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Recesión, ¿por qué no? Evitar la estanflación
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Juan María Nin

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Juan María Nin

Recesión, ¿por qué no? Evitar la estanflación

Estamos en una situación ciertamente complicada, ya que el covid y la guerra de Ucrania han añadido a la corrección monetaria y fiscal una masa de ahorro récord en nuestra historia

Foto: Foto: iStock.
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La crisis económica de 2008 se solventó con daños menores de los que podían haberse producido gracias a una decisión muy estratégica de 'compra de tiempo' para hacer las reformas estructurales que la situación exigía de manera ordenada, racional. La alternativa era una corrección brutal y un reparto de daños injusto.

La política monetaria extrema, la represión financiera y una política fiscal muy agresiva rindieron los resultados esperados gracias a una excelente gestión de tipos de interés, una expansión cuantitativa monetaria de libro y una política fiscal de déficit y deuda pública y privada muy agresiva.

¡Salvados! Pero con deberes de reformas estructurales pendientes. Mucho se ha hecho, pero no de manera uniforme y, por tanto, restan desequilibrios a corregir, de manera violenta o con nuevas concesiones temporales, pero… a corregir.

Foto: Trabajadores de la construcción en Bilbao. (EFE/Luis Tejido) Opinión
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No creo en el 'decoupling', la separación del ciclo económico USA y el de la UE, en la vida independiente del dólar USA y nuestro euro. Puede haber un lapso de tiempo que separe ambos, pero el ciclo es el mismo. También sucede entre diferentes países de la UE en cuanto a la ejecución de reformas estructurales, pero no cabe la fragmentación, un 'decoupling' interno, salvo voladura del sistema, es decir, salida del euro de algún país incumplidor e insolidario.

El proceso de gestión de la crisis de 2008, que he valorado positivamente por sus resultados y la corrección de la gran debacle que se hubiera producido, se ha visto alterado por el covid y ahora la guerra de Ucrania. Estas han sido noticias malas y nada merecidas para una sociedad que había superado lo peor.

Efectivamente, facilidad cuantitativa (QE) y tipos de interés por debajo del natural son factores de estímulo de la demanda y así han operado, por más que en el camino desde Wall Street se haya tardado en llegar a High Street, o la 'cadena de la bicicleta' no haya traccionado hasta mucho más tarde de lo previsto. Cuando lo ha hecho y estábamos en la rampa de salida, los dos accidentes mencionados (covid y Ucrania) han llegado en el peor momento.

Foto: Sede del Banco Central Europeo (BCE) en Fráncfort. (Reuters/Wolfgang Rattay)

Sin espacio para continuar el QE y seguir bajando tipos de interés, sin espacio para aumentar déficits y deuda, es decir, con la munición agotada. ¿Qué hacer?

Además, a esta situación se añade un riesgo importante de creación de 'falso capital' y liquidez debido a la expansión cuantitativa. Cuánto sector público, institución, empresa, familia ha confundido liquidez y tipos bajos con una solvencia real bien aquilatada. Nada más engañoso y tóxico. También la liquidez muy abundante generada ha creado un espejismo no solo de capital, como decimos, sino de la propia liquidez. La corrección de este fenómeno es el riesgo más elevado, puede ser cuestión de horas y en este sentido algún susto notable ha habido en fondos a corto en EEUU hace unos trimestres y un susto reciente con la deuda soberana italiana y española hace unas semanas. Las correcciones de liquidez son abruptas, de 'infarto', y las consecuencias son duras porque destruyen el 'falso capital' al que me refería antes de manera fulminante, sin tiempo de reacción.

¿Dónde estamos? En una situación ciertamente complicada, porque covid y Ucrania han añadido a la corrección monetaria y fiscal una masa de ahorro récord en nuestra historia, es decir, una demanda adicional a la prevista por el sistema y, por tanto, un empujón de consumo potenciado por la 'liberación' fin de covid, un efecto psicológico de no hay mañana...

Foto: Un paracaidista con la bandera de España, en Zaragoza. (EFE/Toni Galán)

Una demanda superior a la oferta ajustada por la crisis implica inflación y, por tanto, la necesidad de corregir la misma y evitar, esta vez por la vía de una crisis de oferta, una crisis como la de 2008. Nada más injusto que una inflación, impuesto no aprobado en vía parlamentaria, que se aplica a la destrucción de capital para todos, salvo algunos deudores, y muy especialmente a organismos públicos, instituciones, empresas y particulares más débiles.

Se hace, por tanto, necesario corregir y este es el mandato de los bancos centrales. Hay espacio en política monetaria para subir tipos y reducir liquidez, y esto es lo que se está haciendo. Pero la gran pregunta es con qué intensidad. ¿Hasta dónde pisar el acelerador? Y la respuesta es difícil, porque en la aparición de la inflación por los factores indicados se añade un potenciador, un 2º grado de efectos difíciles de medir, que es la crisis de oferta derivada de la guerra de Ucrania: energía, materias primas, alimentos, cadenas de producción, costes de la logística…, todo inflacionario, precios disparados, abruptamente. Demanda potenciada y oferta capada es un desajuste importante.

En consecuencia, hay que escoger entre dos males. Cabalgar la inflación por más injusta que sea y 'confiar' en la corrección del factor Ucrania en los próximos meses, lo que supone una aproximación conservadora que comporta un riesgo moral importante, o perseverar en política monetaria dura/muy dura, y fiscal de reconducción de déficits y deuda, y con ello aceptar la casi inevitable recesión que comportará la reducción de la demanda hasta ajustarla a la oferta disponible. Es decir, dar la cara con todos los riesgos que ello comporta.

Foto: Bolsa de Madrid. (EFE/Vega Alonso del Val) Opinión

Creo que la opción preferida en este dilema y que se está ejecutando es, 'sotto voce', aceptar la recesión como mal menor. No creo en las afirmaciones absolutas, y menos en economía, y, por lo tanto, me parece que una recesión, siendo un mal en nuestro actual estado de 'bienestar', es un fenómeno económico que podría incorporar valores positivos: el primero y más importante es reducir el impacto en el medio ambiente de crecimientos insostenibles hasta que no ejecutemos adecuadamente la transición energética. El reto es formidable y bajar el ritmo, aunque sea doloroso, debe ayudar. En segundo lugar, una recesión debería comportar la recuperación y actualización de valores éticos en desuso y desprestigio. Sirva de ejemplo la austeridad de nuestros mayores que puede volver. Bajar el consumo de energía, reducir el aire acondicionado o perder la iluminación en autopistas como ejemplos elementales… En tercer lugar, se puede evitar una situación de estanflación, trampa tóxica de la que es difícil salir y que corrige mal los daños estructurales.

La cuestión no es la pérdida de una parte del bienestar que, además, está mal repartido, de una exuberancia irracional, obscena e insostenible, sino el nivel de equidad, de justicia con que se gestionan los efectos negativos de una recesión. Impactos positivos como los que se apuntan en medio ambiente o valores morales y evitar la estanflación, por citar algunos, deberían formar parte de las bases de decisión sobre el dilema en que nos encontramos. Parece que está decidido.

*Juan María Nin es economista.

La crisis económica de 2008 se solventó con daños menores de los que podían haberse producido gracias a una decisión muy estratégica de 'compra de tiempo' para hacer las reformas estructurales que la situación exigía de manera ordenada, racional. La alternativa era una corrección brutal y un reparto de daños injusto.

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