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Como un avestruz suicida: así se comporta la izquierda española frente a la inmigración
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Ángel Villarino

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Como un avestruz suicida: así se comporta la izquierda española frente a la inmigración

Vox y el PP protagonizan más del 80% de las iniciativas sobre inmigración. El país está secuestrado en una batalla entre lo identitario y lo humanitario que deja fuera lo importante

Foto: Foto: EFE/Ángel Medina G.
Foto: EFE/Ángel Medina G.

En septiembre del año pasado decíamos aquí que Vox es el único partido político español que quiere hablar de inmigración. Ahora se le pueden poner cifras a la intuición gracias a un informe que se hará público a lo largo de este jueves. El trabajo lo firman el 'think tank' Political Watch y la Fundación Por Causa y sus conclusiones son irrebatibles, ya que se trata de contabilizar el número de iniciativas sobre inmigración llevadas al Congreso de los Diputados por los diferentes partidos desde el 3 de diciembre de 2019 hasta el 30 de junio de 2021.

En el gráfico que encabeza este párrafo se observa cómo, en esos meses, Vox concentró el 63% de las intervenciones al respecto, seguido por el PP con un 20%. O lo que es lo mismo: los dos principales partidos de la derecha acapararon un 83% del debate migratorio. Mientras tanto, PSOE y UP se desentendían: solo un 2,6% de las iniciativas llegaba por parte del partido socialista; y un 2,2% por Unidas Podemos. Ambos son superados por EH Bildu (5%), probablemente por obra del diputado Jon Iñarritu, siempre activo en este flanco.

Resulta evidente que la izquierda española ha renunciado a hablar de inmigración y que cuando lo hace es a la defensiva: para responder al PP y, sobre todo, para confrontar con Vox. Se trata de una estrategia suicida porque en el Congreso, como en la vida, quien toma la iniciativa es quien establece el marco de la conversación. Pero además es que, en este caso, el marco lo es todo porque en el fenómeno migratorio conviven muchas realidades —positivas y negativas— y casi todas son verdad. Dejar que sea el nativismo el que marque la agenda es resignarse a discutir sobre criminalidad, marginalidad y choques culturales, en lugar de hacerlo sobre demografía, dinamismo económico o pensiones.

Foto: Ilustración: Lyubov Ivanova

El informe identifica los temas de conversación en sede parlamentaria en estos años y su retrato coincide con lo que venimos diciendo. ¿De qué se habla cuando se habla de inmigración? Del impacto sobre la seguridad, de la amenaza para la identidad nacional, del efecto llamada, etcétera. La derrota por incomparecencia de la izquierda no solo se produce en el Congreso. También se rehúye el debate desde el gobierno, escondiendo el tema y convirtiendo en una organización casi clandestina la Secretaría de Estado de Migraciones, un órgano dependiente del ministerio de José Luis Escrivá.

El cálculo electoral es lo que ha llevado a la izquierda española (así como a buena parte de la izquierda europea) a abandonar uno de los temas más importantes de nuestro presente. Socialdemócratas, democristianos y liberales —alineados en esto en otras latitudes— son incapaces de articular un enfoque moderno para salir del desesperante diálogo de besugos entre lo identitario y lo humanitario. Todos asumen que las tasa de desempleo de nuestro país hace imposible ganar unas elecciones poniendo sobre la mesa argumentos económicos y demográficos parecidos a los que ha defendido Angela Merkel en Alemania. Cosas tan evidentes como las que contaba Ramón Mahía en esta entrevista.

La técnica del avestruz de la izquierda española con la inmigración no sé si es inmoral, pero desde luego es estúpida y suicida. Gonzalo Fanjul, uno de los investigadores del informe, coincide en que han quedado “atrapados en el marco narrativo de Vox” y que están perdiendo por goleada mientras "renuncian a generar una agenda propia y a abrir debates nuevos".

Escapar de esta trampa no solo es una cuestión de táctica política, sino que además es importante. Hace ya décadas que la llegada de inmigrantes a España contribuye de manera decisiva a sostener nuestra economía y evita que se hunda la población activa. Hay que entender que por muchas ayudas que pongamos en marcha, la natalidad no va a volver a tasas de reposición. La única alternativa viable conocida es una regulación eficaz sobre migración que permita tomar el control del fenómeno y dirigirlo en nuestro favor. Algo que no va a ocurrir mientras el asunto siga atrapado en el bucle subnormal de lo identitario y lo humanitario.

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