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El arrojo de Iván Redondo y el tiempo que le queda a Sánchez
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Esteban Hernández

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El arrojo de Iván Redondo y el tiempo que le queda a Sánchez

En esta época de maniobras tácticas y de falta de visión estratégica, el atrevimiento de Redondo ha vuelto a aparecer para señalar el principal problema electoral al que se enfrenta el presidente del Gobierno

Foto: Pedro Sánchez e Iván Redondo, tiempo atrás. (EFE)
Pedro Sánchez e Iván Redondo, tiempo atrás. (EFE)
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Desde la decepcionante primera aparición en público, en su programa televisivo, de su etapa posgobierno, Iván Redondo se ha granjeado todo tipo de animadversiones; quienes le tenían en el punto de mira le han pasado factura, y quienes no le conocían tampoco se han formado una buena imagen de él. Digamos que, en el mercado de la atención y de la marca, tiene que recuperar mucho terreno. Sin embargo, ayer publicó en ‘La Vanguardia’ un artículo que refleja al verdadero Redondo, el que va más allá de la escenografía, el que acierta a leer los tiempos y formula con arrojo sus hipótesis.

La tesis que expone en el texto, la conveniencia de unir elecciones generales y andaluzas, es lo de menos. Sería una jugada con notable visión política, pero de esas que te pueden salir por los dos lados. Ocurrió en la campaña de Madrid, que un intento de variar el rumbo llevó a una derrota más estrepitosa. Fue útil para activar la campaña, llevó a la gente a las urnas, se trazó un marco muy definido con la lucha antifascista, pero salió cruz. Ligar las andaluzas a las generales puede causar un efecto parecido, el de empeorar en lugar de solucionar, pero también es cierto que quien no arriesga no gana.

La ventaja de Sánchez

Lo interesante del texto es que aborda bastante bien el principal problema electoral que tiene Sánchez, el del tiempo. Identificar a favor de quién corre será esencial para plantear la batalla en las urnas en el momento adecuado. Sánchez parte con una enorme ventaja en este escenario, ya que la decisión de cuándo pulsar el botón está en sus manos, pero es clave saber a quién beneficia y a quién perjudica electoralmente que los meses vayan transcurriendo.

Si Yolanda Díaz lanza un proyecto de país sólido y atractivo y se rodea de la gente adecuada, elegida por ella, el tiempo puede jugar a su favor

En teoría, adelantar las elecciones, no llevarlas hasta el final de legislatura, podría ser una buena opción para Sánchez. Pillaría al PP enredado en los debates sobre su líder, llevaría a Díaz con la lengua fuera para afianzar su proyecto y tampoco la España Vaciada dispondría del tiempo necesario para implantarse correctamente. Pero si esa tesis es cierta, también lo puede ser la contraria, ya que llevar la legislatura hasta su final podría diluir el efecto Yolanda Díaz, que está siendo muy potente (más de lo que parece). No es solo que la convivencia en el Gobierno se le haría muy difícil a la vicepresidenta segunda, y más con las presiones que le esperan a partir de ahora, sino que su propia candidatura podría sufrir. Si Díaz lanza un proyecto de país sólido y atractivo, que es el punto nodal, y se rodea de la gente adecuada, elegida por ella, el tiempo puede jugar a su favor. En otro caso, si su propuesta es un encaje rugoso de ideas de aquí y allá en unas listas de mero encaje de fuerzas diversas, la precampaña se le podría hacer muy larga: no es sencillo tener detrás a Pablo Iglesias durante meses. Además, en el resto de partidos de izquierda que la podrían acompañar hay auténticos expertos en la autodestrucción.

Un tiempo largo

A la España Vaciada le ocurre igual, ya que es un proyecto sin conformar. Si aciertan con la tecla, identifican los problemas de fondo y saben canalizar el desánimo y la animadversión de las ciudades pequeñas e intermedias, podrían tener un recorrido muy interesante. Pero si sus candidaturas no están encabezadas por las personas adecuadas, dos años se les podrían hacer muy largos, lo suficiente como para equivocarse repetidamente y llegar sin fuelle a los comicios.

24 meses, en esta época, se le pueden hacer políticamente eternos a cualquiera, y no solo al presidente del Gobierno

Y respecto de la derecha, es evidente que el efecto rebote del PP puede frenarse en seco, en particular si Casado no ataja rápido y de manera contundente el golpe interno, que de otro modo le estaría pasando factura hasta las elecciones (con el temor añadido a que le muevan la silla en cualquier instante). Y haga lo que haga con Ayuso, tiene el crecimiento de Vox en el horizonte, e incluso el asentamiento de la España Vaciada que, en caso de producirse, le generaría más daño del que suele reconocerse. Tampoco el panorama aparece tan despejado para los populares como les gustaría: 24 meses, en esta época, se le hacen políticamente eternos a cualquiera, y no solo al presidente del Gobierno.

De modo que, desde el punto de vista táctico, adelantar o demorar las elecciones no garantiza nada. Además, es probable que, en la contestación a la pregunta sobre el momento de las elecciones, el momento europeo tenga mucha influencia.

Europa tiene algo que decir

Alemania está a punto de formar Gobierno con Lindner de ministro de Finanzas, lo que, de confirmarse, sería una noticia agria para el sur. Ya ha empezado una campaña para que este paréntesis abierto en la pandemia se cierre lo antes posible, y el norte de Europa es particularmente sensible a esos argumentos, en especial si la inflación continúa. No obstante, 2022 no parece el momento de los experimentos, al menos hasta que las elecciones francesas se hayan producido. Todo apunta a que el año próximo habrá cierto alivio y cierta comprensión con las cuentas públicas, un balón de oxígeno que Sánchez da por descontado, junto con los fondos, y que será 2023 el momento del giro hacia la ortodoxia.

Si las elecciones van a tener lugar en 2022, lo mejor es que se hagan cuanto antes; si vas a la guerra, no des tiempo al enemigo a prepararse

Si las previsiones se cumplen, y dado que los fondos llevan reformas aparejadas que no van a ser populares, y que si se cierra el grifo europeo con el déficit nos va a hacer mucho daño, sería complicado manejar el Gobierno en 2023. Lo lógico sería que el año próximo, cuando el covid se haya controlado y la recuperación se deje sentir con toda su fuerza, y con el refuerzo de los fondos, Sánchez apriete el botón de las elecciones.

El momento inesperado

La remodelación del Gobierno que llevó a cabo Sánchez, en la que ha vuelto a contar con el PSOE que sí apoyó a Rajoy, apunta en la dirección de que la maquinaria electoral no tardará demasiados meses en ponerse en marcha, que todo va lanzado ya. Los buenos números económicos, pasado el invierno del descontento, ayudarán a que el humor cambie, y además siempre queda el comodín de Vox para aislar al PP de posibles apoyos parlamentarios futuros. Aquí es donde aparece el arrojo de la propuesta de Redondo: si las elecciones van a tener lugar en el 22, lo mejor es que se haga cuanto antes; si vas a la guerra, no des tiempo al enemigo a prepararse. Ese es el sentido de su propuesta. Atrévete, Pedro, como hacías antes, parece decirle.

Pero todavía queda un giro más, porque existe la posibilidad, remota pero no imposible, de que Bruselas y Alemania tomen conciencia del momento crucial en el devenir de la UE en que nos encontramos, que Francia e Italia, Macron y Draghi, que firman un acuerdo esta semana, empujen en otra dirección, y que el impulso europeo se prolongue en 2023 y la ortodoxia no haga acto de aparición. Y, en ese caso, las cosas cambiarían sustancialmente.

Desde la decepcionante primera aparición en público, en su programa televisivo, de su etapa posgobierno, Iván Redondo se ha granjeado todo tipo de animadversiones; quienes le tenían en el punto de mira le han pasado factura, y quienes no le conocían tampoco se han formado una buena imagen de él. Digamos que, en el mercado de la atención y de la marca, tiene que recuperar mucho terreno. Sin embargo, ayer publicó en ‘La Vanguardia’ un artículo que refleja al verdadero Redondo, el que va más allá de la escenografía, el que acierta a leer los tiempos y formula con arrojo sus hipótesis.

Yolanda Díaz
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