¿Tú también odias a los padres de los compañeros de colegio de tus hijos?
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Alberto Olmos

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¿Tú también odias a los padres de los compañeros de colegio de tus hijos?

Las relaciones sociales adultas viven una renovación inesperada cuando los hijos inician su periplo educativo

placeholder Foto: Un grupo de escolares, a la entrada del colegio. (Note Thanun para Unsplash)
Un grupo de escolares, a la entrada del colegio. (Note Thanun para Unsplash)

Para llegar tarde a un sitio no hay nada mejor que vivir enfrente. Es una de las muchas lecciones que se aprenden a la puerta del colegio. La puerta del colegio es, en suma, mucho más instructiva que el colegio por dentro. Es ahí mismo donde empieza un mundo nuevo para el adulto con hijos: el mundo de otros adultos con hijos.

Yo también pensaba que los padres que se pegaban con otros padres en los partidos de fútbol infantiles eran unos cavernícolas. Ahora les entiendo perfectamente. Todo lo que pueda pasarle a tu hijo por culpa de otro niño lleva inevitablemente a odiar a sus padres, querer pegarles y mirar para otro lado cuando su hijo se acerca demasiado a la carretera. En la segunda temporada de 'True Detective', Colin Farrell tiene un hijo gordito al que acosan otros niños. Farrell va a casa del niño acosador y le da una paliza a su padre delante de él. Luego le dice al niño que, si sigue hostigando al gordito, le arrancará la cabeza a su padre. Como idea, no hay nada que objetar, es una idea buenísima. Para una serie. En la ficción, nos desahogamos que da gusto.

Foto: Clase de un colegio en Madrid. (Alejandro Martínez Vélez) Opinión

Los padres que no son tú empiezan el primer día de colegio. Ya les conté que los niños no saben a qué se enfrentan, van inocentemente hacia el matadero de su inocencia. Pero los padres tampoco tenemos muchas pistas de lo que supone algo tan simple como llevar un niño a una institución educativa a las nueve de la mañana y recogerlo a las cuatro o cinco de la tarde. Parecía sencillo, expresado así.

Tu hijo necesita que tú hagas nuevos amigos que no te apetece hacer

Es muy complicado. A la cordialidad civilizada del “buenos días” o el “hola” va sumándose toda una burocracia relacional que inevitablemente te lleva a hacer nuevos amigos. Hacer nuevos amigos con 46 años es algo que a lo mejor no te apetece demasiado. Entonces tienes un problema. El problema es que tu hijo necesita que tú hagas nuevos amigos que no te apetece hacer.

Sacrificios

La suerte que tenemos los padres es que siempre hay una madre —normalmente la madre de tu hijo— dispuesta a sacrificarse por su bien. Hay que hacerlo, será la consigna de la madre. Qué hay que hacer. Pues ir al parque con otros niños y sus padres todos los días, organizar cumpleaños con otros niños y sus padres todos los años, acudir al cumpleaños de otro niño u otra niña todos los meses, comprar regalos, hacer bolsas con dibujitos para la profesora que se va, intercambiar juguetes y libros los jueves, llevar a tu hijo a dormir a casa de otros niños y recibir en tu casa para dormir a otros niños, así como para jugar algunas tardes. Disney Plus no se ha hecho para los niños, sino para los padres, como es obvio. Disney Plus es uno de los cuatro o cinco conceptos fundamentales de la vida de toda esta gente.

Foto: Inicio del curso escolar. Opinión

Para las personas antipáticas la situación es de mucho estrés. Asociales, introvertidos, tímidos o almas torturadas lo pasan mal en este precipitado de relaciones a que obliga el simplísimo hecho de llevar a tus hijos al colegio. Cuando yo veo a un padre o una madre que pasa de todo el mundo, no saluda siquiera, se limita férreamente a llevar a su niño y recogerlo, impermeable a los vínculos de nuevo cuño que debería estar conformando día a día con otros padres, pienso: he ahí un héroe.

Asociales, tímidos o almas torturadas lo pasan mal al llevar a sus hijos al colegio

Porque lo normal, casi inevitable, es asumir que tu vida social, tu agenda y tu WhatsApp van a dar un vuelco, y que al final tus mejores amigos serán los padres de los amigos de tus hijos. Tus hijos escogerán, de refilón, tus relaciones sociales durante la próxima década. Irás con ellos de vacaciones, después de contarles cada vez más intimidades, incluidos tus problemas con el otro cónyuge, que a su vez le contará su versión a otro padre o a otra madre en otro café matutino que acabará en una playa en la Marina Alta en agosto con todos los hijos al cuidado de uno de los padres para que los demás puedan beber alcohol por la noche. Se tomarán tantos cafés después de dejar a los niños en el colegio que en dos años escolares la camaradería cuajará a velocidad adolescente. Los viejos amigos sin hijos no entenderán estas súbitas amistades inquebrantables, tendrán celos, tendrán, sobre todo, menos cosas cada día que compartir contigo.

En una gran ciudad, donde verse regularmente con alguien exige tanto esfuerzo y disciplina como organizar un congreso mundial sobre cambio climático, tiene todas las de ganar una amistad que sale sola cada día de la rutina insoslayable de acercar a tus hijos a la escuela. Sumen a ello que, junto a los nuevos amigos, ganas varias niñeras. La amistad es poética entre gente que no tiene hijos; entre padres, es sobre todo práctica.

Foto: Clase del IES Betariz Galindo de Madrid durante una huelga educativa el pasado 2017. (EFE) Opinión

Así, a la escena de esos padres que llegan los últimos al colegio precisamente porque viven a la vuelta de la esquina, se sumarán las de los grupitos de padres que se van formando, por afinidades electivas de todo tipo, desde políticas a económicas o socioculturales (o hablas de Netflix o hablas de patatas, en fin); las de matrimonios que se van rompiendo; las de reemparejamientos; las de infidelidades; las de contrataciones o recomendaciones laborales; las de conflictos familiares e interfamiliares, fruto de la comparación de casas, coches, sueldos, ropas, maneras y ascensores. Una novela como de Henry James desgranada en 9.000 capitulitos a lo largo de 10 años.

Y, de fondo, los niños crecen y no saben quién es Henry James, no saben todo lo que sucede para que ellos puedan correr alegres por los parques, cambiando de mejor amigo cada mes, camino del futuro.

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