El precio del petróleo y del gas han subido con fuerza, pero el contagio a los mercados de bonos y a las bolsas han sido mínimos. El mayor peligro está en los mercados de deuda, principalmente pública
Un hombre caminaor delante de un edificio golpeado por ataques de Estados Unidos e Israel en Teherán. (EFE/Jaime León)
Trump prometió en la campaña de 2024 recuperar la paz. Se enfadó porque no le dieron el Nobel de la Paz, pero no para de provocar guerras. Los líderes europeos prefieren hablar de paz, pero han declarado la guerra a Putin en Ucrania y envían armamento con el que mueren soldados rusos y nos defienden de la amenaza de Putin. Pedro Sánchez invoca el No a la Guerra de 2001, pero es el presidente de la democracia que más ha gastado en defensa; ha doblado el gasto que hacía Aznar. Como ha informado el Ministerio de Defensa de EEUU, Pedro Sánchez ha comprado a EEUU unos 6.000 millones de dólares en armamento, principalmente en 2024, cuando compró 3.000 millones de dólares. Ha mandado un barco de guerra esta semana para apoyar la operación de EEUU en Irán y, según el alcalde de Rota, la operativa en la base militar americana continúa con normalidad esta semana.
Es lógico que los inversores internacionales se hayan acostumbrado ya a la guerra y a las mentiras de la clase política actual y que las bolsas y los mercados de bonos apenas hayan reaccionado esta semana. La bolsa de EEUU apenas ha caído, aunque el viernes se conoció el dato de empleo de febrero y la economía destruyó casi 100.000 puestos de trabajo. El nivel de empleo está estancado desde abril del año pasado, coincidiendo con la aprobación de los aranceles de Trump. Se mezcla la adaptación de la inteligencia artificial, que afecta a todo trabajador que trabaje mirando a una pantalla de ordenador y buena parte de sus tareas se pueden sistematizar con agentes de inteligencia artificial. Se puede dar la paradoja histórica de que la economía destruya empleo, pero la producción aumente y no haya recesión.
Los inversores tampoco han mostrado esta semana temor a la inflación. Desde 1250, cuando se creó el primer mercado financiero organizado del mundo en Medina del Campo de letras de cambio, los ahorradores compramos activos financieros para protegernos de la pérdida de poder adquisitiva que provoca la inflación. La deuda pública se considera el activo libre de riesgo y las rentabilidades de los bonos a 10 años en EEUU suelen estar un punto porcentual por encima de la inflación desde 1880. La rentabilidad del bono a 10 años sigue en niveles próximos al 4%, igual que antes del ataque a Irán.
Más tensión hay en el precio del petróleo, especialmente el pasado viernes, cuando su referencia en EEUU llegó a 90 dólares el barril; estaba en 60 dólares la semana anterior al ataque. Diferente dinámica siguió el gas, que el martes, su referencia europea, llegó a cotizar a 60 dólares el megavatio hora, el doble que antes del ataque a Irán. No obstante, ese mismo día cerró cerca de 50 euros y se mantuvo próximo a ese nivel hasta el viernes, cuando cerró a 53 euros.
Más preocupación generó el anuncio de BlackRock, que limitó la retirada de dinero de uno de sus fondos de crédito. Tras la crisis de 2008, tanto en EEUU como en Europa, se incrementó significativamente la regulación bancaria y la exigencia de capital, especialmente para préstamos a empresas. Eso favoreció el desarrollo de fondos de capital riesgo que hacían esa misma función, pero sin exigencias de capital. Con esos fondos se han financiado, por ejemplo, las cuantiosas inversiones de las empresas tecnológicas para el desarrollo de la inteligencia artificial.
Las empresas americanas han soportado las cuantiosas inversiones del desarrollo, mientras las chinas se han dedicado a copiarlo y ahora lo venden en el mercado a precios infinitamente más baratos. La tecnología perdurará, pero es probable que muchas empresas no puedan pagar sus deudas y esos inversores no recuperarán su dinero. En la banca actual hay seguros de depósitos; esos fondos hacen lo mismo que los judíos sefardíes en Castilla en el siglo XIII y, cuando no les devuelven los créditos, ellos no pueden devolver los depósitos.
La deuda mundial, según el Fondo Monetario, en 2025 fue del 235% del PIB y en 2008 estaba en el 200%. Las familias, sobre todo en EEUU y en España, han reducido significativamente su deuda y ahora la deuda es principalmente pública y también de empresas. De momento, las primas de riesgo, tanto de deuda pública como privada, siguen próximas a mínimos históricos, a pesar del ataque de Irán. Pero el gran riesgo de la economía mundial está ahí. Basta con que esos mercados dejen de prestar para que las empresas tecnológicas en EEUU tengan que parar en seco sus inversiones.
En 2025 la inversión en EEUU solo de las cuatro grandes empresas tecnológicas superó los 100.000 millones de dólares trimestrales. Si se corta el flujo de crédito, la economía americana entrará en recesión. Los mercados de momento no temen a la recesión, pero si eso se activa, el ajuste llegaría a las bolsas y también a la deuda pública americana y al dólar, ya que Trump mantiene una deuda y un déficit público insostenible.
A España esta crisis financiera le pillaría con menos deuda externa que Alemania, gracias a que las familias españolas han reducido a la mitad su deuda hipotecaria y tienen posición acreedora con el resto del mundo. Gracias a eso, la banca española vuelve a ser aburrida, como pidió Paul Krugman en 2008, y tiene muchos más depósitos que créditos, lo contrario que le pasó el viernes a BlackRock en su fondo de deuda. Eso es muy tranquilizador, ya que, pase lo que pase en los mercados financieros internacionales, la banca española tiene liquidez de sobra para seguir dando hipotecas y créditos a las empresas.
Nuestro problema ahora, a diferencia de 2008, es la deuda pública, que casi se ha triplicado hasta el 100% del PIB. La prima de riesgo de la deuda pública española con Alemania apenas ha variado, pero si se activa el temor de los inversores internacionales y baja el nivel del agua, se verá que el Gobierno español está desnudo. Pedro Sánchez lleva perdiendo elecciones desde 2019 y las más recientes en Extremadura y Aragón, perdiendo más del 20% de sus votos en 2023. No ha conseguido aprobar ningún presupuesto en esta legislatura y no para de perder votaciones en el Congreso de sus propuestas de ley.
La posición de liquidez del Gobierno español es muy vulnerable y necesita emitir unos 300.000 millones de euros de deuda pública al año. El dinero en el mundo lo gestionan principalmente judíos en Wall Street y Pedro Sánchez busca el conflicto permanentemente con Israel y con EEUU. Europa ha virado 180 grados, comprometiendo un aumento significativo del gasto en defensa, y España va por libre y no consigue aprobar presupuestos donde se plasme el aumento del gasto en defensa. Alemania y Bruselas han virado en las políticas de sostenibilidad para priorizar el desarrollo industrial y proteger el empleo, y España no lo ha hecho. En la última cumbre informal Pedro Sánchez no fue invitado a la reunión preparatoria previa, donde fueron los principales líderes, y esta semana se ha vuelto a quedar fuera de otra cumbre importante de defensa para tomar posición conjunta europea en Irán.
Para España esta crisis puede ser una oportunidad. Tenemos la menor dependencia de las importaciones de gas y petróleo de Europa, gracias a las energías renovables, y un coste de la electricidad esta semana la mitad que en Alemania y Polonia y una tercera parte de Italia. Esta crisis pone más en evidencia la prioridad de la seguridad en clave estratégica. Para aprovechar esa oportunidad España necesita un Gobierno, primero, que gobierne y que pueda aprobar leyes en el Parlamento. Necesita un plan que implemente el informe Draghi y vaya a Bruselas a enseñar con el ejemplo, no solo con relatos. Necesita desarrollar red eléctrica de alta tensión para que haya suelo industrial disponible para ofrecer a las fábricas europeas que quieran reducir sus costes para mejorar su competitividad, y ahora no lo hay.
Necesita no cerrar sus centrales nucleares actuales hasta que se desarrollen sistemas de acumulación de electricidad suficientes para no aumentar nuestra dependencia de las importaciones de gas, para no aumentar el coste energético a nuestra industria y para no aumentar las emisiones que aceleran el cambio climático. Necesita crear un superministerio de industria que controle la energía, la ciencia y el desarrollo tecnológico para hacer política industrial, algo que no hemos hecho desde 1975.
Necesita un Gobierno que le diga la verdad a los pensionistas: que el déficit del sistema de pensiones en España no es sostenible y que hay que tomar medidas para contener el crecimiento del gasto. Necesita un Gobierno que presente un plan fiscal creíble a medio plazo para transmitir confianza a los inversores internacionales, gracias a los cuales podemos pagar pensiones y sueldos de los funcionarios. Y necesitamos un Gobierno que no sea servil a Donald Trump, pero que no le utilice para polarizar y ganar votos. Igualmente se puede ser crítico con Benjamín Netanyahú, sin necesidad de provocar permanentemente a Israel. Además de financiar nuestra deuda pública, EEUU es nuestro principal suministrador de gas e Israel de seguridad.
Trump prometió en la campaña de 2024 recuperar la paz. Se enfadó porque no le dieron el Nobel de la Paz, pero no para de provocar guerras. Los líderes europeos prefieren hablar de paz, pero han declarado la guerra a Putin en Ucrania y envían armamento con el que mueren soldados rusos y nos defienden de la amenaza de Putin. Pedro Sánchez invoca el No a la Guerra de 2001, pero es el presidente de la democracia que más ha gastado en defensa; ha doblado el gasto que hacía Aznar. Como ha informado el Ministerio de Defensa de EEUU, Pedro Sánchez ha comprado a EEUU unos 6.000 millones de dólares en armamento, principalmente en 2024, cuando compró 3.000 millones de dólares. Ha mandado un barco de guerra esta semana para apoyar la operación de EEUU en Irán y, según el alcalde de Rota, la operativa en la base militar americana continúa con normalidad esta semana.