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La ayuda europea que puede venir en apoyo de Sánchez
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Esteban Hernández

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La ayuda europea que puede venir en apoyo de Sánchez

La Unión Europea, con el nuevo aliento de Macron, ha anunciado su intención de cambiar parte de sus estructuras. Y también pondrá en marcha nuevas iniciativas en el plano estratégico que pueden beneficiar a España

Foto: Macron y Sánchez. (EFE/Christophe Petit Tessone)
Macron y Sánchez. (EFE/Christophe Petit Tessone)
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El presidente vive un mal momento y sus adversarios políticos se han lanzado sobre él como si políticamente estuviera herido de muerte. Vienen, además, las elecciones andaluzas, que previsiblemente ratificarán la fortaleza del PP y de Vox y la debilidad del PSOE y las izquierdas. Por más que se trate de comicios autonómicos, el resultado tendrá recorrido simbólico en el resto de España. La idea de que un Gobierno del PP será el siguiente parece estar ya asimilada por buena parte de la población española.

La crisis del CNI ha tenido dos vertientes negativas para el Gobierno. La primera, la derivada de sus relaciones con los socios a raíz del espionaje a los independentistas, está en vías de arreglo, ya que ninguno de ellos tiene la intención de forzar la máquina, aunque el mayor peligro venga del Podemos de Iglesias, que ha atizado el descontento con más ahínco que ERC. Pero también ha dejado una mala imagen sobre la capacidad del Gobierno de gestionar una crisis, tanto en el sentido institucional, donde los descontentos se acumulan, como en la impresión que ha trasladado a los ciudadanos.

Foto: El presidente del Gobierno, Pedro Sánchez. (EFE/Quique García) Opinión

Las tensiones recientes dejan la sensación de que el cambio de Gobierno que Sánchez realizó le ha salido mal: el necesario afianzamiento del Gobierno, el regreso al partido, la introducción de nuevos rostros en la política no parecen haber sido una buena jugada, porque la sensación de improvisación y de falta de manejo de los tiempos, de cierto amateurismo, está demasiado presente.

¿Sánchez como Zapatero?

Por si fuera poco, el plan trazado por Sánchez para conseguir la reelección se ha torcido sustancialmente con la invasión de Ucrania. Se esperaba que tras la pandemia llegase una época de vitalidad económica, que se vería reforzada con la llegada de los fondos, lo cual permitiría ofrecer un buen cuadro macro y una revitalización de las cuentas de las familias. Con ese capital, con el aval de la gestión de una época complicada y de la recuperación, y con la presidencia europea de España, con todo su simbolismo, las elecciones estarían bien encarriladas. Máxime cuando enfrente estaría un PP que necesitaría los votos de Vox para gobernar.

Los cambios en el escenario internacional están por asentarse, pero no todos van a ser negativos. También pueden reforzar al Gobierno

La suma de factores, con el crecimiento de las derechas, el desgaste del Gobierno, la debilidad de sus alianzas y la previsible crisis económica que se acerca a causa de la inflación, lleva a pensar a sus rivales políticos que es el momento de asentar la tendencia y cobrarse la pieza política. Por más que las elecciones generales sean dentro de mucho tiempo (en esta época, en pocos meses, la situación cambia sustancialmente), parece el momento de situar a Sánchez en una posición parecida al Zapatero de su etapa final.

Eso es mucho decir, sin embargo. No solo por la capacidad de Sánchez de resurgir y resistir, que tiene escaso parangón en la política reciente, sino porque los cambios en el escenario internacional están por asentarse, y también pueden generar efectos que refuercen a Sánchez.

Entra Europa en juego

Hasta la fecha, todo lo que se anticipa es una situación económicamente complicada a causa de la inflación, con una recuperación que no será todo lo sólida que se esperaba. Incluso se habla de estanflación. Pero todas esas previsiones también pueden diluirse.

Foto: Pedro Sánchez, en una rueda de prensa correspondiente a una cumbre de la OTAN. (EFE/Horst Wagner) Opinión

La guerra de Ucrania supone muchos cambios, y solo estamos empezando a verlos. Si la guerra se prolonga, y la crisis tiene lugar, la Unión Europea está obligada a reaccionar, y probablemente en términos parecidos a los de la pandemia. Francia tendrá mucho que ver en un nuevo impulso europeo: es consciente de que el desacople energético con Rusia supondrá un coste, como lo tendrá el refuerzo de la defensa, de la soberanía energética y de la alimentaria.

Y los franceses tienen claro que esa transición requiere una acción conjunta. En sus previsiones, está la existencia de un nuevo fondo europeo que refuerce áreas estratégicas, en especial defensa y energía. Las previsibles resistencias alemanas y de los Estados del norte pueden ser menores, no solo por la presencia de Scholz en el Gobierno, sino porque la posición dura alemana es más endeble tras Ucrania. Y, sobre todo, porque pueden ser convencidos a cambio de ciertas contrapartidas, por ejemplo, compromisos de equilibrios presupuestarios.

En sus previsiones, está la existencia de un nuevo fondo europeo que refuerce áreas estratégicas, en especial defensa y energía

La Unión también jugará un papel, y es probable que en lugar de empezar por anunciar fondos financiados en conjunto, Von der Leyen apueste por tejer un presupuesto para reconstruir Ucrania y realizar la transición energética, de modo que el desacople con Rusia pueda llevarse a efecto, y una vez fijado, señale que solo será posible desarrollarlo mediante fondos comunes.

El acuerdo con Francia

Y, por último, hay que señalar que el Tratado del Quirinal, el acuerdo bilateral entre Francia e Italia, en que profundizaban en sus relaciones mediante la cooperación en sectores como defensa, energía, economía e inmigración, puede tener también lugar con España. La intención francesa es firmar un acuerdo con España en el mismo sentido, lo que ofrecería mayores opciones a nuestro país.

Foto: El presidente francés, Emmanuel Macron (i), y Pedro Sánchez. (EFE/Christophe Petit Tesson)

Estos tratados bilaterales son significativos, en la medida en que vienen a sustituir una opción bastante razonable para dar un impuso real a la UE. Un nuevo eje europeo, el conformado por Francia, Alemania, Italia y España, los cuatro países con más población y PIB de la UE, sería más que conveniente, en especial tras la salida del Reino Unido. Tendría todo el sentido concentrar fuerzas y que ese núcleo duro constituyera el motor necesario para estos tiempos tan complicados. Sin embargo, es una opción con escasos visos de convertirse en realidad, porque ni Francia ni Alemania ven con buenos ojos perder poder en el nuevo escenario, ya que el eje francoalemán ha sido el núcleo de la UE y no tiene intención de compartir el timón. Tampoco una alianza Francia-Italia-España sería bien vista, ya que Alemania podría recelar sustancialmente de un nuevo bloque de intereses que menoscabase su posición. De modo que estas alianzas bilaterales sirven para desarrollar nuevas iniciativas sin mover el eje del poder europeo. Pero de ellas también pueden salir iniciativas que fortalezcan a España.

En definitiva, Europa está moviéndose hacia un nuevo escenario. En ese giro, no solo son previsibles malas noticias económicas, también es posible que exista un impulso necesario para reactivar áreas estratégicas esenciales, en las que España puede adquirir un nuevo peso. La llegada de nuevos fondos y nuevas inversiones es probable y, además, Europa necesita que países como Italia y España, por su influencia en las cuentas europeas, no se vean excesivamente presionados. De ese ambiente puede obtener partido España, pero también su presidente.

El presidente vive un mal momento y sus adversarios políticos se han lanzado sobre él como si políticamente estuviera herido de muerte. Vienen, además, las elecciones andaluzas, que previsiblemente ratificarán la fortaleza del PP y de Vox y la debilidad del PSOE y las izquierdas. Por más que se trate de comicios autonómicos, el resultado tendrá recorrido simbólico en el resto de España. La idea de que un Gobierno del PP será el siguiente parece estar ya asimilada por buena parte de la población española.

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