Tecnocrática, centrista y fiable: así es la España que Pedro Sánchez vende en EEUU
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Ramón González Férriz

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Tecnocrática, centrista y fiable: así es la España que Pedro Sánchez vende en EEUU

Al presidente del Gobierno le gusta rodearse de líderes tecnológicos y económicos para transmitir la modernidad de sus políticas. Pero la realidad es otra

Foto: Sánchez, en la entrevista en el programa 'Morning Joe'. (EFE)
Sánchez, en la entrevista en el programa 'Morning Joe'. (EFE)

Pedro Sánchez inició ayer su gira por Estados Unidos. Se trata de un 'road show' de carácter económico —para alentar las inversiones en el país, ahora que se inicia la recuperación tras la fase más dura de la pandemia— y no político, por lo que el presidente, dicen fuentes de la Moncloa, ni siquiera ha intentado reunirse con Joe Biden u otros altos cargos de la Administración estadounidense.

El objetivo es hablar con fondos de inversión, empresas tecnológicas y grandes medios de comunicación para transmitirles que España 'is back on business', es decir, que se está recuperando, dispone de ayudas europeas y es un lugar idóneo para instalarse. ¿Las claves? En una entrevista de 10 minutos concedida ayer a 'Morning Joe', un programa matutino de televisión, Sánchez transmitió que su Gobierno es centrista —la lucha contra el virus no es partidista, dijo, sería un error “ideologizarla”—, que estamos camino de conseguir la igualdad de género, apenas hay rechazo a las vacunas y entendemos los vínculos entre la transición ecológica y la digitalización. Además, afirmó que España es un aliado inmejorable de las principales causas del Gobierno de Joe Biden, como el cambio climático o la contención de China. "Tras la pandemia, España está redefiniendo la hoja de ruta para la modernización de su economía (...). Y para eso nos gustaría contar con la colaboración del sector privado estadounidense".

'Morning Joe' es muy popular en su franja de emisión. Eso de debe, en parte, a sus peculiaridades editoriales, pero también a que trata a fondo los temas políticos y culturales. La cadena que lo emite, MSNBC, es progresista, pero siempre ha tenido algunos presentadores conservadores y cuenta con tertulianos de derechas.

Joe Scarborough, el copresentador de 'Morning Joe', fue congresista por el Partido Republicano entre 1995 y 2001, años en que cumplió con la ortodoxia conservadora del momento: votó en contra del aborto, a favor de las reducciones de impuestos y se movilizó para echar a Bill Clinton de la presidencia durante su 'impeachment'. Cuando abandonó la política y dio el salto a los medios, empezó a moderar sus posiciones, hasta convertirse en 2016 en uno de los contados republicanos que expresaron un rechazo frontal a Trump, a sus ideas y la manera en que estas se estaban apoderando de los valores conservadores. Desde entonces, Scarborough ha intercambiado insultos con el expresidente. También lo ha hecho la otra presentadora, Mika Brzezinski, una progresista más ortodoxa, que fue quien realizó casi toda la entrevista a Sánchez.

Foto: El presidente del Gobierno, Pedro Sánchez, en un acto del PSOE en Sevilla. (EFE)

Curiosamente, Michael Bloomberg, fundador del gigante de medios financieros que lleva su nombre y exalcalde de Nueva York, y Larry Fink, consejero delegado de BlackRock, el mayor gestor de activos del mundo, con los que el presidente también se reunió ayer, tienen un perfil ideológico similar al de Scarborough: viejos conservadores a los que su rechazo a Trump les ha colocado en el bando de los independientes o incluso de los demócratas.

Sin duda, tiene algo de casualidad, y en parte se debe a las dinámicas ideológicas de la élite estadounidense, pero es un tanto revelador que el equipo de Sánchez haya buscado esos interlocutores: gente de orden, millonarios, de férreos valores capitalistas, pero que en las circunstancias actuales están dispuestos a dar una oportunidad al progresismo y sus políticas ecológicas y expansivas. Anoche, Sánchez también celebró un encuentro patrocinado por Reuters, la gran agencia de noticias financieras, en el que afirmó que el Gobierno estaba comprometido a hacer reformas. Después de Nueva York, Sánchez viajará a Los Ángeles —donde promocionará España como un centro de producción audiovisual ante los directivos de Netflix y Universal— y a Cupertino, donde está la sede de Apple, en la que se reunirá con su consejero delegado, Tim Cook.

Foto: Javier de la Torre (izquierda), cofundador de Carto, junto a Luis Sanz, CEO.

Todo 'glamour': mucho más, piensan probablemente en la Moncloa, que los cansinos empresarios españoles, con sus inacabables exigencias económicas y su grave incapacidad para innovar y hacerse globales, siempre al calor de los favores del Gobierno.

El Gobierno bonito

Desde el principio de su mandato, esta es la imagen que Pedro Sánchez ha intentado transmitir, tanto en el plano individual como en la configuración de sus gobiernos: modernidad, apuesta por la tecnología, comodidad en un mundo globalizado —el presidente habla muy bien inglés— y conexiones intelectuales con el progresismo moderado y ecológicamente consciente. Sus caras más visibles en Europa —Teresa Ribera, Nadia Calviño y, hasta hace poco, Arancha González Laya— cumplen a la perfección ese papel que mezcla tecnocracia, progresismo instintivo y alergia a cualquier tentación revolucionaria. Es un programa que puede tener sentido para vender España en el mundo: en realidad, es sorprendente la rapidez con que, ya antes de la pandemia, ese se convirtió en el relato que querían transmitir las grandes empresas globales como su imagen de marca, un proceso acelerado ahora por el covid.

Foto: Arnaud Montebourg, con Emmanuel Macron, en 2014. (Reuters) Opinión

Con todo, este relato del presidente tiene un pequeño problema: es casi imposible de vender en España. Su Gobierno es mucho más partidista y polarizador de lo que quiere transmitir en el exterior. Pero, además, la incómoda relación con Podemos, el cortejo al mundo independentista catalán, la propia gestión de la pandemia y su insuficiente mayoría parlamentaria han expuesto mucho más el lado táctico del presidente que sus ambiciones reformistas y transformadoras.

El relato del 'capitalismo progresista' no es ni mucho menos el peor que puede enarbolar nuestro Gobierno. En muchos sentido, la senda que indica es razonable, a pesar de sus incontables riesgos. También lo es que el presidente quiera vender una imagen atractiva y moderna del país. Pero, lamentablemente, eso choca con la práctica cotidiana de su Gobierno. Para arreglar eso, necesitaría una estrategia política y una aritmética parlamentaria con las que por el momento no cuenta. Ir a 'Morning Joe' está muy bien. Verse con líderes globales, también. Pero la imagen que transmite es tan embellecida que cuesta reconocer a España en ella.

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