¡Qué fácil es ganar dinero!

Así las cosas y un entorno de dinero muy barato, podemos estar ante un momento especialmente delicado, donde todo el sistema tiende a empujar al inversor hacía el riesgo

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Una vez confirmado que estamos ante el mejor inicio de ejercicio bursátil para el S&P500 desde 1987, muchos inversores vuelven a plantearse si esto de invertir, es realmente tan fácil. Si tomamos los 48 ETFs mundiales de renta variable en 2019, 46 de ellos presentan rentabilidades medias positivas del orden del 11%, destacando mercados emergentes como Egipto o Argentina por encima del 20% y donde, hasta nuestro Ibex 35 supera el 7%. Del mismo modo, si observamos la rentabilidad media del S&P500 (incluyendo dividendos) de los últimos 20 años, resulta que se ha generado un 10,8% al año. Si el plazo lo cerramos a los 7 últimos ejercicios, la rentabilidad anual media supera el 19%.

Podría parecer lógico que, con esos datos y en el actual entorno (a un escaso 5% de distancia del máximo histórico de ese índice), un inversor que se acerca por primera vez al mercado, viera en la renta variable una fuente sencilla para ganar dinero siempre. Y como recordaba Lawrence Fuller en un artículo reciente, esta situación de confianza extrema (solo en el 2000 se superaron las actuales lecturas del índice de sentimiento del consumidor) ya la hemos visto en el pasado y, sus consecuencias, no han sido especialmente positivas.

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Si analizamos lo sucedido a finales de los 90 en pleno boom de la burbuja puntocom, en aquellos momentos de euforia no se trataba de qué acción se compraba ni de sus fundamentales, sino de cuál de ellas experimentaría la mayor revalorización en el mínimo tiempo posible. Quedarse fuera generaba tal frustración, que inversores sin experiencia terminaron persiguiendo precios a la desesperada y el uso de apalancamiento empezó a ser algo frecuente en esta operativa. No hace falta acudir al mercado norteamericano para localizar algún referente de esa locura general, pues en nuestro mercado nacional tenemos algún caso especialmente sonado.

El caso de Terra es uno de los más escandalosos por venir de la mano de Telefónica, y por estar envuelta en una campaña mediática sin precedentes. Su precio subió más de un 213% el primer día de cotización y atrajo a muchos especuladores en busca de dinero rápido. La era internet había empezado y la búsqueda de rentabilidad indiscriminada también. Los afortunados que por prorrateo y con sorteo incluido lograron algunas acciones, lo hicieron a un precio de 11,81 euros en noviembre de 1999. En abril de 2000 marcaron un máximo por encima de 157 euros. Ganar dinero se había convertido en algo muy fácil, donde la experiencia y el conocimiento no eran necesarios. Lo que vino después es por todos conocido, cayendo la cotización desde esos máximos hasta la Opa que Telefónica lanzó a 5 euros y pico. El fin de la aventura y la ruina de muchos quedaron para el recuerdo.

Pocos años después, el pinchazo de la burbuja inmobiliaria y el estallido de la llamada crisis financiera marcaron otro de esos momentos épicos. Hasta finales de 2007 y principios de 2008, se produjo un movimiento similar al anterior centrado en los bienes raíces. En este caso, la propiedad que se comprase carecía de importancia, y los inversores solo pensaban en adquirir el máximo número de viviendas posible, depositando la mínima inversión y procediendo a su venta poco tiempo después. De nuevo, apalancamiento y euforia hacían acto de presencia en este tipo de activos (la bolsa no lo hizo mal en este periodo tampoco), creando idéntica sensación con respecto a aquello de que ganar dinero era muy fácil. Muchos se convirtieron en especuladores inmobiliarios alentados por los bajos coste de financiación, y la búsqueda de rentabilidad se convirtió en una obsesión. Lamentablemente, 2008 supuso el fin del sueño y la vuelta a una realidad que aún recuerdan y sufren muchos.

Pese a ser periodos muy diferentes, la repetición de factores como el uso del apalancamiento y no medir (y conocer) correctamente los riesgos, provocaron consecuencias muy similares. Y esa repetición de euforia y final trágico puede estar no tan lejos del momento actual, con la particularidad de que ahora mismo podríamos estar ante lo que se ha denominado como la “burbuja de todo” y no la de una sola familia de activos específicos. Si observamos el mercado de Estados Unidos, las bolsas están muy cerca de máximos históricos y cotizando a CAPE ratios muy elevados, la deuda de los estudiantes se sitúa en máximos sin precedentes, la deuda nacional y la corporativa están en idéntica situación, los precios del inmobiliario igualmente disparados, los diferenciales de crédito cerca de mínimos, etc.

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En este momento, la “caza de rentabilidad” en un entorno de bajos tipos de interés y manipulación monetaria, ha sustituido a la “búsqueda de rentabilidad” de los periodos anteriores. A los inversores se les ha hecho presionado con la idea de que, para poder intentar ganar algo, hay que asumir ahora mayor riesgo. Como comentaba hace un tiempo, se están produciendo situaciones muy similares a las vistas en el pasado, especialmente notorias en el caso de los bonos de alto rendimiento. Muchas inversiones en estos activos se están colocando entre inversores ávidos de ganar dinero, como si el riesgo no existiese. A día de hoy, los ETFs de renta fija que más suben son justamente, los de alto rendimiento (HYG) con un alza del 6% en 2019. Y como hasta la fecha nada ha sucedido, existe esa misma sensación de que todo es muy fácil. Del mismo modo, la gestión pasiva ha hecho pensar que es ésta la nueva panacea del ahorrador, colocando en una nueva situación de peligro a todo el sistema como comentaba el año pasado. Al final, no se entiende ni lo que se compra, ni el riesgo de liquidez de muchos productos, ni que se puede perder dinero.

Así las cosas y un entorno de dinero muy barato, podemos estar ante un momento especialmente delicado. Los inversores pueden tomar prestado a tipos muy reducidos y con condiciones cada vez más relajadas. Esta facilidad de crédito se aprovecha igualmente por las empresas, que llevan a cabo la recompra de acciones propias de forma masiva (nuevo record en 2018), aumentan los dividendos y dejan de lado el proceso de crecimiento. Todo el sistema tiende a empujar al inversor hacía operaciones de riesgo, repitiendo hasta la saciedad que “el dinero en el banco no produce”. Cuando las cosas se ponen feas como en diciembre del año pasado la Fed vuelve al rescate, trasladando la idea de que siempre estarán ahí, soportando los precios mediante la correcta gestión de la liquidez. Y es en este entorno cuando olvidamos lo sucedido en años anteriores, dejándonos llevar por la masa que equivocadamente piensa de nuevo, que esto de ganar dinero es muy fácil.

De Vuelta
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