En una noche de bocazas, Benzema las cerró todas: odio al fútbol moderno

Cristiano y Bale aguaron la fiesta de la decimotercera Champions del Real Madrid. Una triste exhibición de egoísmo que retrata el fútbol actual y contrasta con la generosidad de Benzema

Foto: Benzema celebra el primer gol del Real Madrid en la final de Kiev. (Reuters)
Benzema celebra el primer gol del Real Madrid en la final de Kiev. (Reuters)

Vaya por delante, aunque algún forofo se espante, que la lesión de Salah provocada por Ramos condicionó una final en la que el Real Madrid era claro favorito y así lo pudo acabar demostrando. El árbitro no apreció ni falta en el agarrón -que no forcejeo- de Sergio. El central español no pretendería hacer daño al delantero egicipio, pero lo cierto es que se lo hizo y que la gran estrella del Liverpool tuvo que dejar el terreno de juego a la media hora de partido entre lágrimas de dolor e impotencia.

Desactivado el tridente Salah-Mané-Firmino y con un obligado cambio de sistema que claramente benefició al Madrid, el equipo de Klopp fue capaz de reaccionar al 1-0, pero se vino denitivamente abajo tras el golazo de chilena del recién incorporado Bale, quien le dio la puntilla con la inestimable colaboración de Karius en el 3-1 definitivo. El primer error del guardameta del Liverpool no desmerece el mérito de Benzema y el tanta veces cuestionado esfuerzo de un futbolista enorme al que solo aquellos que no tienen ni pajolera idea de fútbol se atreven a cuestionar cuando no mete goles. Como dijo Zidane: "Al que le gusta el fútbol, le tiene que gustar Benzema".

Y es que, claro, una cosa es hablar de juego, y en el caso del fútbol, un juego colectivo, y otra bien distinta hablar de jugadas y de ese individualismo que tanto daño hace. Benzema es un futbolista que siempre juega para el equipo y no para su lucimiento personal. Un delantero, no un ariete, que no se obsesiona con marcar goles, sino en generar espacios, con y sin balón, ya sea para habilitarse él de cara a la portería o habilitar a sus compañeros. De ahí que Cristiano Ronaldo sea el primer interesado en tenerle a su lado y que para Zidane su presencia en el once sea, salvo en contadas excepciones, innegociable. Yo estaba convencido de que el francés sería titular en Kiev, del mismo modo que Bale sería suplente.

Bale y Cristiano celebran el 2-1 del Real Madrid, obra del galés. (Reuters)
Bale y Cristiano celebran el 2-1 del Real Madrid, obra del galés. (Reuters)

El eterno egoísmo de Cristiano

En realidad, el '9' del Madrid no es Benzema sino Cristiano y sabido es lo mucho que le fastidia a CR7 no ser protagonista. Lo ha demostrado durante muchísimas ocasiones, aunque parece que no ha sido hasta la noche de Kiev cuando muchos madridistas por fin se han dado cuenta y quizás empiecen a entender por qué su admirado Cristiano es tan detestado. El portugués no tuvo ningún protagonismo ante el Liverpool y, pese a ganar su quinta Copa de Europa, tuvo que dar la nota. La gloria -además del premio MVP que otorga la UEFA- se la llevó Bale gracias a su gol de chilena, aunque para mí el jugador más destacado del partido fue Benzema.

Así como puede llegar a entenderse que el galés aprovechara las circunstancias para reivindicarse, las explosivas declaraciones de Cristiano nada más acabar la final parecieron premeditadas. "Fue muy bonito estar en el Real Madrid, en los próximos días hablo", soltó el luso mientras echaba un trago de agua. Minutos después, ante la lógica insistencia de los periodistas, fue un poco más concreto; "No puedo asegurar que vaya a estar el año que viene en el Real Madrid. No tengo nada que hablar con el presidente, yo le saludo siempre como un profesional".

Más tarde, cuando sus declaraciones habían eclipsado a la mismísima celebración de la decimotercera Copa de Europa del Real Madrid, Cristiano siguió dando la matraca: "No era el momento adecuado, pero he sido honesto y no me arrepiento. ¿Qué pasa? Vas aguantando, aguantando... pero te descontrolas. El problema viene de lejos y no es una cuestión de dinero. He ganado cinco Champions, cinco Balones de Oro... Ya estaba en la historia, pero ahora aún más. La vida no es sólo gloria". Increíble cómo se puede ser tan egocéntrico.

Casi al mismo tiempo, aunque en su caso en los micrófonos de la 'BBC', Bale dijo que tiene que jugar "todas las semanas. Es algo que siempre he querido hacer. Tengo que jugar todas las semanas y, si no puedo conseguirlo en el Madrid, tengo que pensarlo y lo haré este verano". Es decir, que mientras el madridismo celebra su decimotercera Copa de Europa, dos de sus estrellas hablaban de su situación personal y dejaban entrever su salida del club.

Zidane felicita a Benzema tras sustituirle en la final de Kiev. (Reuters)
Zidane felicita a Benzema tras sustituirle en la final de Kiev. (Reuters)

Este es el 'modelo Florentino'

Sí, este el 'modelo Florentino', con una plantilla plagada de estrellas capaz de ganar tres Champions seguidas, cuatro en cinco años, y al mismo tiempo un equipo que ha acabado LaLiga tercero, a 17 puntos del FC Barcelona, y fue eliminado en los cuartos de final de la Copa del Rey ante el Leganés. Claro, que al mismo tiempo este es el gran mérito de Zinedine Zidane, más allá de los títulos. No es fácil gestionar un vestuario en el que el sentimiento de pertenencia es a uno mismo. "Todo el mundo tiene derecho a hablar, pero aquí lo importante es el club", dijo en primera instancia Florentino Pérez, para más tarde, harto de que le preguntaran sobre lo mismo, añadir: "No es que Cristiano se pueda quedar, es que tiene contrato".

Después de ver cómo el portugués y en menor medida Bale aguaban la fiesta a los madridistas, me vino a la cabeza aquello del odio al fútbol moderno. Tal y como reflejó Nacho Carretero en 'Jot Down', "el merchandising, lento pero firme, lo inundará todo: el fútbol se empezó a comercializar como nunca antes y arrancó una lenta mutación que destrozó su esencia (...) El fútbol negocio se culminó con el traspaso indiscriminado de jugadores. El resto de listillos a los que el fútbol les había importado siempre un bledo se unieron al carnaval al son del dinero. Todo tipo de personajes olisquearon ganancia fácil, la tomaron y huyeron dejando la esencia del fútbol podrida sin remedio. Algo que, evidentemente, les importa un carajo. Nunca les gustó el fútbol".

Sí, tras comprobar cómo unas palabras de Cristiano eran capaces de eclipsar la tercera Copa de Europa consecutiva del Real Madrid, creo que merece la pena recordar "cómo nos reíamos de Japón cuando nos contaban que allí los aficionados siguen a jugadores concretos y no a equipos. La 'cristianización' y la 'messinización' en Europa nos devuelven ahora la bofetada. ¿Qué hemos hecho con la pasión? (...) Con el mercadeo instalado en el fútbol los clubes se convirtieron en objeto de deseo para especuladores y millonarios. Llegaron y llegan a nuestro fútbol los jeques y 'petro-ricos', que nada entienden del balón y mucho menos de fidelidad a unos colores. Exijo que no haya un solo hincha que no deteste a estos nuevos engendros, equipos que vendieron su alma al poderoso caballero en busca del éxito sin reparos".

Como escribió Carretero, los que mandan en el fútbol "no descansarán hasta que todos los aficionados se queden sentaditos, en silencio y, a poder ser, en casa. Que molestan menos. Los estadios, mejor, para los turistas japoneses y los millonarios rusos. Ellos sí pueden pagar el precio de las entradas. La deriva del fútbol es imparable. Si hay posibilidad de riqueza nada ni nadie detendrá el negocio". ¿Entienden ahora el comportamiento de Cristiano y Bale, hijos de este fútbol moderno? A los que de verdad nos gusta hablar de fútbol -y no del fútbol- al menos nos queda Benzema, quien, por cierto, entre tanto bocazas cerró todas las bocas....

A mi bola

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