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La fantasía sexual de moda: es hora de hablar de los deseos de la gente
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Esteban Hernández

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La fantasía sexual de moda: es hora de hablar de los deseos de la gente

Nuestra sociedad parece estar abierta al cumplimiento de toda clase de deseos. O, al menos, esa es la teoría, porque la realidad es que los anhelos más sencillos resultan los más difíciles de conseguir

Foto: Los modelos Jon Kortajarena y Stella Maxwell (2019, Londres). Reuters
Los modelos Jon Kortajarena y Stella Maxwell (2019, Londres). Reuters
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Vivimos en una sociedad que aprecia especialmente las señales del triunfo, y mostrarse públicamente rodeado de ellas se ha convertido en una de las aficiones preferidas de parte de la población. Hay redes sociales del todo dedicadas a ese propósito, y otras en las que el objetivo dominante consiste en vender una imagen aceptable de sí mismo, ya sea por los lugares que se visitan, por los gustos que se muestran o por el ingenio del que se hace gala: la construcción del yo exitoso es continua. No es, desde luego, algo exclusivo de las redes. Cuando la imagen pública se vuelve tan relevante, cualquier acto de la vida cotidiana queda imbuido de esa lógica: la ropa, el reloj, el automóvil, la vivienda, las joyas, los restaurantes que se visitan, y tantas otras cosas que están pretenciosamente tejidas desde la intención de transmitir una presencia exitosa del yo.

En esa carrera distintiva, se ha intensificado una constante: el yo exitoso necesita más que nunca contar con aceptación física. Atraer a muchas otras personas es algo deseable, y dice algo bueno de quienes lo consiguen. Es otra marca de valor. Incluso opera en terrenos aparentemente ajenos, como el laboral: no hay empresas con capital simbólico en que su mano de obra no trate, además de seguir los códigos obvios, de mostrar buena presencia física. Y más si pasan de los 40: hacen ejercicio a muerte para que no se les noten las marcas de la edad.

El atractivo físico como marca de éxito

Desde luego, la imagen física funciona como resorte típico de éxito. Y, como una parte más de ella, aparece el sexo, otro elemento típico de valoración del yo. Es algo que ha estado presente siempre, pero la exhibición pública es otra muestra más de cómo el goce se ha convertido en señal de triunfo. Sea por la cantidad, por el tipo de experiencias o por la belleza de las personas con las que se practica, el atractivo pasa por el éxito sexual.

"Mi fantasía sexual preferida es hacer un trío con la paz mental y la seguridad económica"

Sin embargo, por debajo de ese mundo pretencioso, está la mayoría de la gente. De vez en cuando las realidades cotidianas salen a la superficie, y nos muestran aspiraciones muy diferentes de las dominantes, de aquellas que se señalan como exigibles. Quedan bien resumidas en un lema visto en las redes. Decía así: “Mi fantasía sexual preferida es hacer un trío con la paz mental y la seguridad económica”.

No es tan complicado

Los deseos de la mayoría de las personas están tejidos con cosas bastante sencillas, como tener un nivel de vida decente y vivir en un entorno que no nos genere más problemas de los que nosotros nos buscamos. Desde luego, el elemento aspiracional está presente en nuestra existencia, pero hoy es secundario respecto de la cobertura de algunas necesidades básicas. Nuestra sociedad tiene sus ventajas e inconvenientes, pero cada vez nos pone las cosas menos fáciles.

Hay quienes quieren ropa de marca, coches rápidos y montones de sexo, pero la mayoría de la gente tiene preocupaciones más mundanas

Basta con escuchar a los ciudadanos. Sus preocupaciones y aspiraciones más inmediatas no son demasiado sofisticadas: piden tener algo de tiempo libre y no ir corriendo a todas partes, llegar a casa y no seguir dándole vueltas al trabajo (o la ausencia de él), poder ocuparse de sus seres cercanos sin tener que hacer cuatro cosas a la vez, no tener que contar los euros para llegar a fin de mes (o buscar el día 25 cómo afrontar los días que restan), disponer de recursos suficientes como para independizarse o para iniciar un proyecto compartido, pensar en el futuro con cierto optimismo o poder dibujar planes vitales con visos de cumplirse. Hay quienes quieren fama, coches rápidos y montones de sexo, pero la mayoría de la gente tiene otras preocupaciones más mundanas.

Pobres de espíritu

Señalar esto suele ser contraproducente, en la medida en que siempre encontraremos cínicos que lo refuten, o que señalen estos deseos como banales y típicos de pobres de espíritu. Qué le vamos a hacer. Gozar de cierta tranquilidad y de una relación decente con uno mismo es esencial para tener una vida buena. Quizás haya quien ponga el acento en la marca de la ropa que lleva o en sumar una relación más para tener paz interior, pero por ese camino es muy complicado lograrla.

Foto: El nuevo sueño español, en 'La casa de papel'. Opinión

Del mismo modo, la estabilidad económica puede parecer una aspiración menor, pero cuando está tan ausente de la vida de la mayoría de la gente, se convierte en algo muy relevante. Sin embargo, a menudo se la desprecia, como si esa clase de anhelos fuera propia de personas a las que les falta capacidad de iniciativa, arrojo o valentía. Pero no es así: en muchas ocasiones, cuando se tiene seguridad, es cuando la gente se vuelve más innovadora, porque tiene una red detrás.

Hay un viejo chiste (“Oye, tú follas poco, ¿no? Ojalá”) que podría ser parafraseado como definición de nuestros tiempos: “—Oye, tú tienes poca paz mental y poca estabilidad económica, ¿no? —Ojalá”. No lo olvidemos: de aquí derivan muchos de los efectos políticos y sociales que nuestra época debe afrontar.

Vivimos en una sociedad que aprecia especialmente las señales del triunfo, y mostrarse públicamente rodeado de ellas se ha convertido en una de las aficiones preferidas de parte de la población. Hay redes sociales del todo dedicadas a ese propósito, y otras en las que el objetivo dominante consiste en vender una imagen aceptable de sí mismo, ya sea por los lugares que se visitan, por los gustos que se muestran o por el ingenio del que se hace gala: la construcción del yo exitoso es continua. No es, desde luego, algo exclusivo de las redes. Cuando la imagen pública se vuelve tan relevante, cualquier acto de la vida cotidiana queda imbuido de esa lógica: la ropa, el reloj, el automóvil, la vivienda, las joyas, los restaurantes que se visitan, y tantas otras cosas que están pretenciosamente tejidas desde la intención de transmitir una presencia exitosa del yo.

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