Entrevista con la tanqueta más progresista de la historia, en Cádiz
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Juan Soto Ivars

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Entrevista con la tanqueta más progresista de la historia, en Cádiz

Pese a que el tema de fondo son las condiciones laborales y los convenios colectivos, fue la tanqueta quien acaparó un repentino protagonismo, tuits y momentos de tensión en las tertulias

Foto: Tanqueta. (RTVE)
Tanqueta. (RTVE)

El Ministerio de Interior ha justificado el uso de una tanqueta para reprimir a los manifestantes del sector metalúrgico, que han pasado nueve días de huelga en Cádiz. La protesta provocó escenas de violencia callejera que a Kichi le parecieron bien. Pese a que el tema de fondo son las condiciones laborales y los convenios colectivos, producto de la reforma laboral que el Gobierno no ha derogado, incumpliendo su promesa, fue la tanqueta quien acaparó un repentino protagonismo, tuits y momentos de tensión en las tertulias. Hablamos con ella para conocer sus impresiones.

PREGUNTA. No todos los días hablamos con un vehículo blindado. ¿Podría presentarse?

RESPUESTA. Soy la tanqueta más progresista de la historia, enviada por el Gobierno más progresista de la historia a Cádiz, donde hay problemas relacionados con el exceso de testosterona de los hombres rudos del sector, seguramente votantes de la ultraderecha, en el marco de unas protestas sin sentido. Soy de acero, tengo seis ruedas y mis pronombres favoritos son 'he/sher/ella/elle'.

Foto: Los trabajadores del sector del metal se manifiestan por las calles de Cádiz. (EFE/Román Ríos)

P. ¿Para qué la enviaron?

R. Para convencer a las y los manifestantes de la industria del metal de que vuelvan a sus casas en orden, y para arramblar a cabezazos contra las barricadas, una suerte de techo de cristal para nosotras, las tanquetas, que debemos romper para realizarnos y sentirnos libres. Además, se habían detectado discursos de odio y muy poca paridad entre los y las manifestantes.

P. El Ministerio de Interior dice que no va usted armada, ¿cómo hace para convencer a los manifestantes de que se marchen?

R. Mi mera presencia los acojona, soy una tanqueta empoderada. A los hombres les he dicho que, de camino a sus casas, no acosen a nadie, y que una vez en sus domicilios no se les ocurra ejercer violencias sexuales o agresiones machistas, ni violencia vicaria, ni ataques homófobos, ni tampoco chistes racistas, por favor, que nos conocemos, y a las mujeres les he dicho que sigan con el empoderamiento, pero siempre sin tocar las narices a la patronal. Si todo va como mi Gobierno planea, pronto todas ellas ocuparán sillones en consejos de administración, desde los que podrán seguir empobreciendo las rentas del trabajo por sí mismas.

Foto: Yolanda Díaz dialoga con Sánchez en el Senado. (EFE/Mariscal)

P. ¿Qué impresiones le causó la protesta?

R. Me ofende profundamente que un montón de machirulos y señoros destrocen todo por un sector que además es tan contaminante. Mi Gobierno, el que me envía, me ha dicho que vamos a paso de tanqueta hacia una economía verde y 'ecofriendly', hacia un desarrollo sostenible y vegano, además de digital, en el que las turbias factorías como la de Cádiz emitirán nulo carbono, porque compraremos todo el metal de países ajenos a los acuerdos de París, a precio de esclavitud.

P. Pero usted está hecha de metal...

R. Sí, yo misma estoy hecha desde las ruedas a la torreta de metal, pero estoy en proceso de deconstrucción, cosa que acabará en el desguace, algún día feliz. Soy un producto de la cultura patriarcal, llena de resabios inconscientes por mi servidumbre pasada al Ejército, pero, por mi actitud, que ya ha explicado el Gobierno, soy también un buen ejemplo de cómo podemos avanzar hacia el futuro si ponemos de nuestra parte y somos resilientes. Por el momento no tengo armas de ataque, ni ninguna otra referencia fálica. Y en mi radio interna suena todo el rato Maluma.

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P. Pese a ello, su presencia ha causado ofensa e indignación.

R. Tenemos un déficit de empatía. Yo me encargo de apartar de las calles los contenedores y barricadas, y de asustar a los trabajadores, y todo lo que recibo a cambio son insultos y discurso de odio. Pese a todo, es una gran oportunidad de reinventarme laboralmente, ahora que lo de las jubilaciones está tan complicado. En algún momento próximo espero que me conduzca una persona racializada, pero el plan a largo plazo es estar totalmente automatizada, digitalizada, de modo que no haya que dar trabajo a nadie para moverme: ser autónoma, independiente y volver a casa sola. Y alimentarme de tofu y energía eólica en lugar de la gasolina, de la que todavía no he podido liberarme, pese a los cursillos a los que asisto en el ministerio.

P. ¿No le parece contradictorio tener este discurso cuando la ponen a usted contra los trabajadores?

R. No me parece nada contradictorio, la verdad. Hablar de derechos laborales o condiciones materiales es esnob, un discurso nostálgico típico de Víctor Lenore o los del Jacobino, producto de una izquierda rojiparda que ha perdido el foco sobre las luchas del presente, que tienen que ver con la dignidad, la empatía, la resiliencia y el desarrollo seguro de las identidades minoritarias. Hay que amar a quien queramos, amar como queramos y realizarse. Yo proporciono precisamente seguridad, que es lo que busca el progresismo actualmente. Seguridad para 'todes'. Jamás se me oirá hacer un comentario ofensivo. Por ejemplo, si me mandan a la frontera de Ceuta a frenar a la ola migratoria, yo diré en todo momento “migrante” y no se me ocurrirá emplear otro término. Tampoco diré “devolución en caliente”, sino “restitución inmediata de los derechos y libertades de la ciudadanía marroquí a 'les persones' en tránsito”.

Foto: El ministro del Interior, Fernando Grande-Marlaska.(EFE/ Fernando Alvarado)

P. La verdad, habla usted como si la hubieran programado.

R. Es porque soy un ingenio mecánico. Pero estoy permanentemente conectada a Twitter para actualizar mis respuestas y adaptarlas a cada nueva situación, de manera que pueda defender a mi Gobierno siempre, aunque haga a cada paso lo contrario de lo que prometió.

P. Se acaba nuestro tiempo, ¿alguna cosa más?

R. Sí: todas estas protestas son en realidad una maniobra de la ultraderecha y de la ultra-ultraderecha, una acción de falsa bandera quintacolumnista para manchar el buen nombre del Gobierno más progresista de la historia, que se desvive por la felicidad y la inclusión plena de las y los ciudadanas y ciudadanos.

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