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Pablo Pombo

Crónicas desde el frente viral

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Medidas que no protegen lo más urgente

Después del anuncio no hay ningún español que pueda saber a ciencia cierta si es o no es un fascista

Foto: El presidente del Gobierno, Pedro Sánchez. (Europa Press/Matias Chiofalo)
El presidente del Gobierno, Pedro Sánchez. (Europa Press/Matias Chiofalo)
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Después de tanto y tanto procrastinar, el Gobierno terminó boicoteándose a sí mismo y el gran anuncio quedó eclipsado por una falta de seriedad que sólo se explica por la extrema debilidad. Tocó sainete. Hubo miembros del Consejo de Ministros que se negaron a entrar como si aquello fuese una reunión en la Facultad.

Si los de Sumar optaron por el teatro, malo. Malo por el esperpento en medio de una situación tan preocupante.

Si la ultraizquierda trató de imponer la ideología sobre la urgencia, malo. Malo por el partidismo en plena emergencia nacional.

Y si estuvo a punto de haber un cisma real en el seno del Ejecutivo, malo. Malo porque una guerra dentro del Gobierno no parece el mejor remedio para hacer frente una guerra internacional.

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En otro escenario, el espectáculo daría para morirse de risa. Como es grave le dan a uno ganas de morirse de pena. Afortunadamente, Sánchez estuvo dispuesto a levantarnos el ánimo para corroborar el lado cómico que habita en quienes sufren pulsiones autoritarias tan agudas como las suyas.

Tuvo el detalle, imprescindible en este trance de decirnos cómo se siente. Así que al menos podemos sentirnos bendecidos. Seguro que Trump y Merz se han escondido bajo la mesa, asustados. Fijo que los islamistas empatizarán pronto con él. Al menos yo, lo reconozco, encuentro en los siempre sinceros sentimientos del Presidente una razón para seguir viviendo y no dejarme llevar por el absurdo existencial. Menos mal.

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Añadió, además, otro gesto de generosidad regalándonos algunos de sus grandes éxitos habituales. El uso de la tribuna presidencial para hacer propaganda sectaria, el tono de Paolo Coelho para contarnos que saldremos más fuertes en lugar de más pobres y la tradicional grandilocuencia. "España tendrá el mayor escudo social de Europa", quiso contenerse y no citar al sistema solar, quizá por no agraviar más a los pobres habitantes de los países nórdicos que deben ver en nuestro blindaje a las clases medias un motivo de envidia sin igual.

No contento con hacer de Sánchez, quiso Sánchez ser más Sánchez que nunca y demostrarnos que van a más sus problemas de relación con la realidad. Resulta que todo estaba listo para tener los Presupuestos Generales del Estado, que la mayoría estaba más junta que los 300 de las Termópilas y que todo el proyecto se desvaneció en el aire porque estalló una guerra en la otra punta del mundo.

Muchos de los más avisados debieron ver una grave acusación a la democracia ucraniana por haber cometido la imprudencia de aprobar los suyos. Puede que nuestro líder esté también enfadado con Zelenski por haber cometido la irresponsabilidad de cumplir su mandato constitucional mientras las bombas y los drones, cualquiera sabe. Lo único seguro es que la resolución del misterio de los PGE de este año puede extenderse fácilmente a los ejercicios anteriores. De todos es sabido que todo empezó en las malditas Guerras Médicas.

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Ese es el total que emitieron después el informativo de Corea del Norte, con un bonito "나중에 불평할 수 있도록" impreso en la pantalla –"Para que luego os quejéis"-.

El argumento contiene una lógica bella e inapelable, extensible para el porvenir: España no tendrá presupuestos mientras haya una sola guerra en el mundo (y nadie debería tenerlos). Se ve que el "No a la guerra" es, en el fondo, una reivindicación de la rutilante María Jesús Montero.

Tuvo más problemas Sánchez para explicar el bandazo de la bajada impositiva en el ámbito energético. Bajar impuestos vuelve a ser de izquierdas. No es mala cosa, a pesar de que genere ciertas tensiones colaterales para gestionar el muro. Después del anuncio no hay ningún español que pueda saber a ciencia cierta si es o no es un fascista.

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Otra prueba más, quizá la más angustiosa, de que efectivamente vivimos en la era de la incertidumbre. Y un espinoso reto para la supervivencia de nuestra democracia porque si la ultraizquierda vota esta bajada de impuestos, la ultraderecha se habrá hecho con todos los escaños de la Cámara y estaremos perdidos del todo. Por eso, sí, mejor, es mejor que Sánchez gobierne sin el concurso del Parlamento. Conviene cerrarlo cuanto antes.

La alarma antifascista distrajo a los periodistas de la noticia del día. Habrá dos decretos, uno con las medidas que básicamente sugirió el PP y votará la ultraizquierda a pie juntillas. Y otro con las medidas del farol de Sumar que no votará Junts y, probablemente, tampoco el PNV. Hasta ahí nada fuera de lo habitual. Sin embargo dijo Sánchez "Aún no tenemos la mayoría". ¿Sigue vivo el proceso de negociación en Suiza con Puigdemont o sigue muerta la suma de la investidura y el Gobierno no pude gobernar? El gato de Schrödinger está vivo y muerto al mismo tiempo. Lo importante es que no sirve para cazar ratones.

El Presidente no está pensando en la presidencia sino en su supervivencia. Tiene asumida la derrota, necesita un resultado electoral tolerable para los socialistas y, por consiguiente, arrasar a la ultraizquierda. El decretito por el que los comunistas han montado el numerito no es más que otra vía muerta electoral a través de la inutilidad política total.

Foto: rearme-europeo-estado-democracia-espana Opinión

El caso, por increíble que parezca jinete tras jinete del apocalipsis, es que Sánchez sigue exclusivamente pendiente de lo suyo en el sentido literal de la expresión. Y ante tan noble misión, no somos nadie para reprocharle el pequeño olvido que ha cometido. Seríamos unos desagradecidos si pensásemos que el paraguas abierto por el presidente desprotege las necesidades más básicas, no ya de los más vulnerables sino del conjunto de las clases medias.

Sucede que los españoles tenemos la mala costumbre de comer y que ese capricho está amenazado por la crecida de los precios. Los alimentos vienen subiendo el doble que lo demás y pudiera no sobrar algún gesto. No sé, por ejemplo, el IVA a la carne y al pescado para que la nutrición equilibrada de los chavales esté a salvo de todo peligro.

Entiendo que si la guerra se prolonga tendremos la fortuna de poder alimentar a nuestros hijos con los ladrillos del muro. Supongo que para eso van todos los esfuerzos. Una inversión extraordinaria, para quitarse el sombrero.

Después de tanto y tanto procrastinar, el Gobierno terminó boicoteándose a sí mismo y el gran anuncio quedó eclipsado por una falta de seriedad que sólo se explica por la extrema debilidad. Tocó sainete. Hubo miembros del Consejo de Ministros que se negaron a entrar como si aquello fuese una reunión en la Facultad.

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