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"La primera fuerza que gobierna el mundo es la mentira": Revel y el conocimiento inútil
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Ramón González Férriz

El erizo y el zorro

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"La primera fuerza que gobierna el mundo es la mentira": Revel y el conocimiento inútil

El libro del filósofo francés publicado en 1988 (y reeditado ahora) conserva una asombrosa vigencia en un mundo de 'fakes news' y posverdad

Foto: Jean-François Revel.
Jean-François Revel.

Vivimos en la economía de la información. Estudiamos más años que nunca. Nos regimos políticamente por un sistema, la democracia, cuya promesa implícita es que incluye a todo el mundo. Muchos aspectos de nuestra vida están dirigidos por la tecnología. Detrás de esta, al igual que tras los asombrosos avances médicos y la comprensión de la naturaleza que nos rodea, hay un esfuerzo científico en el que nunca se ha gastado tanto y en el que nunca tantos han creído con la misma intensidad. Sin embargo, a pesar de esto, “la primera de todas las fuerzas que gobiernan el mundo —dice el periodista francés Jean-François Revel en 'El conocimiento inútil' — es la mentira”.

placeholder 'El conocimiento inútil'. (Página Indómita)
'El conocimiento inútil'. (Página Indómita)

Hoy abundan los libros sobre la posverdad y la manera en que las noticias falsas dominan la vida pública y la política. Pero 'El conocimiento inútil' es un libro de 1988 (reeditado ahora por la editorial Página Indómita) y resulta asombrosa la vigencia de su mensaje acerca de cómo la ideología enturbia la verdad, cómo los intelectuales tergiversan los hechos para adecuarlos a su visión del mundo y cómo los medios y los gobiernos confunden sistemáticamente a la opinión pública. Lo único que podría hacer que el libro hubiera quedado desfasado es el contexto político en el que se escribió: hacia el final de la Guerra Fría, cuando a pesar de los conocidos fracasos del comunismo y su próximo final, una parte relevante de la izquierda seguía cerrando los ojos ante su ineficacia y su crueldad. Y, también, un momento en el que la derecha occidental sentía que la historia le daba la razón y que Reagan y Thatcher demostraban cuál debía ser la política del futuro. Ahora la situación es muy distinta, pero aun así, a pesar de que en ocasiones haga alusiones a polémicas o episodios políticos que hoy nos son ajenos, extrañamente, el libro de Revel sigue siendo un libro de actualidad.

Un tipo singular

Revel fue un tipo singular en la Francia de la segunda mitad del siglo XX. En muchos sentidos, tenía el currículo que se esperaba de un intelectual francés de su época: se unió a la resistencia tras la invasión nazi, se formó en la Escuela Normal Superior, donde estudiaba la élite administrativa y cultural, y tras dar clases se estrenó con un clásico panfleto francés, 'Pourquoi des philosophes?' (1957). Empezó a escribir en la prensa como columnista y a aparecer en la radio como comentarista, y a finales de los años setenta dirigió 'L’Express', un respetado semanario. Revel hablaba más claro que la mayoría de los escritores franceses contemporáneos —siempre vio algo turbio bajo la complejidad retórica de filósofos como Sartre o Lévy-Strauss—, pero como ellos era de izquierdas, ateo, escribió contra el reaccionarismo de la derecha ('Lettre ouverte à la droite') y siempre se sintió cercano a la tradición ilustrada de Voltaire y Diderot, al escepticismo vital de Montaigne y al hedonismo (tiene un magnífico libro de gastronomía publicado en español en la editorial Tusquets: 'Un festín en palabras').

En los años setenta se sintió traicionado por la fascinación que la izquierda democrática seguía sintiendo por el comunismo

Sin embargo, todo cambió en los años setenta, cuando se sintió traicionado por la fascinación que la izquierda democrática seguía sintiendo por el comunismo y por el hecho de que Mitterrand se dejara “fagocitar” (la expresión es suya) por el Partido Comunista francés. Fue entonces cuando escribió sus libros más memorables: 'La tentación totalitaria' (1976), 'Cómo terminan las democracias' (1983) y, después, este 'El conocimiento inútil'. A Revel se le consideró inmediatamente un conservador, incluso un reaccionario, por sus implacables críticas a la izquierda. Para Vargas Llosa, que le dedicó un perfil larguísimo y muy recomendable en la revista 'Letras Libres', Revel era una figura comparable a Orwell, “un socialdemócrata y un liberal”, que si acaso se acercó “al anarquismo”. Creo que, como tantos anticomunistas de su época, Revel estaba más fascinado por la nueva derecha de lo que trasluce la interpretación de Vargas Llosa, pero aun así es cierto que encarnaba una figura que la izquierda nunca ha acabado de entender: la de quien es, al mismo tiempo, muy anticomunista pero no por ello muy de derechas.

Foto: Los líderes políticos mundiales en la reunión del G8 en Charlevoix, Canadá, en 2018. (EFE) Opinión

En 'El conocimiento inútil' Revel afirma desde el principio que, si bien en el pasado el gran enemigo del ser humano era la ignorancia, ahora lo es la mentira. Antes, quienes tomaban decisiones y quienes se veían sujetos a ellas con frecuencia lo hacían sin saber: ahora, por lo general, sabemos, pero decidimos engañarnos y engañar. Ya no nos preocupamos por juzgar si un hecho es real o irreal: lo que nos preocupa es si “es deseable o indeseable”. Los intelectuales aprovechan el prestigio obtenido gracias a su dominio de disciplinas como la ciencia dura, las ciencias sociales o la literatura para hablar de cosas de las que no saben nada, como la política, en la que no hacen más que proyectar su ideología. “Tenemos la suerte de disponer de un número de conocimientos y de informaciones incomparablemente mayor que el disponible hace solo tres siglos (…): ¿nos lleva eso a tomar mejores decisiones? De momento, la respuesta es ‘no’”. Ahora bien, “¿llegaremos a dar ese paso de gigante en la historia de la humanidad, a realizar esa nueva revolución neolítica, la armonización de nuestros conocimientos y nuestra conducta?”. Revel, aunque reconocía que eso ya sucedía en algunos ámbitos, era escéptico.

No creo que Revel tuviera siempre razón. La mayoría de sus críticas a la izquierda estaban justificadas —en este libro le reprocha constantemente que siga enfrentándose a un fascismo que entonces ya estaba derrotado, mientras el comunismo seguía en pie—, pero había en él algo de encendido luchador de la Guerra Fría, más motivado por la estupefacción que le producen sus viejos compañeros de viaje que por la búsqueda de la empatía con las ideas ajenas. A fin de cuentas, también Revel tenía una ideología, además de conocimientos. Pero este libro panfletario, iracundo, con cierto humor y una erudición más periodística que académica, es un magnífico recordatorio de que, como dice Revel, “la democracia no puede vivir sin cierta dosis de verdad. No puede sobrevivir si dicha verdad queda por debajo de un nivel mínimo (...) En la democracia, la información es libre (...) Pero ¿qué ocurre si es la propia información la que se las ingenia para oscurecer el juicio de los jueces?”.

Vivimos en la economía de la información. Estudiamos más años que nunca. Nos regimos políticamente por un sistema, la democracia, cuya promesa implícita es que incluye a todo el mundo. Muchos aspectos de nuestra vida están dirigidos por la tecnología. Detrás de esta, al igual que tras los asombrosos avances médicos y la comprensión de la naturaleza que nos rodea, hay un esfuerzo científico en el que nunca se ha gastado tanto y en el que nunca tantos han creído con la misma intensidad. Sin embargo, a pesar de esto, “la primera de todas las fuerzas que gobiernan el mundo —dice el periodista francés Jean-François Revel en 'El conocimiento inútil' — es la mentira”.

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