Bitcoin: la tesis de inversión que debes, al menos, entender

En el “Internet del Valor” y gracias a la tecnología Blockchain, es en la infraestructura de este nuevo ecosistema donde se puede generar y recoger la mayor parte de ese valor

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La idea que les expuse en esta misma tribuna hace ahora más de cuatro años, y que desarrollé en varias partes sigue más viva que nunca y ha tomado, en este año de la pandemia, el despegue definitivo. En corto y para recordar la tesis de inversión que les he planteado a lo largo de ese tiempo, en el “Internet del Valor” y gracias a la tecnología Blockchain, es en la infraestructura de este nuevo ecosistema donde se puede generar y recoger la mayor parte de ese valor.

El punto de partida

En un artículo de Marc Andreessen en el que hablaba de cómo el “software se estaba comiendo el mundo” se ponía de manifiesto que las mayores industrias y negocios se estaban ejecutando en base a software. En ese sentido, el posicionarse en esa capa y pese a la burbuja sufrida a finales de los 90, existía clara justificación desde un punto de vista inversión.

Hoy, los criptoactivos alimentan una nueva generación de software que viene a revolucionar esos negocios, no a modo de incorporar mejoras que optimicen el actual sistema, sino con el objetivo de metamorfosear y desplazar los modelos de negocio actuales construidos en base a software. De esa forma, podríamos afirmar que en este nuevo paradigma se trata de invertir en el “software que se está comiendo al software”, es decir, en redes descentralizadas asentadas en pensamiento económico y teoría de juegos, que se basan en software de código abierto.

Ampliando y desarrollando lo comentado por gestores como H. Andersson, se plantean varias fases por las que hay que pasar para llegar a tal objetivo. En la primera, el software se “comería” a las materias primas. Tanto el oro como el bitcoin (ahora lo definiremos), son activos monetarios que cuentan con la escasez entre una de sus cualidades comunes. Sin embargo, este último es muy superior por cuanto se puede basar en el software. Eso le permite ser programable, su almacenaje es mucho más fácil y barato, es transmisible en cuestión de segundos a cualquier parte del mundo donde exista internet, es divisible hasta en ocho decimales, su autenticidad puede ser trazada con software y, en definitiva, constituye actualmente la forma más alta de propiedad privada existente. En un entorno cada vez más digital y con relevo generacional incluido, el camino a recorrer parece ser claro. En la segunda fase y gracias a la arquitectura de código abierto desarrollada alrededor de los “Smart Contracts”, se crean servicios financieros (sobretodo) que se pueden utilizar sin intermediarios, aumentando la transparencia y permitiendo la verdadera inclusión financiera y sin censura. Es el entorno DeFi que ya supera los 13.000 millones de dólares en valor bloqueado, y contempla soluciones que van desde el préstamo y depósito de valor, hasta mercados de derivados, predicción y seguros. En la tercera fase y gracias a la combinación y desarrollo de las dos anteriores, finalmente el “software se comerá al software” creándose nuevas aplicaciones que disrumpan los modelos de negocio actuales, generando flujos crecientes en el tiempo desde los sistemas financieros clásicos centralizados, hacía el entorno de las finanzas programables (DeFi). En este sentido, los criptoactivos son la gasolina necesaria para el funcionamiento de estos negocios basados en Blockchain y, el uso de la criptografía junto a los incentivos de la red, actúan como catalizadores de la adopción.

Bajo esta tesis de inversión, lo ideal sería tomar posicionamiento en la infraestructura básica pues, en caso de éxito y pese a que las capas de aplicaciones superiores pueden sufrir mayores revalorizaciones (y pérdidas), ese valor se transmitirá por toda la cadena. En ese sentido, bitcoin (BTC) como reserva de valor y Ethereum (ETH) como la Blockchain donde la gran mayoría de aplicaciones se desarrollan, deberían copar el grueso (90-95%) de la inversión destinada a estos activos (nunca más del 5% de su capital destinado a riesgo). El resto puede orientarse hacia esos nuevos proyectos que terminarán desplazando a las aplicaciones actuales.

Bitcoin (BTC)

Es el llamado oro digital que, a día de hoy, capitaliza un importe cercano a los 330.000 millones de USD, representa un 65% de todo el ecosistema y es el centro de coordinación de la primera fase descrita anteriormente. Desde su aparición en 2009 y tras 383 intentos fallidos de muerte, hasta Ray Dalio parece que ha empezado a cambiar su visión sobre bitcoin (BTC), quedando atrás aquellos miedos a estar frente a una burbuja (a día de hoy el 99,60% de los tenedores de BTC ganan dinero), se ha visto como el valor intrínseco de los activos digitales no es cero, el alto consumo de energía de los protocolos de consenso resulta que se ha optimizado, la volatilidad pese a ser aún muy elevada, presenta tendencia claramente descendente, los gobiernos ya no parece que estén en disposición de “prohibir” o limitar la adopción del bitcoin (BTC) tras la existencia de un mercado de futuros regulado (CME y Bakkt), la posesión a modo de tesorería por parte de empresas cotizadas, ver como distintas firmas de inversión no paran de desarrollar servicios de intermediación, custodia (hasta Prosegur en España) y asesoramiento a clientes institucionales o, incluso, tras la legislación que parece estar en camino (como el borrador Europeo MiCa).

Bitcoin (BTC) es un activo monetario real digital, intangible y descentralizado. Su emisión está limitada por su propio protocolo, tiene un bajo coste de almacenamiento, su valoración no depende de Cash Flows futuros, puede ser transmitido de persona a persona (P2P) y es divisible. Además, no es confiscable, su sistema monetario no da lugar a tipos de interés negativos y no existe un banco central que lo emita libremente. Además, mantiene cierto grado de privacidad y la seguridad de la red sobre la que se soporta, son algunos de los atributos que lo hacen único. Cualquier usuario, a cambio de su participación en la red mediante el aporte de poder computacional, lo puede obtener. Presenta una alternativa viable frente a un riesgo potencial de inflación, y su consideración como posible reserva de valor, a modo de oro digital, gana cada vez más sentido con el paso del tiempo.

Su modelo económico estipula la emisión máxima en el tiempo de 21 millones de bitcoins, magnitud monetaria que no puede ser manipulada ni alterada, siendo conocido el proceso que llevará la emisión pendiente hasta esa cantidad, como fecha tope, en el año 2140 (actualmente se han minado algo más de 18,5 millones). Esta oferta constante es el indicador sobre el que todo el resto de actividad se mide y, cualquier cambio en su cotización estará en función de la demanda.

En este sentido y atendiendo a la evolución de las direcciones con balances de pequeños y mayores cantidades de bitcoin, vemos como el paso del tiempo depara más adopción con menor importe, pero mayor poder adquisitivo pues, al subir la demanda sube el precio. En esa transferencia, todo el mundo gana pues se incrementa la utilidad de la red con mayor número de adoptantes voluntarios, la concentración disminuye y se garantiza un mayor equilibrio que reduce el riesgo sistémico provocado por aquellas ballenas (grandes posiciones en pocas manos) que aún persisten.

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¿Y ahora qué?

Una de las muchas características diferenciadoras de bitcoin (BTC) con respecto al resto de activos cotizados, radica en la capacidad de disponer de la información sobre las operaciones realizadas desde su aparición, pudiendo conocer cuántas direcciones activas existen en una fecha dada y su evolución, el tiempo de permanencia en la posición abierta, si el que compra o vende es un gran inversor (ballena), si los especuladores son los principales causantes del movimiento del precio o, entre otro tipo de información, ser capaces de conocer ante un precio dado del BTC, cuál es el porcentaje de direcciones que ganan dinero. Fíjese en la importancia de esta información y la diferencia con el mercado tradicional pues en esencia, nos proporciona una información muy valiosa de cara a comprender las fuerzas que pueden estar tras los movimientos de los precios y el significado de las mismas.

De este modo y utilizando esta información disponible, podemos averiguar cómo, por qué y quién está tras los últimos movimientos de precios, estado del nivel de adopción incluido. Una de las métricas más interesantes pasa por observar el balance en las Exchanges, pues su evolución determina qué se está haciendo con los mismos. En la actualidad y desde los fuertes movimientos de marzo, esa cantidad continúa bajando, lo que implica el retirar bitcoins (BTC) hacia custodia en frio, es decir, con el propósito de mantenimiento a mayor plazo.

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Otro de los indicadores a observar es el llamado “reverse risk” que trata de analizar la confianza de los inversores de largo plazo con respecto al precio del BTC en un momento determinado. Ese tipo de inversores conocen los ciclos del BTC, siendo capaces de identificar los mejores momentos para vender y comprar. Lo interesante del momento actual, que concuerda con los datos anteriores, es que a diferencia de lo sucedido a finales de 2017 y 2018 cuando el precio alcanzó cotizaciones similares, a día de hoy muestra que no existe intención alguna de salir del activo.

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Si analizamos ahora datos más fundamentales tomando el valor de la red con respecto al valor que se trasmite por la misma, a modo de ratio PER en mercado clásico, no tendríamos señal alguna de sobrevaloración pese a la cotización actual.

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El volumen de negociación real está en máximos anuales (por encima de los 3.000 millones de USD diarios), el importe de las posiciones abiertas en el mercado de futuros organizado ha tocado su máximo histórico (> 1.000 millones de USD), el inversor retail aún no se ha incorporado al mercado (así lo demuestran las métricas sociales) y, entre otros muchos datos, Ethereum 2.0 se lanzará en diciembre. En este caso y de camino a cambiar el protocolo de consenso a través del llamado “staking”, el balance de ETH así depositados no ha dejado de crecer desde el anuncio de principio de mes y, a buen seguro, se conseguirá el número de validadores establecido, existiendo en la actualidad más de 130.000 wallets preparados para tal fin.

Sin embargo y tras el fuerte aumento de precios, el nivel de codicia o euforia está en máximos de los últimos 2 años (no es lo mismo que el reserve risk), la volatilidad está aumentando en el corto plazo, el “funding rate” observado en aumento, los medios de comunicación empiezan a hacerse eco de esta zona de precios cercana a los máximos históricos y, en definitiva, la complacencia alcanza niveles muy peligrosos.

¿Cómo se gestionan estos activos?

Una vez definido el posicionamiento que se podría llevar a cabo en criptoactivos para participar del nuevo ecosistema y entendido el objetivo, así como los riesgos implícitos, hay que fijar una serie de criterios junto a una estrategia de inversión clara. Criterios que van más allá del grado de adopción y del efecto red deben ser igualmente incorporados. Se trata de crear una cartera diversificada para capturar el máximo valor, optimizando variables que deben cumplir (además) los tokens como son la resistencia a la censura, la gobernanza, el nivel de descentralización, el grado de desarrollo y número de desarrolladores en activo, la política monetaria de cada token, características de privacidad, etc.

En un entorno de tan alta volatilidad como el que este nuevo asset class aún representa, en la gestión de esa variable está la clave para cualquier inversor de medio y largo plazo. Puede ver un desarrollo más extenso en esta parte del Libro Blockchain.

En definitiva, se trata de minimizar y establecer el nivel asumible de volatilidad de la cartera configurada e ir ajustando la ponderación según se desarrolle la misma. De este modo, un aumento de volatilidad por encima de los niveles deseados, llevarán a bajar posición en aquellos criptoactivos que mayor variación experimenten, aumentando el nivel de Stablecoins y viceversa. Los ajustes dependerán de cada inversor y se buscará no estar correlacionado con el resto de su cartera. En una frontera eficiente se verá como, incorporar un porcentaje de criptoactivos de entre un 3% y un 5% mejora (hasta la fecha) la rentabilidad- riesgo de una cartera tradicional, generando una ratio de Sharpe superior.

Así las cosas y conscientes de un entorno favorable causado por una oferta monetaria en constante crecimiento, una deuda con tipos negativos en igual tendencia, una adopción que empieza a tomar magnitudes considerables y los avances en el desarrollo de las fases antes descritas, a medio y largo plazo todo apunta a mayores precios del BTC. Sin embargo, en el más corto horizonte temporal, observamos señales de peligro que pueden llevar a correcciones lógicas. Un sentimiento inversor en zona de máxima euforia, un alza vertical hasta zona de máximos históricos, incrementos de volatilidad que suponen aligerar posiciones en la forma de gestionar antes descrita y, diversas señales técnicas de agotamiento, llevan a considerar esa posibilidad en estos momentos. Si este movimiento se produce y, dejando claro que esta tribuna no es una invitación ni incitación a inversión alguna por parte del autor, aún no será tarde para tratar de entender la tesis de inversión que existe tras bitcoin (BTC) y ciertos activos digitales.

De Vuelta
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