Antonio Maestre y la pureza de la izquierda
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Juan Soto Ivars

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Antonio Maestre y la pureza de la izquierda

Según Maestre, la gente de izquierdas debe tener mucho cuidado con dejarse ver cerca de elementos fascista​s, hasta el punto de ir a promocionar sus libros en espacios limpios

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Antonio Maestre y Fernando Sánchez Dragó, en 'La Sexta noche'. (La Sexta)

Antonio Maestre señaló públicamente el martes en Twitter a Ana Iris Simón por haber concedido una entrevista en "un canal fascista" de YouTube. Su conducta fue deprimente, pero creo que responde a una estrategia, y eso me interesa más. Quería marcarla con un estigma para volverla intocable. Me pareció un intento de minar su creciente prestigio, que por algún motivo él debe de considerar peligroso. Según Maestre (el mismo al que vemos debatir con Eduardo Inda en La Sexta), la gente de izquierdas debe tener mucho cuidado con dejarse ver cerca de elementos fascistas, hasta el punto de ir a promocionar sus libros en espacios limpios, y si es posible consensuados con algún comité del que yo, al menos, no tengo la más mínima noticia.

Lo que venía a decir, con una arrogancia detectable por los sismógrafos, es que cualquier cosa que Maestre considere “hacer el juego al enemigo” queda totalmente prohibida para los autores progresistas. Esto me lo dijo, de hecho, literalmente: "No se da entrevistas a neofascistas". Punto. ¿De dónde ha recibido esa autoridad? ¿De qué soviet o productora audiovisual le ha llovido? Maestre tiene un talento particular para encontrar fascistas: el problema es que ahora piensa que el fascismo se contagia. Desde 'La Marea', ha hecho un trabajo concienzudo destapando 'skinheads' inscritos en Vox, y ha logrado que algunos fueran expulsados. Dejó demostrado, o eso creyó él, que Ana Iris Simón estaba concediendo una entrevista en el canal de extrema derecha. Aunque en su investigación sobre el neofascismo en Youtube se le escaparon algunos detalles: por ejemplo que Iñaki López, su jefe en La Sexta Noche, también apareció en el mismo canal. Ahora bien: ¿y qué? ¿Acusar a Simón por ello? ¿Prohibírselo? ¿También a Iñaki López?

Aunque en el caso de que fuera cierto que el canal tiene esa línea, la insinuación de que una autora se contagia de la ideología de aquellos que la entrevistan es un truco baratísimo. Simón es la escritora que más debates está provocando, y es normal que gente de lo más variopinta se la haya rifado. Ha concedido entrevistas a quien se las ha pedido, desde Juan Carlos Monedero a Carlos Herrera, pasando por toda clase de medios de izquierdas, derechas, centro-centrado y caza y pesca. Aunque al principio parecía celebrada sólo por los conservadores, una parte de la izquierda se puso las pilas. Señalarla por dejarse ver en un canal de YouTube específico es absolutamente ridículo. Y además, un argumento típico de cazador de brujas. “¡La vieron a usted con el diablo a tal hora, en tal sitio! ¿Niega usted que estuvo con el diablo?”. Ni siquiera atacaba Maestre las palabras de Simón en la entrevista, no: la atacaba por prestarse a hablar de su libro con Satanás.

Foto: Ana Iris Simón

Pero lo de Maestre no ha sido el arrebato de un día. Él y algunos gorilas de puerta llevan tiempo tratando de demostrar el crecimiento de una izquierda 'rojiparda' en España, muy peligrosa para los derechos de las minorías, y concomitante con el fascismo. Según ellos, el problema es que esa izquierda maneja ideas que son cosa de fachas, como la familia, las fronteras, lo material o la industrialización. Les debió tocar la cabeza leer Limónov y ahora ven nazbols por todas partes. De este fenómeno espectral encuentran ejemplos en las palabras de Ana Iris Simón, que habría sido un elemento galvanizador, y en un cóctel tan disparatado como el que sale si juntas a gente tan dispar como Jorge Verstrynge, Santiago Armesilla (Razón Comunista), Roberto Vaquero (Frente Obrero) o Daniel Bernabé.

Pero la amenaza fantasma no se queda ahí: está en cualquier "camarada" cuyas ideas no encajen con la ortodoxia. Son las viejas trifulcas del Frente Popular de Judea contra el Frente Judaico Popular, el clásico purismo. Tormentas en vasos de agua, intentos de controlar los límites del club más exigente del mundo, luchas por el territorio. ¡Aquí mando yo, parecen decir, y es izquierda auténtica lo que a mí me sale de los cojones! ¿Existe realmente hoy una izquierda que hace el juego al fascismo? Pues mire, lo dudo. También a los trotskistas los acusaban de ello.

El club más exigente del mundo

Recuerdos del pasado: hubo un tiempo en que yo mismo sufría, queriendo que me consideraran un chiquito de izquierdas, ante las insinuaciones cada vez más extendidas de que era, en realidad, un puto facha y además medio retrasado mental. Para mí este desprestigio era duro, pero inevitable: lo que se me exigía para ponerle fin me parecía demasiado caro. Era como tener que estar bailando en un lugar indeterminado, entre las letras de los Reincidentes y los laberínticos párrafos de Marcuse. Advertí en seguida, en cuanto empecé a hacerme conocido, que debía tener extremo cuidado con decir ciertas cosas, con denunciar ciertas memeces y, sobre todo, con dejarme ver con según quiénes. Para el que vive en la obsesión de ser aceptado por los caprichosos guardianes de la pureza, la libertad es secundaria. Así que acabé tirando la toalla, dejó de importarme. Fue un momento precioso.

Foto: Noria de feria

Uno compra la libertad pagando, a menudo, el precio de la reputación. Dejó de importarme la percepción que los demás tuvieran de mi ideología, y hoy estas cosas me divierten. Pero, desde donde estoy, reconozco el truco que tratan de hacer con Simón, y me da rabia. Porque es la caza de los herejes, calcada de los tiempos antiguos y actualizada en toda clase de momentos de histeria política. El hereje es el que sigue perteneciendo a la fe, pero, de manera contumaz, cuestiona la ortodoxia. Se le ataca con más violencia que al infiel, puesto que su mera existencia pone en peligro los límites simbólicos del grupo. Se le intentará convencer mediante el miedo y la extorsión, y, si no se amilana, se le expulsará y difamará. Esto lo he desarrollado a fondo en mi último libro, así que no os aburriré más.

placeholder La periodista y escritora Ana Iris Simón. (EFE)
La periodista y escritora Ana Iris Simón. (EFE)

Este ha sido el tratamiento que ciertos grupos de ortodoxos han empleado contra Víctor Lenore, Daniel Bernabé, Mimunt Hamido, Esteban Hernández, los del Jacobino, miembros de Más Madrid y vaya usted a saber cuántos otros más. Se trata de inhabilitar la discusión sobre temas espinosos a base de descalificaciones, órdenes perentorias en Twitter y sambenitos amenazantes. Así, ideas perfectamente razonables se convierten en pruebas de la existencia del demonio. Las acusaciones son ridículas, como lo fueron en los procesos de la Unión Soviética, pero intramuros funcionan. Porque el miedo del izquierdista a ser considerado un facha hace magia. Y los hay que callan para permanecer. Y los hay que tienen mucho cuidado, no ya de verse con verdaderos fascistas, sino de hacer un retuit. Viven en una aldea, entre visillos. Y gente que nunca se equivoca los vigila.

Foto: Daniel Bernabé.

Así le va a la izquierda, por cierto. Desde las filas del tribunal del pedigrí se ha tildado de enemigos o sospechosos a personas que trataron, con absoluta honestidad, de ejercer una crítica sincera y constructiva. Simón puso el foco en la familia y la renuencia emancipadora a tener hijos, Bernabé en la trampa neoliberal que supone el discurso de la diversidad, Hamido en el absurdo del feminismo islámico, Lenore en la frivolidad del activismo hípster y algunos problemas asociados a la inmigración, Hernández en la ingenuidad de mantener un marco de acción local en un tiempo de globalización absoluta, los del Jacobino o Hásel Paris en la debilidad de una izquierda proclive a simpatizar con el nacionalismo periférico y entrampada en lo simbólico frente a lo material, etcétera. Ahora resulta que todo eso son argumentos ultraderechistas, te dicen los ortodoxos. ¡Y luego se sorprenden si gente normal vota a la ultraderecha!

En fin, da igual. Es un circo de pulgas, pasión de tertulianos. No hay más que ver los resultados electorales para constatar que esa izquierda auténtica sólo le importa a los que defienden su pureza. No sé si, como dice Maestre, todo está en Bourdieu. Donde seguro que hay algo es en Camus.

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