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La verdadera línea roja de Occidente con China
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Esteban Hernández

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La verdadera línea roja de Occidente con China

China es el gran rival sistémico para la hegemonía estadounidense. Sin embargo, hay quienes creen, como el CEO de JP Morgan, que EEUU no está en riesgo, porque Pekín no tiene el poder suficiente. Pero hay que ponerle un límite claro

Foto: El presidente ruso con el presidente de China. (Reuters/Aleksey Druzhinin)
El presidente ruso con el presidente de China. (Reuters/Aleksey Druzhinin)
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El otro gran cambio que señala Dimon en su carta anual a los inversores tiene que ver con el momento geopolítico. La invasión de Ucrania, de la que anticipa consecuencias serias, debe afrontarse desde varias líneas de acción. Además de ser más contundentes con Rusia y aumentar las sanciones, Dimon señala dos aspectos que han de abordarse necesariamente, como son el aseguramiento de las cadenas de suministro de los productos esenciales para la seguridad nacional, lo que puede ocurrir mediante una relocalización de esas cadenas, ya sea en EEUU o en países inequívocamente afines; y un Plan Marshall para ayudar a los aliados en la seguridad energética.

El momento geopolítico obliga a cambios en la organización global, pero no a una transformación sustancial, según Dimon, ya que EEUU sigue siendo la potencia hegemónica, los aliados seguirán de su parte y China no supone, en realidad, un peligro para su país. Este instante parece describirse más como un problema europeo, que exige apoyo a Ucrania, medidas energéticas en la UE y cierta comprensión estadounidense con Europa, por ejemplo, vendiendo más gas licuado, pero no una reacción a gran escala. EEUU no está amenazado, por más que se hable de la decadencia del país.

Foto: El desabastecimiento encarece los productos. (EFE/Cabalar) Opinión

El declive de EEUU es falso, asegura el CEO de JP Morgan Chase, por más que aparezcan algunas disfunciones. EEUU no es un país perfecto, pero sus principios básicos, el Estado de derecho, las libertades individuales, la libertad de expresión y religión y la igualdad de oportunidades, siguen siendo ideales que otros países desean y que a menudo no pueden alcanzar. Estos principios aún hacen de Estados Unidos el socio elegido por muchos Estados, y gran parte de los nacionales foráneos desearían vivir en suelo estadounidense si les fuera posible.

China no es rival

Para Dimon, China no es un rival sistémico, o al menos no resulta tan peligroso como se le muestra. Por más que existan tensiones, los intereses comerciales de Pekín con Occidente son tan fuertes que querrá mantenerlos. China es un gigante, pero debe afrontar muchas debilidades internas, que Dimon detalla, lo que le sitúa lejos de constituir una amenaza que perdure en el tiempo. Lo malo es que todos esos puntos ciegos son más o menos los mismos que se señalaban ya hace una década, y no parece que a Pekín le hayan hecho mella. Y, por otra parte, algunos de ellos no son sustancialmente distintos de los que pueden tener muchos países europeos o el mismo EEUU.

Dimon pretende que China deje de ser China y renuncie al modelo que le ha llevado al éxito

El problema con China que sí debe afrontar Occidente de manera decidida, según Dimon, es el de la competencia desleal, al que habría que poner freno ya. El CEO de JP Morgan no se refiere al 'dumping' laboral, o a la fabricación en condiciones ambientales que no se permitirían en la UE, sino a que el Estado chino patrocine monopolios o conceda subvenciones a sus empresas.

Foto: Marcha lenta de los camioneros en Madrid. (EFE/Rodrigo Jiménez) Opinión

Es decir, Dimon pretende que China deje de ser China y renuncie al modelo que le ha llevado al éxito. Pekín ha basado su crecimiento sostenido, y puso las bases desde el inicio, a partir del vínculo entre las necesidades de desarrollo del país, el impulso estratégico y el poder económico, con la política dirigiendo el proceso. El resultado ha sido espectacular desde hace dos décadas, y resultaría complicado que ahora abandonasen la fórmula, por mucha presión exterior que exista.

El peligro real

Lo que el CEO de JP Morgan afirma es comprensible desde el lugar que ocupa. Porque al ámbito financiero no le ha molestado el modelo político chino, ni la diferencia entre las libertades individuales que ofrece Occidente y las del régimen asiático, ni tampoco las condiciones laborales de sus ciudadanos, y por eso los lazos han sido tan estrechos en las últimas décadas. Donde Dimon ve el peligro, la verdadera línea roja, es en el capitalismo de Estado que controla China.

El verdadero riesgo para EEUU no reside en la polarización o en las dificultades para gobernar un país dividido, sino en el capitalismo de Estado

Y es lógico, porque el CEO de JP Morgan ve en esa posibilidad un peligro real, no en China, sino en Occidente. El verdadero riesgo para su país no reside en la polarización o en las dificultades para gobernar un país dividido, ni siquiera en el auge del trumpismo, sino en la tentación de que el Gobierno deje de ser un mero supervisor de la economía y pase a participar activamente en ella. Dimon afirma que “a las personas, en casi todos los países, libres o no, no les gusta que les digan constantemente qué hacer”, lo cual es cierto, pero restringe esa conclusión al ámbito económico.

Foto: Plenario del Partido Comunista de China en Pekín, el pasado día 8. (Reuters/Carlos García Rawlins) Opinión

Su temor es pertinente porque, en esta era de tensiones geopolíticas, el papel del Estado será necesariamente mayor, y en ámbitos occidentales se ha señalado la necesidad de que tome las riendas en algunos aspectos clave, como la defensa, la reconversión verde, el impulso tecnológico o la reindustrialización. En ese terreno hay propuestas de colaboración público-privada que ponen énfasis en la dirección estatal del proceso, lo que no sería extraño ni inconveniente, dado que Occidente (empezando por la UE) necesita recomponer muchas de sus capacidades para hacer frente a los nuevos tiempos. Pero esa es la interferencia que Dimon percibe como peligrosa: cuando los líderes políticos aseguran que “el Gobierno construyó los caminos” incurren en una falsedad con la que tratan de justificar un nefasto intervencionismo.

La ineficiencia privada

Desde luego, habrá personas que coincidan con Dimon en el diagnóstico y en el peligro, pero resulta extraño que el CEO de JP Morgan utilice estos argumentos a estas alturas. Y llama la atención porque puede argumentar que la intervención del Estado en la economía causa problemas, pero desde luego no en estos tiempos. La terriblemente ineficiente asignación de capital privado causó la crisis de 2008. La intervención de los bancos centrales para paliar esa crisis, con el 'quantitative easing', no sirvió para recomponer Europa o EEUU desde bases fuertes, y menos aún para fortalecernos productivamente de forma que fuésemos menos dependientes del exterior, sino que fue aprovechada por bancos y fondos para seguir creando burbujas. Cuando llegó la crisis del covid, los bancos centrales tuvieron que poner miles y miles de millones para comprar bonos y sostener la deuda de las empresas y evitar problemas financieros. Y ahora habrá que poner otra cantidad enorme porque las debilidades estratégicas de Occidente, que han sido muchas y causadas por esa forma de pensar, tendrán que ser paliadas por mayor inversión en armamento y energía. Sería lógico que aquellos sectores que contribuyeron a los problemas tuvieran ahora un papel menor.

Lo llamativo es que esa tarea de planificación que Pekín ha desarrollado se basa en lo que el capitalismo occidental hizo durante décadas

En segundo lugar, el país que mayor crecimiento ha tenido, el que ha tenido un desarrollo espectacular, ha sido aquel en el que el Estado ha estado presente en la economía, como es China. Pero lo llamativo es que esa tarea de planificación, de organización y de impulso estatal que Pekín ha desarrollado se basa en lo que el capitalismo occidental estuvo haciendo durante décadas, justo cuando consiguió un mayor desarrollo.

Foto: El aeropuerto vacío de Borispol. (Reuters/ Umit Bektas) Opinión

Y, en tercer lugar, cuando al inicio de su carta subraya el crecimiento de la banca en la sombra, las 'fintech' o el 'private equity', alude a las ventajas competitivas que han obtenido esos sectores precisamente porque, al manejarse en entornos débilmente regulados, pueden competir de forma desleal con los actores tradicionales. Los enemigos de las cotizadas o de la banca tradicional han crecido precisamente porque el Estado no ha estado presente.

Aquí no pasa nada

En fin, los razonamientos extemporáneos de Dimon son comprensibles, porque, al fin y al cabo, está situado en una empresa y en un sector al que la ausencia de cambios le viene bien. El problema está en que gran parte de lo que describe en su carta a los inversores es compartido por muchos de los decisores occidentales. Es un modo de pensar muy común, el de nuestros ‘the best and the brightest’, que no ayuda a la hora de encontrar soluciones. Tomar consciencia del momento sistémico en el que nos encontramos, que se acelera con la invasión de Ucrania, supone ser capaces de cambiar de forma de pensar, porque aquella que nos ha traído hasta aquí nos ha generado problemas. Y desde luego que el Estado, y las entidades supranacionales, como la UE, deberían jugar un papel diferente en la nueva época, es un hecho. Su intervención va a existir, lo que queda dilucidar es en qué sentido.

Foto: Yolanda Díaz y Gabriel Boric. (EFE/Mariña Sánchez, prensa Yolanda Díaz) Opinión

Puede que, como señala Dimon, todo continúe igual salvo con una mayor inversión en defensa y en energía, pero eso provocará debilidades internas mayores en Occidente. O puede ser el momento de recomponer capacidades estratégicas, reducir drásticamente la dependencia del exterior, fortalecer las industrias y avanzar en sectores como el tecnológico, el verde, y reconstruir una clase media sólida. Seguir anclados en una mentalidad que cree que, en el fondo, no ha pasado nada, que con unos cuantos ajustes se podrán orientar los nuevos tiempos, es caer en la misma irrealidad en que vivió Alemania la década pasada, hasta que la invasión rusa la comenzó a despertar. EEUU puede estar incurriendo en el mismo error, y la carta de Dimon lo subraya.

*La primera parte de este artículo se publicó ayer.

El otro gran cambio que señala Dimon en su carta anual a los inversores tiene que ver con el momento geopolítico. La invasión de Ucrania, de la que anticipa consecuencias serias, debe afrontarse desde varias líneas de acción. Además de ser más contundentes con Rusia y aumentar las sanciones, Dimon señala dos aspectos que han de abordarse necesariamente, como son el aseguramiento de las cadenas de suministro de los productos esenciales para la seguridad nacional, lo que puede ocurrir mediante una relocalización de esas cadenas, ya sea en EEUU o en países inequívocamente afines; y un Plan Marshall para ayudar a los aliados en la seguridad energética.

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