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¿Demuestran las cifras de paro que el SMI es inocuo?
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Juan Ramón Rallo

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¿Demuestran las cifras de paro que el SMI es inocuo?

El nivel de empleo depende de múltiples variables y, en consecuencia, su evolución no tiene por qué darnos pista alguna sobre cuál está siendo el efecto marginal del SMI

Foto: Dos camareros trabajan en una cafetería de Toledo. (EFE/Ismael Herrero)
Dos camareros trabajan en una cafetería de Toledo. (EFE/Ismael Herrero)

Los buenos datos del paro y de afiliación a la Seguridad Social están llevando a algunos tertulianos a concluir que la subida del salario mínimo interprofesional perpetrada por este Gobierno durante los últimos años no ha generado los tan negativos efectos que anticipaban sus detractores. Si el paro baja y el empleo sube, ¿acaso no sería posible que el aumento del salario mínimo haya tenido efectos positivos sobre la creación de empleo?

Primero, los datos de empleo y paro son ciertamente positivos, pero hay que leerlos al completo. Entre febrero de 2020 y noviembre de 2021, la afiliación a la Seguridad Social ha aumentado en 355.000 personas, pero, de ellas, unas 250.000 son trabajadores en ERTE y autónomos en suspensión de activos y otras 240.000 son nuevas altas en sectores mayoritariamente copados por el sector público (Sanidad, Educación y Administración Pública). Es decir, que las afiliaciones reales en el sector privado todavía seguirán alrededor de 100.000-150.000 personas por debajo de las cifras previas a la pandemia.

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Segundo, en 2021, el salario mínimo real no habrá subido sino bajado de una manera muy intensa. Y es que el salario mínimo nominal aumentó de 950 euros mensuales (en 14 pagas) a 965 euros mensuales, es decir, un 1,57%; en cambio, la inflación se ubica ahora mismo en el 5,6%. Todo lo cual significa que el salario mínimo real ha caído de momento alrededor de un 3,8%. Si se quisiera establecer una línea de monocausalidad entre evolución del salario mínimo y el empleo, esta debería ser vinculando la reducción del salario mínimo real con el aumento del empleo.

Pero es que, en tercer lugar, toda la pretensión de conectar la evolución observable y medible del empleo agregado únicamente con el salario mínimo parte de un error elemental: creer que el nivel de empleo (variable dependiente) tan solo depende de un único factor como es el SMI (variable independiente), de tal manera que podemos conocer el efecto que tiene ese factor sobre el empleo apenas observando la evolución del nivel de empleo agregado. En realidad, nunca nadie ha pretendido tal cosa: el nivel de empleo depende de múltiples variables (gasto nominal agregado, productividad, expectativas empresariales, salarios distintos del SMI…) y, en consecuencia, su evolución no tiene por qué darnos pista alguna sobre cuál está siendo el efecto marginal del salario mínimo sobre el mismo. Si, por ejemplo, el efecto marginal del SMI mínimo fuera el de destruir 50.000 empleos, pero, en cambio, el efecto marginal del aumento del gasto nominal agregado fuera el de crear 200.000 empleos, el efecto neto sería la creación de 150.000 empleos, lo cual no equivaldría a que el SMI haya contribuido a crear 150.000 empleos.

Foto: Foto: EC.

Si queremos conocer cuál ha sido el efecto marginal que ha tenido el SMI sobre la creación de empleo (que 'a priori' podría ser positivo, negativo o neutro), no nos queda otra que estimarlo por la vía de aislar las restantes variables que hayan podido influir en el empleo (por ejemplo, a través del método de diferencias-en-diferencias, por el que le dieron recientemente el Nobel a David Card). Y eso es justo lo que hizo el Banco de España para el ejercicio 2019, gracias a lo cual descubrió que la subida del salario mínimo ese año pudo haber reducido el empleo en hasta 170.000 personas. Por supuesto, quizá quepan otras estimaciones mejores para 2019 o quizá los resultados de 2019 no sean extrapolables a 2021, pero lo que carece del más mínimo rigor es afirmar que los datos de empleo que hemos conocido durante los últimos meses demuestran que el SMI no ha perjudicado al empleo. Se trata de un 'non sequitur' gigantesco que, por desgracia, algunos seguirán utilizando para justificar nuevas subidas del SMI sin preocuparse lo más mínimo por evaluar cuáles están siendo sus efectos. Porque lo único que les interesa no es ni el empleo ni el SMI: es la propaganda.

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