Catexit (XXXI): la gran posverdad

Déjate de delitos de rebelión, sedición y otras cosas. Resulta que los que están en la cárcel y los que han salido de España a todo correr solo tienen un delito: son mentirosos

Foto: Manifestación convocada por la ANC y Òmnium en Barcelona para exigir la libertad de los presos soberanistas. (EFE)
Manifestación convocada por la ANC y Òmnium en Barcelona para exigir la libertad de los presos soberanistas. (EFE)

37 años. Hoy hace 37 años del primer golpe de Estado que yo he vivido. Estaba dando clase en Pamplona. Corrieron las noticias. Mi mujer, en Barcelona, hizo que todos los hijos volvieran inmediatamente a casa.

Unos amigos me habían invitado a cenar aquella noche. Mantuvieron la invitación. El marido vino a buscarme al hotel. Al llegar a su casa, encontramos a su mujer descorchando una botella de cava. Luego me enteré de que era la bebida que ofrecía siempre que invitaban a alguien. Tenían la tele puesta. La suma de la tele y del cava hizo que mi amigo le dijera a su mujer: "¿No te parece un poco prematuro?". Nos reímos de la ocurrencia y tomamos el aperitivo sin más connotaciones políticas. La cena fue muy bien. Nos quedamos hasta que salió el Rey y a dormir, que mañana tenemos trabajo.

Pasan 36 años y se produce el segundo golpe de Estado, a finales de 2017.

El golpe de 1981 tuvo un cierto contenido de chapuza. Estuvimos esperando a que viniese un señor importante que, al final, no vino. Todos nos quedamos con las ganas de saber quién era y todos respiramos tranquilos cuando no apareció. Luego, ver descolgarse a los guardias por las ventanas bajas del Congreso añadió un toque un poco ridículo al asunto.

PERO. El teniente coronel Tejero reconoció que:

1. Aquello fue un intento de golpe de Estado.

2. El responsable fue él.

3. Se despidió de sus compañeros golpistas saludando uno por uno a los mandos y diciendo: "Yo tardaré un poco en volver a casa".

4. Y tardó, porque lo pagó con muchos años en la cárcel. Condenado a 30. En libertad condicional a los 15.

Me meto en internet en la "cronología de un septiembre frenético", bajo el título de 'El desafío independentista'.

No copio todo lo que pasó. Pero sí recuerdo que la presidenta del Parlament, Carme Forcadell, empezó el mes diciendo un "¡Visca la república catalana!" que a algunos nos dejó un poco descolocados.

Y recuerdo que el 6 de septiembre el Parlament aprobó la ley del referéndum y la convocatoria del mismo, porque ya que tenemos ley, utilicémosla.

También recuerdo que el 7 de septiembre, el Constitucional suspendió la convocatoria. Como ese día es mi cumpleaños, estuve distraído y no me enteré hasta el día siguiente de que, sin duda aprovechando mi distracción, el Parlament había aprobado la ley de transitoriedad para desligar la legislación catalana de la española.

Y así siguieron las cosas, hasta que el 1 de octubre se celebró una cosa que llamaron referéndum, que tenían que evitar la Guardia Civil, la Policía Nacional y los Mossos d'Esquadra. Parece —hay quien lo asegura— que los Mossos recibieron órdenes de no poner mucho entusiasmo y les soltaron el muerto a la Guardia Civil y la Policía Nacional, mientras se avisaba a los fotógrafos de que podía haber lío y los fotógrafos hacían fotografías, que para eso están, y las fotografías se publicaban y se enviaban al extranjero y yo, en mi pequeñez, recibía tuits de algún amigo mío, pidiéndome/exigiéndome que me definiera ante lo que él calificaba de "violencia policial".

(Aquí hago un paréntesis para recordar la visita de más de 700 alcaldes al Palau de la Generalitat para mostrar su adhesión al golpe. Y lo hago porque, en la foto, reconocí al de San Quirico, gordo, con bigote, esta vez sin puro, pero con el bastón de mando. Al día siguiente, me lo encontré, no se paró a hablar conmigo como suele hacer y, mirando al suelo, puso una cara que a mí me pareció que decía: "¡Lo que hay que hacer para comer!").

Luego, ya sabéis: referéndum con comillas, declaración unilateral de independencia, artículo 155, a la cárcel unos cuantos y, en un alarde de valor, Carles y cuatro 'consellers' se largan a Bruselas. Y en otro alarde, Anna se va a Ginebra. (No hago alusión al cambio de 'look' de Anna para que no me tachen de machista, pero, hija, estás más maja ahora).

En resumen, el golpe del 23-F fue limpio y simple:

1. Intento dar un golpe.

2. Me falla.

3. Me voy a la cárcel.

Vamos a por el de ahora, porque ayer, que es cuando escribí este artículo, tropecé —nunca mejor dicho— con las declaraciones de Artur Mas ante el Tribunal Supremo. No hay por dónde cogerlas. Las resumo:

1. La DUI (declaración unilateral de independencia) fue puramente simbólica.

2. Todos los diputados sabían que no tenía recorrido real.

3. La DUI se exageró.

4. Esta exageración pudo constituir un engaño.

5. La perla: "En el mundo de la política hay un componente simbólico y estético, y muchas veces un argumento se hincha o se exagera para quedar lo mejor posible ante la opinión pública".

6. Y ahora, la perla de la perla: "¿ESTO ES UN ENGAÑO? PUEDE LLEGAR A SER UN ENGAÑO".

La posverdad en todo su esplendor. O sea, déjate de delitos de rebelión, sedición y otras cosas. Resulta que los que están en la cárcel y los que han salido de España a todo correr solo tienen un delito: son mentirosos.

Tengo ganas de encontrarme con Tejero, que si no hubiese dado HONRADAMENTE un golpe de Estado, quizá podría haber llegado a general; y darle las gracias por eso, por ser un hombre honrado, defendiendo unas ideas en las que creyó firmemente.

Y sigo con la ironía: propongo que el Congreso de los Diputados y el Senado, en sesión conjunta, le rindan un homenaje.

Y, aprovechando la sesión conjunta, que los ujieres repartan silbatos a los diputados y senadores para que organicen una pitada monumental dirigida a esta cuadrilla de pseudopolitiquillos que han intentado estropear Cataluña, y casi lo consiguen.

La sesión podría acabar con la interpretación del himno nacional, cantado —naturalmente— por Marta Sánchez.

P.S.

1. Yo, si fuera independentista, montaría una macromanifestación de protesta contra los políticos que me han engañado.

2. Y también contra los que, chapuceramente, tratan de engañarme ahora.

3. Porque con una gran posverdad tendría bastante.

4. Y estos mozos tienen más moral que el Alcoyano y siguen fabricando posverdades, o, en palabras de Artur, cosas que pueden "llegar a ser un engaño".

Desde San Quirico

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