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El informe extranjero sobre el covid en España que deberías leer
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Carlos Prieto

Diario de la pandemia

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El informe extranjero sobre el covid en España que deberías leer

Cómo España dejó de ser un país campechano por la pandemia

Foto: Farmacia barcelonesa. (EFE/Alejandro García)
Farmacia barcelonesa. (EFE/Alejandro García)

Mi nombre es Babitas R2 Sunsilk. Vivo en los anillos de Saturno. En marzo de 2020, fui enviado en misión secreta a la Tierra para estudiar las costumbres humanas (paso analítico previo a la invasión del planeta en 2026).

Mis superiores decidieron enviarme a España por ser “el país más campechano” del mundo; ideal, por tanto, para una colonización: cuando los marcianos invadamos la Tierra en 2026, lo haremos entrando por España al grito de ¡VENIMOS EN SON DE CHUFLA!, y los españoles nos dejarán entrar hasta la cocina.

Durante meses, me preparé a fondo para ser un campechano premium. Este es el diario de mi viaje interestelar a España... que me dejó trastornado.

Foto: Compras para Nochevieja en Valencia. (EFE/ Juan Carlos Cárdenas) Opinión

14 de marzo de 2020. Sábado, 21:20 horas, aterrizó en Madrid (calle Ponzano) dispuesto a quemar la noche madrileña. Adopto la forma de un canallita cuyo cuerpo colonizo. Entró en un bar. Cerrado. Entró en otro. Nadie. Salgo a la calle. Vacía. Ando un rato. Me cruzo con una persona. Intento hablar con ella. Me evita con cara de susto. Un mal día lo tiene cualquiera, pienso, pero no entiendo nada.

15 de marzo de 2020. Salgo a la calle con renovadas energías campechanas. Está vacía. Ando cinco minutos. Nadie. De pronto: un grito. Una señora me insulta desde un balcón: “Vuelve a casa, gilipollas”. Un señor me insulta desde un balcón: “‘¡PAYASO DE MIERDA!”. Un niño de siete años me insulta desde un balcón: “¡Pringao!”. Paranoia total. ¿Sabrán que soy un marciano? Empiezan a tirarme piedras desde los balcones. Corro. Llego a casa horrorizado y con el corazón en la boca.

Mando mi primer informe al comando central de Venus: "La hospitalidad del pueblo español es más densa de lo previsto. Creía que los españoles eran truhanes, señores, bohemios y soñadores, pero parecen pastores luteranos atormentados. Estoy confuso".

Foto: Preciados, el 15 de marzo de 2020. (Reuters) Opinión

16 de marzo de 2020. Pongo la tele. Un señor llamado Ferreras dice que vamos a morir todos. Raro. Sigo escuchando ¡Hay epidemia mundial y confinamiento obligatorio! ¡Ahora lo entiendo todo! ¡Elegí un mal día para hacer el canallita en Madrid!.

Paso una semana viendo tele 24 horas para empaparme de las nuevas costumbres sociales. Voy pillando el clima.

23 de marzo de 2020. Veo a un señor paseando desde el balcón. Grito: “¡HIJOPUTA, VUÉLVETE A CASA, COMO TE PILLE TE MATO!”. Mis vecinos me vitorean. Saludo. Empiezo a sentirme uno más.

Nuevo informe al comando central: "Gestapo de los balcones sustituye al fútbol como nuevo deporte nacional".

Foto: Foto: Reuters. Opinión

25 de marzo de 2020. Bajo al supermercado. Compro 700 rollos de papel higiénico. Una turba abuchea a un señor que ha venido sin guantes. Me sumo.

26 de abril de 2020. Dejan salir a los niños por primera vez en dos meses. Me asomo al balcón. Un padre lleva a su hijo de cuatro años sin mascarilla. “¡Asesino!”, le grito. Unas viejas me aplauden. Me vengo arriba. Bajo a la calle. Me encaro con el padre. Saco un palo. Le agredo... Se abren los cielos. Una fuerza me abduce hacia el cielo. Me desmayo…

Once horas después, despierto en una nave espacial. Abro un ojo. Veo a mi jefe fuera de sí: "¿QUÉ COÑO PASA CONTIGO? ¿HAS PERDIDO LA PUTA CABEZA?".

"Gestapo de los balcones sustituye al fútbol como nuevo deporte nacional"

En efecto, se trataba de infiltrarse de buen rollo en España, no de apalear españoles, acabar en el cuartelillo y que la poli descubriera el pastel marciano.

Vuelvo a Venus. Me preparo con psicólogos e hispanistas para no volver a fracasar. Mis superiores deciden esperar a que España supere el miedo al covid. Finales de 2021: reanudo la misión.

Ahora soy un guerrero zen. Preparado para disfrutar de las mejores navidades españolas en dos años. Fum, fum, fum.

10 de diciembre de 2021. Aterrizó en Madrid. Pongo la tele. Hablan a gritos sobre la variante ómicron. Vuelve la olla a presión. ¡Dios mío!

11 de diciembre de 2021. Adopto la forma de un padre de familia cuyo cuerpo colonizo. Mi objetivo es montar una cena de Nochebuena, experiencia socializadora clave de mi misión, no puedo cagarla, la cena tiene que ir bien sí o sí.

12 de diciembre de 2021. En la tele dicen que si no tomas precauciones en Nochebuena puedes matar a tus mayores. Si me cargo a alguien, mi jefe me deporta. Entro en pánico.

Foto: Gente con mascarilla en la Puerta del Sol. (Reuters/Susana Vera) Opinión
¡Oh, no, otra vez no!
Marta García Aller

Me paso quince días sin ver a nadie. Duermo con mascarilla y metido en una cápsula de gel hidroalcohólico. Me hago 17 test de antígenos al día. Tengo la nariz perforada.

24 de diciembre de 2021. Empieza la fiesta. Llaman al timbre. Entra mi supuesto cuñado, estornuda y dice: “Creo que tengo fiebre. No me he hecho el antígenos. Mejor anulamos la cena”. Me da un ataque de ira. Saco un bate. Apaleo a mi cuñado. Cuatro GEOS de Saturno entran por las ventanas y me meten a hostias en una nave espacial…

Me mandan a una mina de sal en los confines de la galaxia. Por las noches le cuento a mi compañero de litera que el campechanismo ya no es lo que era en España...

Mi nombre es Babitas R2 Sunsilk. Vivo en los anillos de Saturno. En marzo de 2020, fui enviado en misión secreta a la Tierra para estudiar las costumbres humanas (paso analítico previo a la invasión del planeta en 2026).

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