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'911', mucha policía, poca diversión

FOX Life estrena esta noche en nuestro país la nueva producción de Ryan Murphy centrada en un grupo de profesionales que trabajan en la primera línea del teléfono de emergencias

Foto: Imagen del primer episodio de '911'.
Imagen del primer episodio de '911'.

El procedimental policíaco, lo que conocemos como serie de policías de toda la vida, es uno de los géneros más clásicos de la televisión estadounidense. Antes de que 'Canción Triste de Hill Street' marcase las pautas de las producciones dramáticas que llegaron después, ya existían las series de policías. Esas en las que alguien hace algo muy malo al comienzo del episodio, los personajes de las fuerzas del orden tratan de determinar quienes son los sospechosos, y antes de que termine el capítulo el malhechor está entre rejas.

La tradición policial televisiva, que también puede incluir a los bomberos, es una de las bases fundamentales de la ficción televisiva norteamericana, también hoy en día. 'Arma Letal', 'Ley & Orden' o 'Hawai 5.0' son algunos de los ejemplos que podemos encontrar actualmente en la parrilla, en la que también tienen un lugar propio franquicias como la de Dick Wolf. El veterano productor, no contento con explotar únicamente las historias de los bomberos de Chicago, ha convertido su serie original en una factoría procedimental, y en los años siguientes ha ido estrenado producciones 'Chicago' centradas en la policía, los médicos o los abogados de la ciudad.

El por qué un autor consagrado como Ryan Murphy, padre de 'Glee' y de antologías como 'American Horror Story' y 'American Crime Story' ha sentido alguna necesidad de probar suerte en un género tan trillado es un misterio que se me escapa. Pero el creador nacido en Indianapolis y su habitual mano derecha, Brad Falchuk, han estrenado 2018 con su particular aportación a los dramas procedimentales de la mano de '911'. Una producción que ya ha sido renovada por una segunda entrega, y cuyo mayor atractivo es su elenco principal de estrellas. Porque por mucho que Murphy ponga su granito de arena en el género, es poco probable que '911' vaya a cambiar las bases de los procedimentales, o Murphy vaya a experimentar una mejora radical en su ya meteórica carrera.

'911', que esta noche estrena en nuestro país FOX Life (22:10h.) está protagonizada por Angela Bassett, Connie Britton y Peter Krause. Tres rostros conocidos de la televisión que, en el caso de ellas, también cuentan con experiencia a la hora de trabajar con Murphy. Bassett ('Master Of None') interpreta a la sargento Athena Grant, mientras que Krause ('A dos metros bajo tierra') hace lo propio como Bobby Nash, capitán en el departamento de bomberos de la ciudad de Los Ángeles. Por último Britton ('Nashville') se pone en la piel de Abby Clark, la operadora de emergencias encargada de recibir y gestionar las llamadas al número de emergencia.

Connie Britton, Angela Bassett y Peter Krause, protagonistas de '911'. (FOX)
Connie Britton, Angela Bassett y Peter Krause, protagonistas de '911'. (FOX)

Casos espectaculares

La incursión de Murphy en el género procedimental pretende poner el foco no en las víctimas de los sucesos que relata, sino en aquellos que, día tras día, están al otro lado del teléfono dispuestos a caminar hacia el peligro para salvar la vida de los demás. Para ello, los creadores de la producción recurren a casos espectaculares, que causan un gran impacto en los protagonistas pero de los que el espectador no vuelve a tener noticia. El primer grupo de atención de emergencias no detiene asesinos, ni atrapa criminales, simplemente acude y rescata a aquellos que requieren su ayuda.

Así, en el primer episodio podemos encontrarnos con una inmensa pitón enroscada en el cuello de su dueña, a un recién nacido que va a dar a las cañerías de un edificio, o a una pequeña que se encuentra sola cuando unos ladrones asaltan su casa. Puro espectáculo ideado para los amantes de las emociones fuertes, que disfrutan con el trajín del departamento de urgencias de un hospital, o con el día a día de la comisaría más importante de EEUU (sea cual sea y esté donde esté). Pero es un espectáculo corto, fugaz y tramposo que en realidad está destinado a jugar con la audiencia pero también con los personajes. Porque cuando salen del trabajo, y se quitan el uniforme, sus dramas son otros. Y son intensos.

Connie Britton en el papel de Abby Clark.
Connie Britton en el papel de Abby Clark.

Ellas y sus familias

Según la propuesta del episodio inicial de '911', los trabajadores del primer grupo de atención de emergencias son gente que además de salvar vidas, cada mañana tiene que enfrentarse a sus propios problemas. La sargento Athena Grant, por ejemplo, atraviesa una etapa complicada en su matrimonio, una crisis que amenaza con afectar a sus dos hijos casi adolescentes. Abby Clark, por su parte, vive con su madre enferma de Alzhéimer, resignada ante la idea de que quizá nunca sea capaz de recomponer su vida sentimental. Dos mujeres dedicadas a su familia, que sufren y se desviven como si la mochila de penurias que una mujer puede aguantar fuese una bolsa sin fin en la que todo cabe.

El problema es que el dramatismo (a veces impostado) que marca las dos tramas femeninas de la producción, lejos de relajarse se intensifica con la segunda entrega de la serie. Sin desvelar demasiado sobre el episodio, parece necesario apuntar que la deriva familiar de la sargento toma un camino más propio de otros creadores, y de otras cadenas, que de un tipo como Murphy, que ha sido capaz de dar a la televisión producciones impecables como 'The People vs. O. J. Simpson: American Crime Story' sin manipular de forma torticera a la audiencia. Y hasta ahí voy a leer, que diría Mayra Gómez Kemp.

Angela Bassett, la sargento Athena Grant en '911'.
Angela Bassett, la sargento Athena Grant en '911'.

El bombero machote

Más sorprendente aún resulta la deriva de la trama del personaje de Peter Krause, el capitán Nash. Si en los primeros minutos de '911', y a través de una confesión religiosa, el espectador puede descubrir en el bombero un tipo sensible, que se ha pasado diez años "entrando y saliendo de rehabilitación" por culpa de su adicción al alcohol y a algunos narcóticos, Nash no parece destinado a ser demasiado relevante en la historia. Porque las miradas y la atención la acapara su joven compañero, Buck, un novato que apenas lleva seis meses en el cuerpo de bomberos.

Buck es un joven atractivo, un bombero de los de calendario, que para desfogar la tensión propia de su trabajo acostumbra a ligar con algunas de las jóvenes a las que socorre. Pero este voluntarioso apagafuegos, que cumple a la perfección con el prototipo propio del cuerpo, también tiene sentimientos, y entre accidentes, suicidas e incendios, es capaz de sufrir y angustiarse por esas ocasiones en las que los rescates no terminan como sería deseable. Así que el destino narrativo de Nash es ser el mentor del joven y guapo aprendiz, más que el hombre que nos relate el día a día de un bombero en la ciudad de Los Ángeles. Una novedad que habría sido muy deseable y que, después de lo que 'Chicago Fire' ha hecho con ellos, y sus vidas sentimentales, era un perfil que no le habría venido nada mal a la profesión. Pero Murphy ha querido innovar tanto en el género procedimental que no ha sido capaz de resistirse a los tópicos más manidos.

Peter Krause convertido en el caoitán Nash. (FOX)
Peter Krause convertido en el caoitán Nash. (FOX)

Legítimo sí, imprescindible quizá no

Los procedimentales son un género fundamental y necesario para la pequeña pantalla, porque todos tenemos derecho a encontrar una forma de entretenimiento a nuestra medida, pero también porque no se puede estar viendo series sesudas, ni películas de Kieslowski, a todas horas. Supongo que este último matiz también es válido para Murphy, que cansado de epatar a críticos y espectadores con producciones como 'American Crime Story' o 'Feud' ha decidido derrochar imaginación, presupuesto y líneas de guion con el más básico de los géneros televisivos.

Que el guionista quiera divertirse cuando se sienta a escribir una nueva historia me parece tan legítimo como que la audiencia prefiera ponerse una comedia antes de acostarse, por aquello de irse contentos a dormir. Lo que ya no me parece necesario es que se venda como la reinvención del procedimental cuando lo único que hace es construir un relato tramposo y efectista que solo quiere jugar con los sentimientos de los espectadores. Porque no se puede ser un día el más grande de los creadores y, al siguiente, el rey del engaño narrativo, el señor de la falta de verosimilitud (si es que eso existe en este tipo de series) y el zar de la intensidad innecesaria. Y si se puede, la pequeña pantalla preferirá olvidarlo.

Desde Melmac

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