humanidades. Señalar el infame rastro de miseria que ha dejado en la música o la literatura la obra de tipejos como Beethoven o Cervantes es sencillo. Basta leer cada poema, partitura o imagen con los ojos de un censor estalinista, y considerar “problemático” todo lo que cierto consenso anterior haya considerado excelso. Si, pongamos por caso, un autor del siglo XIX retrató a los negros de forma poco elogiosa, tendrás material para redactar 10 o 12 artículos académicos y enviarlos a publicaciones dominados por gente como tú, que cimentarán tu camino al éxito.

Foto: Beethoven

Partiendo de la base de que este movimiento sospecha del concepto de “genio” por encima de cualquier otra cosa (porque “genio” es una noción colonialista, blanca y machista) tu mediocridad intelectual jamás será un impedimento para convertirte en un reputado profesor e investigador. Te invitarán a congresos, pronunciarás conferencias en actos de clausura e inauguración, y darás clases magistrales en medio mundo ante estudiantes deseosos de encontrar razones para sentirse tan culpables como ungidos de piedad. De tarde en tarde, te llevarán como experto a programas de televisión y, en general, pocos osarán interponerse en tu camino ni criticar tus conclusiones, porque estarás del lado correcto de la historia. Así lo harás saber cada vez que hables.

La palabra “problemático” será, por cierto, tu mejor aliada: tu salvoconducto para huir en caso de las cosas se pongan feas. Ejemplo: podrás haber escrito 40 'papers' condenando la obra de un pintor que retrató a las mujeres gitanas con demasiados estereotipos, clamar contra las exposiciones de sus obras que no incluyen tus puntos de vista en sus catálogos, dar a entender en todo momento que la presencia de esos cuadros es, en sí misma, una agresión racista que hace el mundo peor, pero en el momento en que te acusen de hablar como un censor victoriano podrás decir, de forma tajante, que tú “problematizas”, no censuras.

¡Siempre habrá una puerta por la que escapar de tus propias palabras! Y, además, será fácil, porque no habrá quien las entienda...

Leo en 'Nius Diario' que en Oxford se plantean cambiar los contenidos de los estudios de música clásica para atenuar el tufo blanco y colonial que, según ciertos académicos 'despertaos' (en inglés: 'woke'), contendrían las partituras de genios como Mozart, Beethoven o Schubert. La información viene del diario 'The Telegraph', que habría obtenido una documentación en la que distintos profesores afirman que el plan de estudios presenta un exceso de “música blanca europea de la época de la esclavitud”. Falta “jazz” y “hip-hop” porque tanta “blanquitud” provoca “gran angustia a los estudiantes de raza negra” (sic).

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