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Un nuevo orden monetario y financiero internacional: un nuevo Bretton Woods
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Ramón Casilda Béjar

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Un nuevo orden monetario y financiero internacional: un nuevo Bretton Woods

Estamos siendo testigos directos del nacimiento de un nuevo sistema monetario y financiero internacional, respaldado no en divisas, sino en una cesta de productos básicos

Foto: Foto: Reuters/Dado Ruvic.
Foto: Reuters/Dado Ruvic.

Tiempo de decisión para tiempos nuevos. Todo tiempo nuevo conlleva incertidumbre. En otras palabras, vivimos el agotamiento del sistema de la posguerra, rematado por el fatídico acontecimiento que cambia los escenarios. Sí, me refiero a la invasión de Rusia a Ucrania, que comenzó el 24 de febrero de 2022. Un fatídico acontecimiento que provoca inmensos y peligrosos desafíos, cuyos impactos serán profundos y, además, trastocarán las estructuras del orden económico internacional que ha prevalecido desde la Segunda Guerra Mundial.

La invasión rusa acelera profusamente los cambios y las posiciones de Occidente, que necesita unir fuerzas con el objetivo de avanzar en este momento crítico del mundo. Un mundo con unos resultados que nadie quiere, pero que persisten. Unos resultados que deben dejarse atrás, estableciendo una sociedad más próspera, más justa, más feliz y en paz perpetua, como ya invocaba Inmanuel Kant en 'La paz perpetua', de 1795.

Foto: Ramón Casilda, en la presentación de su libro. (Cedida)

Aunque no escribo aquí para evocar el ayer, sino para invocar el mañana, portadora de esa sociedad humana saciable, que permita una vida y un mundo mejor, tal como ya sucedió tras finalizar la Segunda Guerra Mundial. Los años 1946-1973 fueron bautizados como 'la época dorada del capitalismo', y permitieron disfrutar de una prosperidad y un mundo mejor más que en ninguna otra época anterior.

Poca duda cabe de que, entre los factores positivos que animaron la prosperidad durante esos años, figuran los acuerdos de la conferencia monetaria y financiera de Bretton Woods de 1944, cuyo propósito era presentar de forma precisa las normas y las instituciones del nuevo sistema monetario, para facilitar en el plano interno el pleno empleo y la estabilidad de los precios, a la vez que conseguir para cada país el equilibrio externo sin imponer restricciones al comercio internacional.

La conferencia de Bretton Woods

La conferencia de Bretton Woods se llevó a cabo en medio de la incertidumbre sobre la futura distribución del mundo entre las dos potencias más poderosas de los tiempos modernos, EEUU y la URSS, con ideologías políticas y económicas radicalmente opuestas, lo que demuestra cuán crucial fue establecer rápidamente reglas monetarias y financieras compartidas y respetadas a nivel internacional para volver a la normalidad.

Foto: La vicepresidenta económica, Nadia Calviño, en Bruselas. (Reuters/Yves Herman)

Acudieron 44 países aliados, que habían unido sus recursos militares y económicos contra el nazismo alemán y el expansionismo japonés, entre los que destacaban EEUU, Reino Unido, URSS, Francia, Australia, Brasil, China e India. Su misión, en palabras de Henry Morgenthau Jr., secretario del Tesoro de Estados Unidos, "era diseñar acciones concretas para establecer las bases económicas de una paz sustentada sobre una genuina cooperación internacional". Bretton Woods creó las instituciones que ahora conocemos como el Fondo Monetario Internacional (FMI) y el Banco Mundial (BM).

Bretton Woods encontró su razón de ser en la voluntad de evitar los males que habían aquejado al mundo durante el periodo de entreguerras. La suspensión de la convertibilidad durante la Primera Guerra Mundial y la difícil situación posterior llevaron a 'inflaciones', en algunos casos galopantes, a las que todavía se sigue haciendo referencia cuando se quiere llamar la atención sobre las políticas. La vuelta al patrón oro a partir de 1925 fue acogida como una vuelta a la normalidad, pero resultó una normalidad efímera, porque el funcionamiento durante este periodo no tuvo la eficacia del mecanismo clásico y estuvo lleno de desajustes e incidentes que llevaron especialmente a la negativa experiencia de los años 1930 (guerra de divisas y empobrecimiento del vecino).

Foto: Foto: Pixabay/Steve Buissinne.

Los principales objetivos que se plantearon en Bretton Woods fueron: i) promover la cooperación monetaria internacional; ii) facilitar el crecimiento del comercio; iii) promover la estabilidad de los tipos de cambio; iv) establecer un sistema multilateral de pagos, y v) crear una base de reserva.

Los delegados centraron su atención principalmente en cuestiones monetarias y financieras, cuya estabilización y regulación eran la condición 'sine qua non' para establecer relaciones económicas 'normalizadas'. De hecho, la estructura monetaria y la financiera son el núcleo del motor económico y deben organizarse y administrarse para permitir que las empresas, las personas y las instituciones realicen operaciones, tanto privadas como públicas, destinadas a desarrollar actividades económicas viables, fructíferas y estables en el tiempo. Las actividades económicas no pueden funcionar de manera viable sin mecanismos monetarios y financieros estables, que obviamente requieren una regulación colectiva consistente. Esta perspectiva hace que cualquier acuerdo de coordinación internacional en el ámbito monetario y financiero sea tan importante.

Por primera vez en la historia, Bretton Woods consiguió que un acuerdo internacional de este tipo organizara las relaciones económicas de una gran parte del planeta: “Los delegados a la conferencia aplicaron una visión 'liberal' que buscaba reconciliar la reconstrucción de un sistema financiero multilateral abierto con las nuevas prácticas económicas más intervencionistas que habían surgido de la experiencia de la Gran Depresión”.

Foto: Foto: iStock.

Bretton Woods tuvo como piedra básica la existencia de tipos de cambio fijos pero ajustables. Los tipos de cambio fijos a corto plazo debían evitar las excesivas fluctuaciones que se habían producido en 1930 y su utilización para mejorar la competitividad. No obstante, la posibilidad de modificarlo en situaciones excepcionales, cuando un país tuviese un desequilibrio fundamental, hacía posible su utilización como instrumento de ajuste ocasional. Se evitaba así la rigidez del patrón oro, que había mostrado su incompatibilidad con las políticas nacionales a principios de los años 1930 y que todavía lo hubiera sido más en el mundo de la posguerra, dominado por el pensamiento keynesiano y su preocupación prioritaria por el pleno empleo.

Se establecían unos tipos de cambio fijos en relación al dólar y un precio invariable del dólar en oro, 35 dólares la onza. Cada país fijaba el valor de su moneda en términos de oro o dólares y mantenía su cotización dentro de un rango de más o menos un 1% respecto a la paridad de la moneda en que se intervenía, es decir, el dólar en la mayor parte de los casos. Las paridades podían, sin embargo, alterarse ocasionalmente. El sistema permitía el ajuste de los tipos de cambio y evitaba así la rigidez del patrón oro, que había llevado a su ruptura en los años 1930. Para ello, cualquier país, tras obtener la autorización del FMI, podía modificar su paridad y volver a mantener la estabilidad de los tipos de cambio, como antes, en el entorno de la nueva paridad.

Foto: La naturaleza es uno de los valores más seguros (Foto: Jose Luis Gallego)

Los acuerdos gobernaron las relaciones monetarias y financieras entre los países occidentales, que se apartaron del nacionalismo económico, sin regresar a la política de 'laissez-faire' de los años anteriores a la Primera Guerra Mundial, que presuponía que el éxito económico se desentendía de los problemas del desempleo y de la desigualdad.

De esta manera, los países occidentales optaron económicamente por una vía intermedia entre liberalismo y socialismo. El nuevo orden combinaba la prosperidad con la participación del Estado, el mercado con la protección social y la estabilidad con la democracia. Permitía la apertura económica internacional, con controles sobre inversiones a corto plazo, la protección de la agricultura mediante los acuerdos comerciales preferenciales como el Mercado Común Europeo, combinando los apoyos al empresario y la empresa con una amplia red de seguridad social. El resultado fue una densa combinación entre mercados expansivos y gobiernos intervencionistas, grandes empresas, poderosos partidos políticos y organizaciones sindicales, lo que permitió la tasa más alta de crecimiento y la estabilidad económica más duradera de la historia moderna, y todo ello —no se olvide— con el trasfondo de la soterrada batalla entre el mundo occidental y la URSS, conocida como la Guerra Fría.

Foto: El presidente de la Fed, Jerome Powell. (Reuters/Pool/Tom Williams) Opinión

Pero el mundo cambió súbitamente el 15 de agosto de 1971, cuando el presidente de Estados Unidos, Richard Nixon, cerró de golpe la 'ventanilla del oro', suspendiendo la convertibilidad del dólar. Aunque no era su intención, este acto marcó el final del sistema de tipos de cambio fijos. Pero, en realidad, con el aumento de los flujos de capital transfronterizos privados, un sistema basado en tipos de cambio fijos para las principales monedas ya no era viable y la decisión de Nixon, denunciada en ese momento como una abrogación de las responsabilidades internacionales de Estados Unidos, allanó el camino para el 'sistema monetario internacional moderno'. Así nació sin oficializarse un nuevo Bretton Woods.

La cuestión que se plantea entonces es por qué un sistema que funciona tan adecuadamente tuvo que ser sustituido no muchos años después de haberse perfeccionado. No obstante, esto solo hubiese retardado una ruptura que era inevitable. El sistema de Bretton Woods había sido creado con determinados vicios congénitos, como la falta de un mecanismo propio de creación de liquidez o las asimetrías de su mecanismo de ajuste; pero, sobre todo, se fundamentaba sobre una posición hegemónica de Estados Unidos y unos controles sobre los movimientos de capital que ya no se correspondían con la realidad a principios de los años de 1970, lo que hacía que sus días estuviesen contados.

Un nuevo Bretton Woods

Un nuevo Bretton Woods debe establecer, después de un largo periodo de tumultuosas relaciones financieras, unos acuerdos que estabilicen y mantengan las relaciones monetarias y financieras internacionales bajo control, para facilitar la reactivación de las relaciones económicas mundiales. Por lo tanto, el diseño de dicho marco debería permitir a los países desarrollar relaciones económicas de manera fluida, estable y beneficiosa.

Foto: Sede del Banco de España en Madrid. (EFE)

Situación que requiere un conjunto de reglas que las partes deben respetar. También requiere que los países miembros consideren la pertenencia en el marco de los acuerdos como más beneficiosa que si permanecieran fuera de ellos. Por lo tanto, dichos acuerdos debe cumplir al menos dos obligaciones: i) deben ser capaces de fijar reglas de juego comunes que sean respetadas por todos y, al mismo tiempo, ii) deben ser lo suficientemente flexibles como para permitir que los países miembros implementen políticas económicas en paralelo con las limitaciones colectivas impuestas. Por lo tanto, el sistema debe diseñarse como una combinación de rigidez y flexibilidad.

Además, el sistema debe incorporar el principio fundamental de que su estabilidad depende de la cooperación monetaria internacional. Aunque el mundo de 1971 poco se parecía al de 1944, del mismo modo que el sistema monetario y financiero internacional de hoy se parece muy poco al de 1971, y menos aún después de la invasión rusa.

Anterior a la invasión rusa y más aún tras ella, se ha intensificado la inestabilidad del sistema monetario y financiero internacional, que por si fuera poco no cuenta con referentes como lo era Bretton Woods. Actualmente, la teoría económica se ha revelado compleja, al fijar la tarea de establecer mecanismos que faciliten el logro de una estabilidad monetaria y financiera internacional duradera. A raíz de la crisis financiera de 2008, esta cuestión ha cobrado un fuerte protagonismo en la agenda política y económica internacional, como señala el Banco Internacional de Pagos (BPI). Podría decirse que esto no ha sucedido por casualidad, como dan cuenta el 84º y 85º informes anuales, donde se explican las razones por las que los regímenes monetarios nacionales han sido hasta ahora incapaces de asegurar una estabilidad financiera duradera.

Al respecto, desde la década de 2000, algunos economistas argumentaron que las políticas practicadas por los bancos centrales y la estrategia orientada a la exportación de los países asiáticos dependían en gran medida del dinero interno. Entonces se decía, como ya he señalado, que el mundo tenía un nuevo Bretton Woods, cuyos cimientos se derrumbaron durante los primeros días de la invasión rusa, concretamente, cuando el 28 de febrero de 2022 el G-7 se apoderó de la mitad de las reservas de divisas de Rusia (635.000 millones de dólares).

Foto: El presidente ruso, Vladimir Putin. (EFE/EPA ALEKSEY NIKOLSKYI)

Así que ahora, sin oficializarse, estamos en un momento Bretton Woods, con el agravante de que el dólar será mucho más débil cuando termine la guerra de Ucrania, según el informe de Credit Suisse. Mientras que el yuan será mucho más fuerte, al encontrarse respaldado por una cesta de productos básicos. El informe describe que los precios de los productos básicos en Rusia están colapsando, pero fuera del país están subiendo. En este sentido, la pregunta es quién proporcionará respaldo a Rusia para que los productos básicos no colapsen y bajen sus precios. En este caso será China, uno de los pocos países que pueden comprárselos, y además lo haría a precios relativamente más baratos, mientras que para Occidente resulta todo lo contrario, tiene que pagar altos precios, y esto con especial referencia a los hidrocarburos.

De forma que, en esta ocasión, el nuevo sistema monetario y financiero internacional no estará respaldado por el dólar. Los productos básicos, como indica el informe de Credit Suisse, serán en lo que se base el nuevo Bretton Woods. Así que estamos siendo testigos directos del nacimiento de un nuevo sistema monetario y financiero internacional, respaldado no en divisas, sino en una cesta de productos básicos que, probablemente, debilitará el sistema del eurodólar y contribuirá a desatar las fuerzas inflacionarias en Occidente, concluye el informe.

Foto: Imagen de un supermercado.

El nuevo Bretton Woods debe construir un futuro mejor, al menos basándose en los tres imperativos básicos según Kristalina Georgieva, directora gerente del FMI, quien pide volver a los valores de cooperación y solidaridad en el escenario internacional. “Para reflexionar sobre la drástica transformación que ha sufrido el mundo en 2020, hice una visita a Bretton Woods, donde 44 hombres firmaron nuestro Convenio Constitutivo en 1944. Nuestros fundadores se enfrentaron a dos tareas enormes: abordar la inmediata devastación causada por la guerra y a la vez sentar las bases de un mundo más pacífico y próspero. En la clausura de la conferencia de Bretton Woods, John Maynard Keynes recalcó la importancia de la cooperación económica internacional como esperanza para el mundo. “Si podemos continuar... La hermandad del hombre vendrá a ser más que una frase” (FMI. Discurso: 'Un nuevo momento de Bretton Woods', 15-10-2020).

De acuerdo con el Banco de Pagos Internacionales, una mejor comprensión del SMFI, cuyo problema principal es la incapacidad para evitar que se produzcan desequilibrios financieros. Dichos desequilibrios podrían localizarse en el alto endeudamiento generalizado de los Estados, primero para hacer frente a la Gran Recesión, posteriormente a la crisis del coronavirus y ahora a la crisis de la guerra de Ucrania. Para hacer frente al endeudamiento generalizado, como han recordado Massimo Amato y Luca Fantacci, hay que recuperar la International Clearing Union.

Foto: Manifestante, con una pancarta de 'Paren a Putin' en Lausana, Suiza. (EFE)

La International Clearing Union no solo se basa en la exigencia de corrección del déficit, sino principalmente del superávit, como único medio de encontrar el equilibrio y eliminar la preferencia por la liquidez. Para hacer frente al riesgo de impago, los mercados financieros buscan seguridad fundamentada en la liquidez y en la monetización del riesgo. Frente a la liquidez de los mercados financieros, la respuesta adecuada al riesgo del crédito es la cooperación entre deudores y acreedores, basada en la confianza y en la simetría de las obligaciones: el deudor debe pagar, el acreedor tiene una obligación simétrica, debe gastar comprando al deudor.

Avanzar en el diseño del nuevo Bretton Woods exige un diagnóstico claro y preciso. También es importante tener en cuenta que el dólar de hoy no es el mismo dólar de Bretton Woods. Mientras aquel se sustentaba en el oro, hoy no tiene respaldo metálico, ni ningún respaldo intrínseco que limite su emisión. A niveles prácticos, la Reserva Federal tiene la capacidad de emitir la cantidad de dinero que necesite. Bretton Woods dejó muy claro que confiar el poder a la hegemonía de un solo país y su moneda acaba siendo inviable.

Foto: Mercado en Washington D. C. (EPA/Will Oliver)

El mundo de hoy tiene como referente histórico más cercano la Segunda Guerra Mundial. Entonces, antes de que finalizara oficialmente y antes de que concluyera el mandato de la Administración del presidente de Estados Unidos Franklin D. Roosevelt, este anunciaba la Conferencia de Bretton Woods, el 26 de mayo de 1944.

Todo tiempo nuevo es por fuerza tiempo de incertidumbre, y de la incertidumbre al miedo no hay más que un paso, y con miedo no cabe crear nada. Por eso mismo, el tiempo de hoy exige arrojo y acción. "Nos encontramos en un momento crucial para la comunidad internacional. Las medidas que tomemos hoy, juntos, serán determinantes para el futuro. No puedo dejar de pensar en Bretton Woods, cuando, en medio de las oscuras sombras de la guerra, los líderes mundiales se reunieron para contemplar un mundo mejor. Fue un momento histórico de valentía y cooperación que hoy necesitamos" (Kristalina Georgieva).

Foto: Puerto de Valencia. (Reuters/Heino Kalis)

Estamos en directo, presenciando el final de la globalización y la ruptura del mundo en dos esferas grandemente desconectadas. Un Occidente liderado por Estados Unidos que sateliza a Europa occidental, Canadá, Australia…, y un bloque gigante liderado por China y con Rusia de socio a la fuerza, más los 34 países que no han censurado a Rusia en el Consejo de Seguridad de Naciones Unidas y que suman casi 4.000 millones de personas. En cuanto a la seguridad, el sistema internacional no ha sabido sustituir el sistema de bloques basado en la disuasión por otro basado en la cooperación. El resultado está a la vista. Asistimos a una reordenación del planeta, para lo cual se va a necesitar, en mi opinión, un nuevo Bretton Woods.

Conclusiones

En este artículo subyace la idea de que el sistema monetario y financiero internacional es un proceso histórico en evolución, cambio y adaptación. Las opciones que tienen las reformas del sistema monetario internacional, y por tanto los mercados financieros internacionales, se fundamentan, según Kristalina Georgieva, directora ejecutiva del FMI, en que la crisis mundial de salud y los problemas económicos crecientes que ha propiciado colocan al mundo en un nuevo momento Bretton Woods, intensificado por la guerra de Ucrania.

Algunos pueden decir que ahora no es el momento adecuado para pensar en grande. De hecho, estamos en medio de la guerra de Rusia en Ucrania, junto con la lucha persistente contra una pandemia global y una larga lista de otras iniciativas en curso. Sin embargo, veo que este es el momento adecuado para trabajar para abordar las brechas en nuestro sistema financiero internacional que estamos presenciando en tiempo real.

Foto: La directora gerente del FMI, Kristalina Georgieva. (Reuters)

Yanet L. Yellen recordaba en su discurso en el Atllantic Council que los funcionarios del Tesoro comenzaron a elaborar propuestas para el FMI, el BM y el sistema monetario y financiero internacional de la posguerra en 1941, en plena Segunda Guerra Mundial. Tres años más tarde, en la inauguración de la Conferencia de Bretton, que tuvo lugar cuando la invasión aliada de Normandía aún estaba en marcha, el presidente Roosevelt dijo: "Es apropiado que incluso mientras la guerra por la liberación está en su apogeo, [nosotros] deberíamos reunirnos para tomar consejo unos con otros respecto a la forma del futuro que hemos de ganar". "Como entonces, no debemos esperar a una nueva normalidad. Debemos comenzar a dar forma a un futuro mejor hoy", finalizaba en su discurso Yellen.

Los dioses ciegan a quienes quieren perder”, escribió el clásico latino.

*Ramón Casilda Béjar. Profesor del Instituto de Estudios Bursátiles y de la Escuela Diplomática. Autor del libro 'Capitalismo Next Generation. Empresario y empresa en el mundo post covid-19'. Editorial Tirant Lo Blanch. Valencia, 2021.

Tiempo de decisión para tiempos nuevos. Todo tiempo nuevo conlleva incertidumbre. En otras palabras, vivimos el agotamiento del sistema de la posguerra, rematado por el fatídico acontecimiento que cambia los escenarios. Sí, me refiero a la invasión de Rusia a Ucrania, que comenzó el 24 de febrero de 2022. Un fatídico acontecimiento que provoca inmensos y peligrosos desafíos, cuyos impactos serán profundos y, además, trastocarán las estructuras del orden económico internacional que ha prevalecido desde la Segunda Guerra Mundial.

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