Las dos advertencias que debemos tomar en serio sobre Vox y el 'Spexit'

La extrema derecha está promoviendo la salida de España de la UE. Más allá de la retórica, deberíamos escuchar el ruido de fondo y ser conscientes de quiénes salen ganando

Foto: El líder de Vox, Santiago Abascal. (EFE)
El líder de Vox, Santiago Abascal. (EFE)

El ataque europeo a la soberanía española, denunciado por Santiago Abascal a raíz de la sentencia del TJUE, ha tenido continuación con los mensajes que ha difundido la extrema derecha, con el lema ‘Spexit’, promoviendo la salida de España de la UE. Se trata de posiciones que se han difundido por la burbuja de Twitter, y que por lo tanto suelen tener un recorrido limitado, y así hay que tomarlas inicialmente. Sin embargo, sería conveniente escuchar algo del ruido de fondo.

En primera instancia, la idea de la salida española de la UE no tiene demasiado recorrido. Nuestra sociedad es mayoritariamente europeísta, y llevaría bastante tiempo que cuajasen los mensajes en sentido contrario. Sin embargo, no es imposible. Se trata de una tendencia que ha tomado cuerpo en el sur de Europa con fuerza, que en el este es lugar común y que se está dejando sentir en el norte. Cada una de esas formaciones políticas adopta una perspectiva diferente, y sus razones y sus planes de futuro son distintos, pero coinciden en el objetivo. Sería bastante raro que en España no apareciese, y Vox ya ha iniciado el camino.

La posición táctica

El tuit de Abascal tiene esa posición ambigua, de amagar y no dar, de reclamar soberanía pero no reivindicar directamente la salida de España, que es la posición táctica dominante en muchas extremas derechas. Lo que las extremas derechas están haciendo es tensar la cuerda, llevando la Unión hacia posiciones menos unitarias como paso previo a la petición de salida.

Las tensiones que provoca la extrema derecha son una prueba de fuego para la capacidad de reacción de las élites europeas, que está siendo muy pobre

Sin embargo, esta visión es cada vez más habitual, no en la extrema derecha sino en las sociedades occidentales. Existe la sensación de que las cosas con Europa no están funcionando bien y de que es preciso hacer cambios, incluso en aquellos países, como el nuestro, en los que la Unión es la opción preferida de largo. El problema de estas tensiones que provoca la extrema derecha es que sirven de prueba de fuego para la capacidad de reacción de las élites europeas, y hasta la fecha su análisis de la situación ha sido bastante pobre y sus propuestas, muy escasas. En la medida en que se actúe con acierto o no en esta situación complicada, estas tensiones irán disolviéndose o incrementándose.

El caso Salvini

Recordemos que España, en el orden actual de la UE, juega un papel secundario, que la arquitectura del euro nos perjudica tanto como beneficia a los países del norte, en especial a Alemania, y que sin medidas que generen cierto alivio, por ejemplo, con la deuda y con el paro, va a ser complicado que, desde un lado y otro del espectro político, no crezcan posiciones anti Bruselas. Este malestar, por ejemplo, es clave en Italia. Recordemos que Salvini era el líder de un partido separatista y en pocos años se ha convertido en el dirigente de la formación que lidera ampliamente las encuestas en Italia, y lo ha conseguido con un mensaje de derechas y anti UE. De modo que, por más que parezca que no existen muchas opciones de que estas ideas cuajen en España, más vale que no pongamos la mano en el fuego.

Se discute sobre si las extremas derechas penetran en las clases obreras, pero se repara menos en a quiénes benefician estos movimientos

La segunda advertencia tiene que ver con la estructura de clase que está promoviendo este tipo de movimientos en Occidente. Y en la que la derecha española encaja perfectamente. Cuando se habla de estas nuevas fuerzas, las discusiones suelen girar alrededor de si tienen gran implantación entre los golpeados por la globalización, si penetran o no en las clases obreras o si su votante es gente airada que ve a los inmigrantes como un gran peligro, pero se repara bastante menos en quiénes se benefician de estos movimientos.

La evolución de la derecha

Muchos de quienes se sentían traicionados por la sentencia del TJUE son, además de nacionalistas españoles, económicamente neoliberales. Son votantes típicos del Partido Popular de Aznar, defensores de la UE y de los mercados abiertos, seguidores acérrimos del capitalismo y enemigos de los impuestos, que han adoptado en este nuevo tiempo posturas culturalmente más cerradas y cuya animadversión hacia la regulación de los mercados se ha hecho mayor. Por decirlo de otro modo, estos neoliberales globales que se han hecho neoliberales nacionalistas y religiosos son un buen reflejo de la evolución de las derechas. De ese entorno proceden Trump y Johnson, y consiguieron transformar por completo sus partidos.

Las clases altas trabajan hoy en empresas globales, operan en el ladrillo o se han convertido en comisionistas del capital

Debemos entender, para ver el mapa completo, qué está ocurriendo con las clases altas y medias altas españolas, lo que sirve también para explicar por qué Iván Espinosa de los Monteros fue a reunirse con fondos de la City en vísperas de las elecciones generales de abril. Esas élites reproducían su posición porque podían colocar a sus hijos en los niveles administrativos superiores del Estado-nación, encontraban empleos prestigiosos en las grandes empresas nacionales, adquirían influencia social a través de su pertenencia a las escalas superiores del ejército, o porque su fortuna venía ligada a firmas que eran poderosas localmente. Pero hoy los empresarios nacionales o se han vuelto globales o están siendo absorbidos por actores extranjeros con mucho más músculo financiero, y las élites están trabajando en empresas internacionales, operan en el ladrillo o se han acercado al capital financiero y se han convertido en una suerte de comisionistas del capital.

Fondos de inversión y grandes tecnológicas

Esas clases altas, como ya explicamos, tienen muchas más dificultades para reproducir su posición social y, al tiempo, son mucho más dependientes del capital global. Por lo tanto, sus opciones económicas preferidas son aquellas que favorecen a sus posibles empleadores, de los que depende su suerte, y por lo tanto apuestan por mercados todavía más abiertos, menos estructura estatal, impuestos mucho más bajos para las clases altas y un entorno favorable a los fondos de inversión y a las grandes tecnológicas, aunque lo tiñan de regreso a las raíces. No es extraño, por lo tanto, que giren también hacia regímenes con instituciones deterioradas. Esta es la paradoja del Brexit, que se apoya en lo nacional, en los sentimientos identitarios y en un Reino Unido más grande, cuando las propuestas económicas de Johnson favorecen a la City.

Este escenario plantea grandes retos para la UE y exige una reacción. Ese regreso a la geopolítica, liderado por EEUU y apoyado por el Reino Unido, la tiene en su punto de mira. Y si Europa no actúa de otro modo, lleva las de perder. Por decirlo más directamente: si nuestro sistema se convierte en una lucha entre los neoliberales globalistas de Bruselas y los neoliberales nacionalistas, ganarán los nacionalistas.

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