Las dos jugadas políticas que temen en Moncloa: pueden cambiarlo todo
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Esteban Hernández

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Las dos jugadas políticas que temen en Moncloa: pueden cambiarlo todo

Las elecciones en Madrid pueden provocar movimientos de calado. De momento, Sánchez sigue teniendo ventaja, pero hay dos tendencias que conducen hacia un nuevo escenario

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El presidente del Gobierno, Pedro Sánchez. (EFE)

La abrumadora intensidad del presente fomenta que se pasen por alto las claves interpretativas de fondo, y momentos como el Madrid, con la aplastante victoria de Díaz Ayuso y la debacle de la izquierda, lo favorecen. La capacidad de dejarnos llevar por emociones, rencores, venganzas y deseos a la hora de analizar los resultados electorales suele dejar en segundo plano hechos permanentes en la política, a pesar de que son a menudo decisivos. Uno de ellos, por muy obvio que suene, es especialmente pertinente hoy: cuando las cosas van bien, o los ciudadanos tienen esa percepción, suelen ratificar a sus gobernantes; cuando van mal, tienden a expulsarlos del poder. Y ello sin relación necesaria con los elementos ideológicos.

Una serie de ejemplos occidentales: Trump tenía la reelección al alcance de la mano en enero de 2020, pero la pandemia, y la gestión surrealista y catastrófica que hizo de ella, le llevó a perder de forma clara 10 meses después, a pesar de que conservase 70 millones de votos; la CDU estaba disfrutando de una época hegemónica en Alemania, pero las encuestas señalan sus debilidades de cara a las elecciones de otoño, ya que existe la sensación entre los germanos de que su Gobierno no está manejando bien la pandemia; en Francia, por primera vez, se conceden opciones a Le Pen en la segunda vuelta, y Macron concita ya muchas menos simpatías. En resumen, los gobiernos a los que les ha tocado gestionar la pandemia y no lo han hecho bien sufren en los comicios; si su desempeño ha sido exitoso, salen reforzados. Suele ocurrir ante las crisis, que se llevan gobiernos por delante. Las elecciones, en general, se solventan mediante dos preguntas: si las cosas van bien o no, y si las opciones alternativas de gobierno mejorarán o empeorarán la situación.

Foto: El presidente del Gobierno, Pedro Sánchez, en el momento de votar. (EFE)

Si no partimos de esa base, es más complicado entender las dimensiones que está cobrando la política española. La coalición de gobierno, PSOE y UP, está pagando el precio electoral de lo que se percibe como una mala gestión. Y lo sabemos porque en las elecciones que hemos tenido hasta ahora, Galicia, Euskadi y Madrid, los gobiernos regionales, de signo contrario al del Gobierno, han salido reforzados, mientras que PSOE y UP se han llevado serios correctivos. La excepción es Cataluña, donde la clave era la secesión, y los socialistas obtuvieron un buen resultado porque Illa encabezó ese bloque españolista que antes estaba representado por Ciudadanos.

1. Madrid no es España

Ese marco pandémico fijó también las elecciones de Madrid, un terreno favorable a la derecha por su habitual preeminencia en la comunidad, y por las decisiones tomadas por Ayuso en lo que se refiere a los cierres. La presidenta se apoyó, como bazas electorales, en unas medidas que aliviaban la fatiga pandémica de sus habitantes y que permitieron la continuidad de muchos negocios, especialmente cuando se carecía de un paraguas eficaz, como en otros países, para que los perjudicados por la crisis salieran adelante.

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Los resultados madrileños, con todo su estrépito, no han hecho más que repetir, de manera sangrante, las tendencias previas: los partidos que lideran los gobiernos regionales reciben el apoyo de su población, y más en la medida en que se contraponen a lo que se percibe como una gestión ineficiente del Gobierno, el PSOE cae electoralmente y los votos de la izquierda van hacia otros partidos; ocurrió con el BNG en Galicia, con el ascenso de Bildu en Euskadi, y ahora con Más Madrid en la capital.

Esto es relevante, en la medida en que las elecciones de Madrid se jugaban en clave nacional. La capital es diferente del resto de España en lo electoral, por lo que los resultados no son directamente extrapolables. Es cierto que un PP girado hacia Ayuso genera muchas más antipatías en España que en la capital, y no tanto por una poco probable fuga de votos, sino por la capacidad de activar en contra a muchos votantes que no ven como adecuado ese cambio en el PP. En ese orden, la lectura de Moncloa respecto de los límites del PP en el entorno nacional tiene un lado correcto, y más aún en la medida en que la cercanía a Vox hace muy difíciles los pactos de los populares con otras fuerzas, una vez desaparecido Ciudadanos: Sánchez continuaría siendo el único eje articulador posible.

2. La foto de Colón se da la vuelta

Sin embargo, este cambio también generaría problemas para el PSOE si las elecciones generales se celebrasen pronto, porque las tendencias de fondo, de las que Madrid es su máxima expresión, le pueden causar un daño serio. La primera es consecuencia del golpe de Ayuso, que ha acelerado la desaparición de Ciudadanos, ha frenado el ascenso de Vox y ha devuelto al PP la hegemonía en la derecha.

Si la primera foto de Colón condujo al poder a Sánchez, la segunda ha dado una gran victoria a Ayuso: mismo marco, mismos resultados

Pero, sobre todo, ha logrado revertir la foto de Colón, que ha traspasado a la izquierda. Esa alianza de derechas se basó en las mismas intenciones y logró los mismos resultados que la unión de las izquierdas el 4-M. La idea de fondo es que existía un clima hostil contra Sánchez e Iglesias, que España pasaría por momentos muy malos si se consolidaban en el poder, y que por tanto un frente de las derechas era imprescindible para evitar un triunfo socialista de la mano de Podemos. El resultado fue el desplome del PP, el ascenso de Ciudadanos y el asentamiento de Vox. La foto de Colón de la izquierda en la capital generó mucha agitación, pero llevó al mismo lugar: caída libre de los socialistas, ascenso notable de Más Madrid y un Podemos que resiste aumentando su presencia en la Asamblea. Y si la primera foto condujo al poder a Sánchez, la segunda ha dado enorme recorrido a Ayuso.

Foto: El presidente del Gobierno, Pedro Sánchez. (EFE)

Con el golpe de mano madrileño, el PP ha deshecho esa alianza que lo perjudicó: vuelve a ser el partido hegemónico en la derecha, devora a Ciudadanos, deja una pequeña parte a Vox y demuestra que si hay un voto útil será el que se destine a Casado. De modo que mientras los populares están abandonando el frente común, el PSOE está pagando las consecuencias de haberse sumado al pacto antifascista.

3. Un Ciudadanos para la izquierda

La segunda tendencia que perjudica al Gobierno es la pérdida de voto a manos de otras fuerzas de izquierda. En ese sentido, Errejón ya está pensando en relanzar su proyecto a nivel nacional, convertido en una fuerza joven ligada a las nuevas tendencias en su espectro ideológico (como los verdes), que propugna otro tipo de izquierda, con un perfil, si no puramente gestor, sí más ligado a las cosas cotidianas y culturalmente muy abierta; en fin, los asuntos en los que han insistido en su campaña madrileña. Y todo esto se parece mucho a lo que Ciudadanos quiso significar para el PP. Si su opción cuajase, se convertiría en un rival importante para los socialistas, toda vez que su perfil es más moderado, su aire más moderno y sus posiciones podrían llevar a votantes de izquierda a cambiar de voto sin demasiados problemas (como ocurrió con Cs y el PP).

Errejón cuenta con una clase social propia, la burguesía bohemia, que solo tiene implantación en Madrid y Barcelona

Este sueño errejonista, sin embargo, es poco probable, ante todo porque Madrid no es igual que España en lo electoral. Más País tiene notables dificultades para implantarse como fuerza nacional. La primera de ellas, y no es menor, es que en la capital cuenta con una clase social propia, la burguesía bohemia, que solo tiene implantación, como fuerza social, en Barcelona, y allí cuenta con canalizaciones varias, la principal, la de Ada Colau. Su visión del mundo es mucho más difícil que encaje en otras provincias, por una situación económica diferente, porque esa burguesía bohemia tiene poco peso en ellas y porque los jóvenes, los que podrían resultar más favorables a tales posiciones, están emigrando.

Foto: La candidata de Más Madrid en las elecciones a la Comunidad de Madrid, Mónica García. (EFE)

La segunda dificultad es más importante, porque lo que están creciendo son las izquierdas regionales, las tejidas en términos locales, de las que Más Madrid forma parte. Para consolidar una fuerza nacional, tendría que trazar una envolvente que fuera capaz de poner de acuerdo a Teresa Rodríguez en Andalucía, Compromís en Valencia y BNG en Galicia, y eso con ERC y Bildu, cuyos vínculos están más cerca de Podemos que de Errejón, al fondo. Una alianza de esa clase, que sería su mejor oportunidad, le apartaría no obstante de conformar la fuerza moderna y verde de izquierdas a la que Errejón aspira, dadas las grandes diferencias entre sus programas y entre sus perspectivas.

4. Las dos tendencias negativas para el PSOE

Pero, por más que el partido de Errejón tenga, 'a priori', pocas posibilidades de dar un salto nacional real, el problema para los socialistas sigue presente, en la medida en que puede perder voto hacia otras fuerzas de izquierdas. Es cierto que el voto en unas elecciones generales se produce en clave diferente de las autonómicas, pero aun así, harían que el PSOE tuviera menos recorrido. La izquierda tendría, al menos, tres opciones de voto: los socialistas, las izquierdas regionales y Podemos, del que tendremos que conocer aún la trayectoria real del partido de la mano de Yolanda Díaz, que puede asentar un sector cercano a IU y a los sindicatos. Demasiados rivales para el PSOE si no está fuerte.

La distancia en votos entre PSOE y PP en más de 20 provincias es mínima, y con apenas el 10% del voto de Cs, los populares serían la primera fuerza

La confluencia de ambos movimientos, la consolidación del PP como partido claramente hegemónico en la derecha y las diferentes opciones de voto en la izquierda tienen implicaciones electorales serias. Como bien explica Joan Navarro, director del área de Asuntos Públicos de Llorente y Cuenta, la distancia en votos entre PSOE y PP en más de 20 provincias es mínima, y con apenas el 10% del voto de Ciudadanos, e incluso en el caso de que mantuvieran sus votos los socialistas, los populares se colocarían como primera fuerza, llevándose el diputado de Cs y quedándose además con el diputado del resto que ahora va a parar al PSOE. Doble premio con un porcentaje pequeño de votos. Si además el PSOE sufre pérdidas, el problema puede ser grande.

5. Lo que de verdad importa

Estos elementos confluirían en el caso de que las elecciones generales fueran a celebrarse en breve, pero nada apunta a ello. Y regresando a la argumentación del principio, en el momento en que tengan lugar, las preguntas principales serán las mismas: ¿nos va bien? ¿Los partidos que llegarían al Gobierno lo harían mejor o peor que el actual? Es decir, el resultado de tales comicios dependería en buena medida de cómo estuviera yendo España en esos instantes. Suele resaltarse que los fondos de recuperación ayudarán, que las vacunas harán su efecto masivo pronto, que vendrán tiempos mejores en pocos meses, y que ese regreso de la actividad beneficiará mucho a Sánchez en términos electorales. Tiene todo el sentido, pero también debe considerarse que la llegada de dinero a España debería repercutir de manera profunda en el conjunto de la sociedad para que la percepción general cambiase positivamente.

Las elecciones alemanas de otoño van a marcar la dirección de Europa, y con ella el margen de maniobra económico de los gobiernos

Y aquí aparecen algunos riesgos, que van más allá del momento político español. De momento, el empleo va a sufrir, ya que las grandes empresas están realizando ERE de gran tamaño, que muchas pymes tienen difícil su continuidad, que los ERTE se pueden convertir en ERE y que será complicado para los parados encontrar un nuevo trabajo. Si los fondos no se utilizan para generar empleo, es complicado que cambie el humor social, y no hay grandes signos de que, dada la escasa ambición europea y el destino más o menos tasado de los mismos, vayan a servir decididamente para ese propósito.

Foto: Angela Merkel, canciller de Alemania. (Reuters)

En segundo lugar, hemos de estar muy pendientes de los movimientos en la UE. Las elecciones alemanas de otoño van a marcar especialmente la dirección de Europa, y con ella el margen de maniobra económico de los gobiernos. Y las presidenciales de 2022 en Francia pueden ser un terremoto continental si Le Pen llega al poder. Todo ello influiría en la cantidad de apoyo económico europeo y en las exigencias aparejadas, lo que sería una mala señal para Sánchez, pero mucho peor para España.

6. El centro del asunto

Del sentido y la profundidad de la recuperación dependerá en gran medida el Gobierno futuro, porque un mal momento social dañaría a los socialistas, propiciando la fuga de votos a su izquierda, y daría alas a las derechas. De modo que más allá de libertades y comunismos, de alertas antifascistas y de bolivarianos, está ese pragmatismo que sigue constituyendo el centro de la decisión de voto, ya que da forma constante al humor social. Esto no significa que la política no juegue un papel, que las ideologías no sean importantes, que no pueda activarse electoralmente a las poblaciones a partir de ideas y de ‘frames’, pero la marcha general de la sociedad es un elemento ineludible, el que ofrece la condición de posibilidad. Y más en tiempos de crisis, en que lo ideológico pesa mucho menos que la sensación de que hay gente que puede sacarnos del mal momento y otra que lo convertiría en mucho peor.

La abrumadora intensidad del presente fomenta que se pasen por alto las claves interpretativas de fondo, y momentos como el Madrid, con la aplastante victoria de Díaz Ayuso y la debacle de la izquierda, lo favorecen. La capacidad de dejarnos llevar por emociones, rencores, venganzas y deseos a la hora de analizar los resultados electorales suele dejar en segundo plano hechos permanentes en la política, a pesar de que son a menudo decisivos. Uno de ellos, por muy obvio que suene, es especialmente pertinente hoy: cuando las cosas van bien, o los ciudadanos tienen esa percepción, suelen ratificar a sus gobernantes; cuando van mal, tienden a expulsarlos del poder. Y ello sin relación necesaria con los elementos ideológicos.

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