Hay algunas cosas que no entiendo de Vox: carta a Santiago Abascal

Vox es un partido español, católico, liberal y que pelea contra la inmigración, ¿no? Pues a lo mejor no. Sus contradicciones son reveladoras de su papel real en la política

Foto: El líder de Vox, Santiago Abascal. (Reuters)
El líder de Vox, Santiago Abascal. (Reuters)

Estimado Santiago:

He de confesarte que no me gusta nada que se convoquen manifestaciones en contra vuestra simplemente porque hayáis obtenido buenos resultados electorales. Eso de forjar un frente antifascista es un poco absurdo. Se puede pensar de ti lo que sea, pero no eres Hitler ni Mussolini, del mismo modo que Pablo Iglesias no es Stalin ni Pol Pot. La política contemporánea se ha vuelto muy dada a las exageraciones, y ahora os ha tocado el turno. Es cierto que os viene bastante bien, porque cuanto más se os señale, más visibilidad se os da y más gente se puede acercar a vosotros como reacción, pero estoy en contra de estas actitudes.

Igualmente me parece un error enorme llamar fascistas a vuestros electores. Es obvio que en tu partido hay gente muy de derechas, y seguro que habrá quienes coincidan con esa vieja ideología, pero la mayoría de vuestros votantes no son más que personas que quieren tener una vida mejor y que creen que vosotros representáis la mejor opción. Creo que si alguien no está de acuerdo con lo que proponéis, lo que debe hacer es pelear en el plano de las ideas en lugar de etiquetar a vuestros votantes y descalificarlos de un plumazo. Es más cómodo, porque así se evitan las discusiones sobre los temas de fondo, pero socialmente es poco conveniente.

Quieren el cambio

Tampoco me gusta que tilden a los que os han dado su confianza de gente cabreada y harta con el sistema que no hace más que escupir su malestar. Incluso si fuera así, la culpa sería de aquellos que les han defraudado, y no de vuestros votantes. Es como ese compañero de trabajo que no hace más que meter el dedo en el ojo y cuando se le contesta acusa a los demás de agresivos; quizá sí, pero la respuesta era esperable si hinchas las narices a la gente. Algo parecido le ocurre a nuestro sistema, que funciona mal, y es lógico que la gente busque un cambio por un lado u otro del espectro ideológico.

Que centren el foco en vosotros, que sois el quinto partido en Andalucía, es el síntoma de la impotencia de un sistema que ya no convence

Pero no nos engañemos. Resulta raro que centren el interés en vosotros cuando, por más que hayáis obtenido un gran resultado, no dejáis de ser el quinto partido en Andalucía. La realidad es que les venís bien. Unos, con el frente antifascista, derivan hacia vosotros la responsabilidad de su fracaso; otros, con la excusa de la gente paleta y cabreada que se cree las noticias falsas, quieren disfrazar, mediante la descalificación, las políticas que han desarrollado cuando han gobernado y que han perjudicado a la mayoría de la población. Que centren la mirada en vosotros, como te digo, os viene bien, pero me preocupa, porque es el síntoma de la impotencia de un sistema que no es capaz de convencer a la gente más que mediante el miedo. “Que vienen los fachas” es el equivalente al “esto se convertirá en Venezuela”, un intento de insuflar temor porque por la vía de los argumentos racionales y de las políticas efectivas no logran atraer gente. Por cierto, es algo que también vosotros utilizáis, como cuando habláis del comunismo chavista, y creo que no es conveniente.

Las dos valoraciones de un partido

Dicho todo esto, también creo que a las formaciones políticas hay dos maneras de enjuiciarlas. La primera es mediante lo que nos atraen sus propuestas, es decir, mediante la coincidencia ideológica. La segunda es valorando su coherencia interna, es decir, desde la correspondencia entre su propuesta política, lo que dicen defender, y las medidas que proponen o que ejecutan cuando tienen poder. De la primera valoración me abstendré, porque cada cual tiene su idea hecha acerca de Vox, y poco puedo añadir. Pero el segundo aspecto es importante y querría ahondar en él, Santiago, porque encuentro varias contradicciones en vuestro partido.

Decís ser católicos, pero es extraño, porque no hay nada tan opuesto al catolicismo como el liberalismo radical que propugnáis

Por ejemplo, os reconocéis como católicos, y lo señaláis como uno de los aspectos esenciales de vuestro ideario. Puede que digáis eso porque estáis en contra del matrimonio homosexual, del aborto y del feminismo, y creáis que la religiosidad se substancia solo en cuestiones culturales. Sinceramente, esa es una versión muy reduccionista, basta con leer el Nuevo Testamento. Pero hay algo todavía peor, y en lo que me extraña que no hayáis caído: nada hay tan opuesto al catolicismo como el liberalismo radical que propugnáis. Se trata de una ideología que cree que la sociedad funciona gracias al egoísmo y que piensa que cuando cada uno sigue su interés, la vida en común se organiza de modo virtuoso. Si todos nos dedicamos a intentar conseguir, por ejemplo, el máximo de riqueza posible, la sociedad será mucho mejor, mientras que si intentamos actuar para mejorar la vida en común, acabaremos en el totalitarismo. Si somos egoístas, todo bien; si somos altruistas, todo mal. Es raro, porque esto no coincide en absoluto con aquello por lo que catolicismo aboga. Podéis preguntar al respecto al Papa, pero también repasar la Historia para ver como religión y liberalismo han estado enfrentados durante mucho tiempo, y con razón.

¿Cómo se lo explicarás a los policías?

Leo vuestro programa económico y me llama la atención que insistáis en una bajada de impuestos radical a la gran mayoría de los ciudadanos. No porque sea bueno o malo, que en eso cada cual tiene su visión, sino porque os obligaría a hacer enormes equilibrios. Si esa reducción tiene lugar, el Estado recaudará mucho menos y no podrá afrontar el pago de su enorme deuda pública y de los sangrantes intereses. Y francamente, no te veo predispuesto a enfrentarte a los acreedores, como tampoco te veo entrando con decisión y firmeza en la sede del FMI y en Bruselas para decir que hay que renegociar las condiciones. Pero si no haces esto, tendrás que explicar después a los policías, guardias civiles, militares y bomberos por qué, habiendo hecho bandera de la defensa de estos colectivos, van a perder poder adquisitivo, van a tener mucho menos presupuesto para realizar sus tareas y muchos menos efectivos, ya que no hay dinero. También tendrás que explicar a los pequeños empresarios, a la clase media y a los trabajadores por qué, a pesar de haber prometido una gran rebaja de impuestos, a ellos no se los podrás bajar, porque si lo hicieras te quedarías sin recursos para afrontar los pagos a los acreedores. Sinceramente, cuando decís esto, y le ha pasado al PP de Rajoy y al actual de Casado, me cuesta creeros. Y he de decir que con cierta razón, porque lo que se ha hecho en los últimos años es bajar los impuestos al 10% más rico de la sociedad española y subírnoslos a todos los demás, tanto por vía directa como indirecta.

Me parece raro que no hayas hecho mención a ese tributo que, cual conquistadores, nos cobran año tras año esas élites globales que tanto criticas

Podrías argumentarme, Santiago, que no habría problema, porque como privatizarías la mayoría de los servicios públicos, caso de las pensiones, el Estado contaría con recursos para hacer frente al pago. Es una opción económicamente arriesgada, porque las privatizaciones nos han salido caras a los españoles; fíjate en lo que nos ha subido la luz, por ejemplo. Pero demos por buena tu tesis. Hacer lo que propones no debería llevarnos a una bajada de impuestos, sino a la desaparición de casi todos ellos. Sin embargo, no será así porque, insisto, hay que hacer frente a la deuda. Dicho de otro modo, seguiríamos pagando, pero esta vez no para ayudar a otros españoles y para conservar la estabilidad, sino para que las élites globales continúen viviendo a lo grande. He de recordarte que los españoles comunes y corrientes nos hicimos cargo de las deudas de las cajas para evitar el agujero que les iba a causar el impago a bancos extranjeros, y con ellos a las finanzas globales. Y lo que me parece raro es que no hayas hecho mención de ese tributo que, cual conquistadores, nos cobran año tras año esas élites internacionalistas que tanto criticas. Eso sería importante para defender España, y no te veo en esa línea.

Los extranjeros

Lo cual me lleva al problema de los extranjeros en general. No dudo de que, si gobernases, serías firme ante la inmigración, pero me pregunto frente a cuál. Buena parte de nuestras empresas han sido deslocalizadas, otras han sido cerradas y casi todas han sido adquiridas por capital foráneo. España está en venta. Apenas tenemos agricultura y ganadería propias, no nos queda casi industria, las empresas energéticas son propiedad de fondos foráneos, buena parte de nuestros inmuebles están siendo vendidos a capital extranjero y los monopolios y los oligopolios están haciendo la subsistencia muy difícil a las pequeñas y medianas empresas nacionales. Lo lógico, como dirigente que quiere a España, sería que defendieses a nuestras firmas y que te opusieras a que los extranjeros, los de las élites globales, se hicieran con nuestro país. Pero así como otras veces no tienes problema en subirte al caballo para defender lo nuestro, en este caso no te veo muy por la labor. Más al contrario, te veo extrañamente cerca de los ricos de otros países, mucho más que de los empresarios y trabajadores del nuestro, esos que se levantan todos los días a las seis de la mañana para sacar España adelante.

Actuáis como Podemos, regresando al pasado; en vuestro caso, para arreglar ahora todas las cesiones que la derecha franquista hizo en la Transición

Y, ya que estamos, tampoco te percibo con un plan internacional para nuestro país en un momento geopolítico crucial. Habláis en contra de la burocracia de la UE, pero tampoco eres como Salvini, que quiere aumentar el gasto de sus presupuestos para ayudar a la gente de su país y se enfrenta a Europa por ese camino. Lo único que sé de vuestra posición sobre Europa es lo que dice Bardají, que sigue el juego a Bannon y a quienes quieren debilitar la UE para que EEUU saque partido. Un español pensaría en cómo defender los intereses españoles, y no los de EEUU, Alemania o China. No sé, quizá si fueras una figura a lo Charles de Gaulle, alguien que intentó que su país no perdiera peso entre la presión de los estadounidenses y de la URSS, entendería tu postura. Pero ese no es tu camino, y me pregunto cómo vas a hacer a España grande de nuevo si todo lo que conocemos de tu plan es que la burocracia de la UE es mala.

Un eje doble

Mi impresión es que nada de esto os importa. Que simplemente os habéis centrado en defender en la unidad de España, en derribar las autonomías, en acabar con el matrimonio homosexual, en frenar a las feministas y demás, es decir, en asuntos culturales que van a ayudar muy poco a España en un momento política y económicamente complicado. Te lo diré de otro modo: estáis haciendo lo mismo que Podemos. Cuando los de Pablo Iglesias ascendieron a los primeros puestos de las encuestas, nos empezaron a hablar de poder constituyente, de régimen del 78, de cultura de la Transición y demás. Daba la sensación de que querían arreglar ahora lo que no pudieron llevar a cabo hace 40 años. Y con vosotros tengo la misma sensación, que en lugar de centraros en las necesidades de la gente, estáis intentando regresar al pasado y acabar con todas las cesiones que la derecha franquista hizo en aquel momento, desde las autonomías hasta los asuntos culturales.

Vuestra aparición no tiene que ver con la llegada del fascismo ni nada eso, sino con la nueva expresión de un viejo problema del capitalismo

Por eso, y esto ya es impresión mía, os vaticino un recorrido corto. En la derecha os cierran la puerta Ciudadanos y, sobre todo, el PP, un partido con estructura local, con redes ya establecidas y con un líder que podría estar al frente de Vox sin ningún problema. Puedo equivocarme, pero creo que el papel que vais a jugar en la política española será similar al del UKIP, o al de algunos partidos populistas del norte de Europa, el de empujar a los partidos de la derecha existentes hacia posiciones más duras. En vuestro caso, podréis ayudar a que esas formaciones lleguen al poder. Quizá no sea así y esté en un error, y eso significaría que le estáis quitando gran cantidad de votos al PP y que vais a ser el nuevo partido dominante en la derecha. Lo veo difícil, pero quién sabe. Si eso ocurriera, o si llevarais al PP más hacia la derecha, lo más normal es que Ciudadanos intente aprovechar el hueco existente, gire hacia el centro y pueda encontrarse allí, aunque sea instrumentalmente, con el PSOE, formándose así un eje llamativo, con populares y vosotros por un lado, y Rivera y los socialistas por otro.

En fin, lo iremos viendo. Pero creo que vuestra aparición no tiene que ver con la llegada del fascismo ni nada eso, sino con la nueva expresión de un viejo problema. Al capitalismo le ha ocurrido en diferentes ocasiones: cuando las desigualdades son demasiado grandes, el descontento social se hace mayor y la cohesión se rompe, amenazando con generar disfunciones graves, el sistema se repliega y se hace más duro para contener y acallar a los disidentes. No le interesa cambiar su estructura, sino aumentar el control. Y creo que vuestro papel es ese, como el del bonapartismo francés de mediados del XIX.

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