El PP, con esta dirección, parece incapaz de reconocer su papel en la política de nuestros días y asentarse en el liderazgo de las derechas, como repetidamente le muestran las urnas
El líder del PP, Alberto Núñez Feijóo. (EFE/Chema Moya)
La indefinición es la que está castigando al Partido Popular por la torpeza, o incapacidad, de sus dirigentes para interpretar correctamente cuál es su papel en estos tiempos que corren. Si se permite la broma, los dirigentes populares recuerdan aquella canción con la que se hicieron famosos los pioneros del agropop, ‘No me pises que llevo chanclas’, al final del siglo pasado. Quizá se recuerde aquel estribillo burlón, de la anciana que no conseguía enterarse de nada. Y le preguntaba, una y otra vez, al joven con el que hablaba: "¿Y tú de quién eres’". Pues eso, lo mismo. Estaría bien, al menos en atención a sus muchos votantes, que el líder de ese partido nos dijera a todos de quién es, qué es, qué piensa, sin acabar enfrascado en un diálogo absurdo como el de la canción de Los Chanclas.
Es muy llamativo, o frustrante, como se vea, que este desconcierto ocurra bajo el mandato de un político experimentado, como Alberto Núñez Feijóo, que llegó a la presidencia del Partido Popular después de cuatro mayorías absolutas como presidente de la Xunta de Galicia, precedidas de una etapa anterior en la política nacional durante los Gobiernos de José María Aznar. Es verdad que en otros muchos momentos de la democracia a la derecha se le ha acosado con reproches por su indefinición ideológica, muchas veces forzados por la propia izquierda. Hace años, en tiempos de las mayorías abrumadoras de Felipe González, lo que se le reprochaba es que no era capaz de centrarse y dejar atrás la derecha ruda de Manuel Fraga. Quizá algunos recuerden todavía aquella frase sarcástica de Alfonso Guerra en los mítines: "¿De dónde vendrán que llevan años y años viajando al centro y todavía no han llegado?"
La cuestión es que, en aquel momento político, lo que necesitaba la derecha era alejarse completamente de los estertores del franquismo y es lo que consiguieron con la refundación de Alianza Popular, que desapareció para siempre. El Partido Popular recién nacido ya se instaló en el centro derecha y, al cabo de unos años, logró vencer al PSOE de Felipe González. El momento político de la actualidad es completamente distinto y eso es de lo que no acaba de enterarse Alberto Núñez Feijóo. Fue su propio biógrafo, un gallego de larga trayectoria en la derecha, Xosé Luis Barreiro, el primero que se lo dijo. Y citaba dos errores: "A Feijóo le molestaba extraordinariamente que tuviese que llegar al poder con Vox, pero la realidad es la que tenemos delante desde hace mucho tiempo, que el PP iba a necesitar de Vox para gobernar. El error segundo de Feijóo es el de practicar una política de partido en un momento en que lo fundamental es la política de bloques".
Debemos tener en cuenta que Barreiro hizo estas declaraciones en 2023 y cuando habla en pasado de lo que piensa Feijóo –"le molestaba"- se refiere a un tiempo anterior a las elecciones generales de ese año, en las que el PP ganó pero sin posibilidad de gobernar. Vale que, en aquel momento, el líder del Partido Popular tuviera la determinación de gobernar en solitario, con una mayoría absoluta o próxima, pero han pasado ya dos años y medio, el tiempo ha persistido en la misma realidad y sigue sin resolver ese conflicto básico para la estrategia del centro derecha.
En julio pasado convocó un congreso de su partido para comprometerse públicamente a que nunca gobernaría en coalición con Vox. Pactos sobre programas o de legislatura, pero nunca aceptaría meterlos en su gobierno. Lo hizo además con ese tono de solemnidad impostada de tantas declaraciones políticas pasajeras: "Este es el acto fundacional de un nuevo tiempo". No ha pasado ni un año y en el PP ya dicen lo contrario, tras las elecciones de Aragón: "Cuando los ciudadanos hablan, no puedes confundir tus deseos con lo que ellos te piden". Y que "la gente vota cabreada, ya no vota sobre cuestiones objetivas".
Vuelve a equivocarse porque el cabreo, que existe, sí que tiene causas objetivas en un país donde casi la mitad de la población activa se mira en el espejo de los trabajadores pobres. Un país en el que el 56% de las familias, como dice Cáritas, llega con dificultad a fin de mes y la tasa de pobreza o exclusión entre los más jóvenes supera el 35%. Ya somos cincuenta millones de españoles y los servicios públicos cada vez se tensionan más. La obligación primera de un líder político, presidente de un partido respaldado por millones de ciudadanos, es la de despertar la ilusión de un cambio, porque siempre ha sido igual; la democracia siempre ha funcionado igual.
Un líder y un partido político que le diga a los ciudadanos qué quiere hacer con la vivienda, más allá de repetir pesadas frases hueras, sacadas como de un ‘catálogo de bienqueda’. Los agricultores que se movilizan porque se sienten perjudicados por el tratado europeo de Mercosur necesitan conocer cuál es la posición del Partido Popular, que también es zigzagueante e indecisa. Una política firme sobre la inmigración, pero no la de aplaudir un año la regularización de inmigrantes ilegales y, al año siguiente, rechazarla. O una propuesta concreta sobre el modelo de financiación autonómica, que para eso gobierna en la mayoría de las comunidades autónomas. Reformas atrevidas, algunas de ellas nunca abordadas, como la Ley Electoral para evitar de una vez la desproporción nacionalista en el Congreso de los Diputados. También reformas siempre aplazadas, y cada vez más necesarias, como la de un Poder Judicial y una Fiscalía independientes.
En la indefinición, se pierde el rumbo y todo lo que puede salir mal, sale mal. Igual que esta última astracanada de invitar al mitin de cierre de campaña a un activista ultra y luego, con una absoluta falta de respeto, intentar convencernos de que el tal, Vito Quiles, sólo fue un periodista más de las decenas que han entrevistado al presidente de Aragón, que es lo que falsamente sigue defendiendo el propio Jorge Azcón... Que cuál es el criterio. Esa es la cuestión.
La indefinición es la que está castigando al Partido Popular por la torpeza, o incapacidad, de sus dirigentes para interpretar correctamente cuál es su papel en estos tiempos que corren. Si se permite la broma, los dirigentes populares recuerdan aquella canción con la que se hicieron famosos los pioneros del agropop, ‘No me pises que llevo chanclas’, al final del siglo pasado. Quizá se recuerde aquel estribillo burlón, de la anciana que no conseguía enterarse de nada. Y le preguntaba, una y otra vez, al joven con el que hablaba: "¿Y tú de quién eres’". Pues eso, lo mismo. Estaría bien, al menos en atención a sus muchos votantes, que el líder de ese partido nos dijera a todos de quién es, qué es, qué piensa, sin acabar enfrascado en un diálogo absurdo como el de la canción de Los Chanclas.